Ecos De Sangre Y Plomo

CAPÍTULO 16: ANOMALIA

El procedimiento médico de Annie fue extenso. Permanecí sentado en el suelo, apoyado contra la pared a un costado de la puerta de la enfermería. El frío del cemento terminó por acalambrarme la parte baja de la espalda y las piernas, pero no le di mayor importancia. Veía al personal del puesto pasar de un lado a otro cumpliendo sus funciones; en mi caso, me resultaba sencillamente imposible alejarme sin saber si mi compañera se encontraría bien o si, al menos, su estado era estable. La herida no había sido letal, pero la cantidad de sangre perdida era lo que me carcomía la cabeza.

Liam y Eduardo se encargaron de llevar a Minerva hasta la oficina de Mike para reportar el resultado de la misión. Poco a poco, el eco de los pasos en el pasillo se fue apagando. El cansancio acumulado comenzó a ganar terreno, consumiendo cualquier vestigio de adrenalina que aún me sostuviera en pie. Un suave velo transparente me nubló la vista y, en un punto que no logro recordar, me quedé profundamente dormido en aquel corredor.

De pronto, la puerta de la enfermería se abrió. El doctor Lee salió lucían exhausto y derrotado, con la ropa manchada de sangre.

Me levanté de golpe, sobre exaltado. Su mirada vacía y la ausencia de palabras al verme me indicaron todo lo que temía saber. Un nudo helado se me formó en la garganta y una presión en el pecho, tan intensa que no me permitía meter aire, me paralizó. Un pitido agudo comenzó a apoderarse de mi audición. El médico se bajó el cubrebocas y pronunció algunas palabras, pero el sonido de su voz era aplastado por aquel chirrido ensordecedor en mis oídos.

Entre sus manos sosteniendo únicamente el pinche del panda que le había regalado a Annie hacía apenas unos días; la superficie blanca, ahora teñida de un rojo intenso, se me quedó grabada a fuego en la retina. El corazón se me aceleró violentamente, buscando la forma de perforarme el tórax y escapar de mi cuerpo.

De improviso, el doctor Lee me sujetó con fuerza por los hombros y comenzó a sacudirme violentamente.

—¡Despierta, Kael! ¡Despierta! —decía el médico, zamarreándome.

Aquel último tirón me sacó de golpe de la pesadilla. Al abrir los ojos, vi al hombre parado frente a mí. Su mirada y su sonrisa tranquila me indicaron de inmediato que todo había salido bien. Me incorporé de un brinco, sacudí la cabeza para despejar las sombras de la mente y me desperecé.

—Disculpe, doc... Me ganó el cansancio —dije, forzando la calma en la voz, aunque el corazón todavía me retumbaba en el pecho.

—Annie se encuentra bien —aseguró Lee.

— Encontramos algunos medicamentos en el puesto, drogas que la ayudarán a recuperarse mucho más rápido. —Extrajo una libreta pequeña del bolsillo de su bata.

— Últimamente he tenido que atender a demasiada gente; las enfermedades estivales están a la orden del día. En fin, preocúpate de que descanse. No podrá salir a misiones por lo menos durante diez días.

Escribió unos trazos en una hoja, la firmó con un garabato y me la entregó. Parecía una nota con indicaciones médicas oficiales.

—Entrégale esto a Mike, no puedo ir a verlo ahora —guardó sus enseres y me dio un toque afectuoso en el hombro. — Annie se encuentra durmiendo en este momento y debería seguir así por media hora más, aproximadamente. Te recomiendo ir a hablar con el Comandante. No le pasará nada mientras estás fuera.

***

Mientras Kael corría con Annie en sus brazos hacia la enfermería, Eduardo y Liam guiaban a Minerva hacia la oficina de Mike para rendir el informe de la misión. Los soldados que vieron llegar el vehículo se desplegaron de inmediato para descargarlo a toda prisa.

—Por favor, el espécimen... ¡no lo vayan a tirar y trátenlo con cuidado! Quiero analizarlo después —ordenó la científica al poner pie en tierra.

Los combatientes se le quedaron mirando un instante, sorprendidos por la autoridad de su tono, y luego desviaron la vista hacia Liam buscando confirmación. Liam asintió con un gesto pausado de cabeza, respaldando la indicación de Minerva. Con el visto bueno, los hombres continuaron bajando los pertrechos, las cajas de archivos y la mesa de trabajo. Dos vigías retiraron al ave mutante con extremo cuidado de la lata del jeep, utilizando un napoleón para cortar la hoja del cuchillo que había atravesado el cráneo del animal, evitando así contaminar el cadáver antes de trasladarlo al laboratorio recién habilitado.

La puerta principal del Puesto de Avanzada estaba abierta de par en par. Tras ingresar, Liam intentó entornarla, pero el empujón previo con el que Kael había irrumpido con Annie en brazos había sido tan brutal que la manilla de metal quedó incrustada en el muro de concreto. Antes de que Liam comenzara a forcejear con la estructura, apareció uno de los guardias sosteniendo una barretilla.

—No te preocupes, Liam, yo también lo intenté y no hubo caso —enseñó el fierro con una mueca—. Fui a buscar esto. Yo me encargo.

—Muchas gracias, te lo encargo —respondió Liam antes de retomar la marcha.

Subieron las escaleras hasta la oficina del Comandante. En su interior, Mike se encontraba en compañía de Oz; discutían en tono calmado sobre las medidas de seguridad perimetral, enfocándose en el sector de menor vigilancia. El viejo amargado insistía en reforzar otros flancos, argumentando que los avistamientos de Vigilantes y los posibles ataques de otras bestias provendrían de los sectores que él catalogaba como prioritarios.




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