Desde que Mike dio la orden, los vigías redoblaron sus esfuerzos. Sin embargo, los informes iniciales no evidenciaron rastro de los Vigilantes ni del Yaruk informado por los exploradores. Mike caminaba impaciente en su oficina, rumiando opciones, cuando un vigía de la barricada norte irrumpió jadeando, con el rostro desencajado.
—Señor, hemos detectado movimiento masivo en el nido norte —dijo entrecortado.
—¿Qué tipo de movimiento? —consultó Mike mientras tomaba su fusil del escritorio.
—Es mejor que lo vea usted mismo, señor. Se están preparando para algo grande.
Ambos salieron disparados hacia las barricadas del norte. En el camino se cruzaron con Kat, quien traía noticias sobre la recuperación de transportes para la mudanza. Ella apenas pudo levantar la mano para detenerlo, pero Mike pasó a su lado como un vendaval.
—¡Es urgente, Kat! —gritó sin frenar la carrera.
Llegaron a la escalera de gato que conducía al segundo nivel. Mike subió a grandes zancadas, impulsando su cuerpo con agilidad veterana. Al asomar la cabeza por la escotilla, dos hombres lo sujetaron por los hombros para subirlo rápidamente. Alfonso, el responsable del sector, le hizo una seña para continuar hasta el tercer piso, el punto de observación más alto.
—Toma, Mike —dijo Alfonso, entregándole unos binoculares.
—¿Hacia dónde apunto?
—En aquella dirección está el nido norte. Mira ese edificio de oficinas cubierto de vegetación —señaló hacia una estructura verde musgo que se alzaba entre las ruinas.
Mike ajustó el enfoque. El edificio, de quince pisos, estaba infestado. Los Vigilantes corrían de un nivel a otro con una desesperación frenética, escalando muros exteriores, atravesando vanos de ventanas y grietas en el hormigón. Parecían ratas huyendo de un incendio. De pronto, desde el corazón de la estructura, emergió una bestia colosal, tres veces más grande que un ejemplar normal, escoltada por cuatro guardias de tamaño imponente.
—Esa es la Reina del nido —comentó Alfonso con voz baja. —
¿Por qué huyen de su propio hogar? —preguntó Mike, sin apartar la vista.
—Algo los está cazando ahí dentro, señor. Y debe ser algo terrible para obligar a la Reina a abandonar el nido.
—Es un Yaruk —afirmó Mike con sombría certeza.
—Es posible. La duda es si es el mismo que vieron Liam y Oz, o uno nuevo —añadió Alfonso con un rastro de miedo.
Se quedaron en silencio mientras observaban cómo un Yaruk de pelaje café claro trepaba por el lateral del edificio con una gracia letal. El monstruo atravesó un ventanal de cristal reforzado como si fuera papel. Los Vigilantes que intentaron oponerse fueron masacrados en segundos; el Yaruk los lanzaba al vacío de un zarpazo o les perforaba el cráneo con colmillos que cortaban la carne como cuchillos calientes en mantequilla. Era una carnicería unilateral.
—Suficiente —ordenó Mike, bajando los binoculares—. Mantengan la vigilancia. Infórmenme si la bestia se queda en el nido o si migra.
—Sí, señor —respondió Alfonso—. ¡Ya oyeron! Ojos en el nido y vigías del segundo piso cubran nuestro perímetro inmediato.
Mike bajó por la escalera, deslizándose con una preocupación evidente grabada en el rostro. Al llegar a su oficina, Kat lo esperaba. Mike entró casi pateando la puerta.
—Me has dado un susto, Mike —reprochó ella.
—Discúlpame, Kat. Acabo de ver algo aterrador. En todos mis años, nunca pensé enfrentar a dos monstruos de esa naturaleza en flancos opuestos.
—¿Otro Yaruk en el norte? —dedujo Kat rápidamente.
—Exacto. Pero dime, ¿a qué debo tu visita?
—Tengo dos noticias. La primera: habilitamos dos vehículos todo terreno, un autobús, un camión y dos motocicletas para la mudanza. Funcionan con el combustible que refinamos aquí.
—Excelente. ¿Y la segunda?
—Hemos puesto a punto un lanzallamas —dijo Kat con orgullo—. Logramos crear un líquido similar a la parafina gracias a los libros de química de los Reaver. Tenemos una versión portátil para infantería y otra para los vehículos.
—El fuego es su única debilidad —asintió Mike, y una chispa de determinación brilló en sus ojos—. Prepara una prueba en la entrada sur en media hora. Reúne a los Reaver. Tengo un plan.
El Yaruk una bestia descomunal, resistente a los golpes, garras, y todo tipo de rasguños o perforaciones. Pero tenia una pequeña desventaja, o varias. La primera es que solo un Yaruk o un grupo de Flaming, Aves rapaces, similares a Halcones con pieles resistentes que, al bajar en picada, son capaces de prenderse en fuego por una resina que sudan. El segundo es el fuego en sí, si los puedes incendiar su cuero se debilita y las balas le pueden hacer daños, aunque resulta en algo como tratar de mantener un elefante con clavos carpinteros, se necesita mucha munición y mantener el fuego activo para vencerlo. Y la ultima debilidad es que reciba un golpe tan poderoso que lo pueda moler por dentro, es seria algo como que cayera al vacía desde un piso treinta.
Poco después, en el acceso sur, Kat presentó el arma portátil. El chorro de fuego azul y naranja recorrió cinco metros con un rugido ensordecedor, cristalizando la tierra del suelo. Liam quedó estupefacto ante la potencia del calor.