Nuestros cumpleaños siempre quedaban demasiado cerca uno del otro.
20
Alastor odiaba las fiestas grandes.
Yo también.
Así que Richard, Aurora, Adriana y Daniel decidieron organizar algo pequeño para
ambos.
Daniel era un nuevo amigo del trabajo que claramente estaba enamorado de Adriana
aunque creyera que nadie lo notaba.
Y Adriana…
bueno, Adriana tenía esa personalidad efervescente que hacía imposible aburrirse cerca
de ella.
Llevaba meses intentando conseguirle a Alastor el martillo de Thor.
Era absurdamente fanático de Marvel.
Yo en cambio apenas lograba mantenerme despierto viendo esas películas.
Años después se burlaría de mí diciendo:
—Tuvo que pasar una pandemia para que te gustara Marvel.
El restaurante estaba lleno pero aun así logramos conseguir una mesa apartada.
Richard insistía en pedir tragos demasiado caros.
Aurora seguía regañándolo como si fueran un matrimonio divorciado intentando
aparentar que no se soportaban.
Y Alastor…
Alastor no dejaba de sonreír.
Cuando le entregué el regalo abrió los ojos inmediatamente.
—No puede ser.
21
—Sí puede. Casi me arruino económicamente por tu culpa.
Alastor soltó una carcajada mientras sacaba el martillo cuidadosamente de la caja.
Y entonces hizo algo completam ente inesperado.
Me besó.
Así.
Frente a todos.
El silencio cayó instantáneamente sobre la mesa.
Richard abrió tanto los ojos que pensé que se le saldrían.
Adriana dejó la bebida a medio camino.
Daniel parecía completamente perdido intentando procesar lo que ac ababa de pasar.
Y nosotros…
Nosotros tardamos unos segundos en entender el desastre.
Habíamos olvidado completamente que técnicamente esto seguía siendo un secreto.
Alastor se separó apenas mirándome con cara de absoluto pánico.
—Mierda.
Aurora fue la primera en reaccionar.
—Bueno… creo que necesitamos muchísimas respuestas.
Sorprendentemente las cosas no explotaron como esperábamos.
Tal vez porque todos ya sospechaban algo.
O tal vez porque realmente nos querían demasiado como para hacerlo incómodo.
Richard simplemente dijo:
—Honestamente pensé que ya estaban juntos desde hacía meses.
22
Y eso rompió completamente la tensión.
MARZO 2019
Mi cumpleaños siempre había sido una de mis fechas favoritas.
Me gustaban las reuniones pequeñas.
La música alta.
Las conversaciones absurdas a las tres de la mañana.
Ese pequeño momento donde uno puede fingir que todo está bien aunque realmente no
lo esté.
Pero ese año todo salió distinto.
Las últimas semanas de marzo terminé completamente enfermo.
Lo que empezó como un simple resfriado terminó dejándome destruido entre fiebre, tos
y dolores de cabeza insoportables.
Y en lugar de salir o celebrar…
terminé encerrado en mi apartamento sobreviviendo únicamente gracias a
medicamentos y café.
Alastor apareció prácticamente todos los días.
A veces llegaba después del trabajo todavía usando el uniforme.
Otras veces simplemente aparecía con bolsas llenas de comida y cara de preocupación
fingiendo que no estaba preocupado.
—Vine a revisar que sigas vivo.
—Qué romántico.
23
—No te emociones tanto, también vine porque tienes Netflix.
Rodé los ojos mientras él se acomodaba junto a mí en el sofá.
Y honestamente…
tenerlo ahí hacía todo muchísimo más llevadero.
Había algo extraño en verlo moverse por mi apartamento como si ya conociera
perfectamente el lugar.
Sabía dónde guardaba las tazas.
Dónde estaban las cobijas.
Qué medicamento me hacía menos cara de sufrimiento.
Y creo que fue durante esos días cuando empecé a imaginar cosas peligrosas.
Rutinas.
Convivencia.
Futuro.
Cosas que uno no debería pensar cuando la relación todavía vive escondida entre
silencios.
Una madrugada me desperté por la fiebre.
Alastor seguía despierto sentado al borde de la cama viendo algo en su celular.
—¿No has dormido?
Él levantó la vista inmediatamente.
—Estabas respirando raro.
No pude evitar sonreír apenas.
—Pareces mamá preocupada.
24
—Y tú pareces paciente terminal cuando te enfermas.
Me reí bajito hasta terminar tosiendo otra vez.
Alastor inmediatamente acercó un vaso con agua mientras me sostenía la espa lda.
Y en ese momento pensé algo que no debí pensar:
Podría acostumbrarme demasiado a esto.
Cuando finalmente mejoré volvimos al trabajo.
Y por unos días todo se sintió otra vez ligero.
Como al principio.
Mensajes escondidos.
Risas en los pasillos.
Miradas que duraban demasiado.
Hasta aquella tarde en el ascensor.
El edificio estaba casi vacío.
Alastor entró detrás de mí justo antes de que las puertas se cerraran.
Y apenas quedamos solos me besó.
Rápido.
Desesperado.
Como si llevara días queriendo hacerlo .
Terminé riéndome entre besos mientras él me sujetaba de la cintura.
—Nos van a descubrir algún día.
—Entonces deja de distraerte tanto.
V olvió a besarme.
25
Y por unos segundos olvidé absolutamente todo.
Hasta que el ascensor se detuvo.
Alastor fue el primero en separarse.
Seguí inmediatamente su mirada.
Su hermano mayor estaba afuera esperando el ascensor.
De espaldas.
No había visto nada.
Pero Alastor ya estaba completamente pálido.
Salió inmediatamente sin siquiera verme otra vez.
Y el miedo que vi en su rostro me hizo sentir un vacío horrible en el pecho.
Ese mismo día desapareció.
No respondió mensajes.
No atendió llamadas.
Ni siquiera apareció conectado.