Ecos sobre una balada de melancolía

Capitulo 4: Falsa tranquilidad

ABRIL 2019

Después de lo ocurrido en el ascensor todo cambió silenciosamente.

No hubo pelea.

No hubo ruptura.

Ni siquiera una conversación inmediata.

Solo distancia.

Alastor empezó a actuar distinto en el trabajo.

Más frío.

Más cuidadoso.

Más pendiente de quién podía vernos.

Y aunque seguíamos juntos…

por primera vez sentí que había una pared creciendo entre nosotros.

V olví a verlo realmente hasta un lunes por la mañana.

Estábamos organizando unos archivos cuando Alastor se acercó lentamente.

—¿Podemos hablar?

Asentí aunque ya sabía que no me iba a gustar lo que escucharía.

Fuimos a una zona vacía del edificio donde casi nadie pa saba y entonces soltó todo de

golpe:

—Necesitamos ser más discretos.

Ahí estaba otra vez esa palabra que empezaba a odiar.

Discretos.

Como si lo nuestro fuera un problema que debía esconderse correctamente.

27

—Alastor…

—No quiero que llegue algún rumor a mi fa milia —interrumpió rápidamente—. Sabes

cómo son mis padres. No quiero terminar como mi primo.

El miedo en su voz era tan real que me dejó sin argumentos por unos segundos.

Porque lo entendía.

De verdad lo entendía.

Pero eso no evitaba que doliera.

Los días siguientes intentamos seguir como siempre.

Pero ya no se sentía igual.

Alastor seguía visitándome.

Seguíamos durmiendo juntos.

Seguíamos besándonos.

Solo que ahora siempre existía tensión.

Como si cualquier momento feliz pudiera romperse instantáneamente.

Una noche de abril terminé completamente agotado después del trabajo.

Alastor apareció en mi apartamento cerca de las diez con comida rápida y expresión

cansada.

—Traigo hamburguesas y malas decisiones.

—Perfecto, justo mi tipo favorito de noche.

Terminamos cenando en el suelo de la sala porque aún no compraba comedor.

Alastor no dejaba de burlarse del estado del apartamento.

—¿Cuánto tiempo llevas viviendo aquí? ¿Dos meses?

28

—Tres.

—Eso lo hace peor.

Le lancé una servilleta mientras él se reía.

Y por unos minutos todo volvió a sentirse normal.

Ligero.

Como antes.

Más tarde terminamos acostados viendo películas.

O bueno…

Alastor viendo películas.

Porque yo me dormía constantemente.

—Te dormiste otra vez.

—Marvel tiene demasiadas explosiones para mi sis tema.

Alastor soltó una risa baja mientras acomodaba mi cabeza sobre su pecho.

—Tuvo que pasar una pandemia para que te gustara Marvel.

—No sabía que podías ver el futuro.

—Tengo muchos talentos.

Lo miré unos segundos sonriendo.

Y fue justo ahí cuando pensé algo peligrosísimo:

Lo amaba.

Sin condiciones.

Sin lógica.

Sin importar todo el caos que venía incluido con él.

29

Pero Alastor seguía cargando algo dentro suyo.

Podía verlo incluso en los momentos felices.

A veces despertaba sobresaltado.

Otras simplemente se quedaba viendo el techo completamente perdido en sus

pensamientos.

Y cada vez que intentaba preguntarle qué pasaba respondía exactamente lo mismo:

—Nada. Estoy bien.

Mentira.

Nunca estaba realmente bien.

Una madrugada desperté y lo encontré sentado en la cocina completamente a oscuras.

Solo iluminado por las luces lejanas de la ciudad entrando por la ventana.

—¿Qué haces despierto?

Alastor levantó apenas la mirada.

—No podía dormir.

Me senté frente a él en silencio.

Y después de unos segundos finalmente habló:

—¿Nunca piensas que esto eventualmente va a destruirnos?

La pregunta cayó tan pesada que por un momento no supe qué responder.

Porque sí.

Lo pensaba constantemente.

Pero escucharlo decirlo en voz alta era distinto.

Más real.

30

—No quiero perderte —dijo finalmente— pero tampoco sé cómo hacer que todo esto

funcione.

Y esa fue la primera vez que entendí algo verdaderamente doloroso:

Alastor me amaba.

Pero todavía no sabía cómo vivir con eso.

MAYO 2019

Mayo llegó acompañado de cajas, estrés y agotamiento.

Había conseguido finalmente mudarme a un apartamento un poco más grande, aunque

honestamente parecía más una bodega improvisada que un hogar.

Todo estaba desordenado.

Ropa por un lado.

Libros apilados en el suelo.

Utensilios todavía dentro de cajas.

Y yo ya estaba empezando a arrepentirme completamente de haberme mudado.

Una tarde Alastor me escribió:

—Tengo unos días libres en junio… ¿quieres ayuda con el apartamento?

Sonreí apenas leyendo el mensaje.

Porque sabía perfectamente que Alastor odiaba ordenar cos as.

—¿Esto cuenta como tortura emocional?

—Solo si compras pizza.

Alastor llegó un viernes en la tarde cargando una mochila y esa sonrisa tranquila que

31

siempre parecía desarmarme completamente.

—Wow… sí estabas viviendo como un criminal.

—Bienvenido a mi desastre.

Terminamos riéndonos mientras empezábamos a ordenar todo poco a poco.

Y honestamente…

fue una de las semanas más felices que habíamos tenido hasta ese momento.

Había algo peligrosamente doméstico en todo.

Alastor cocinando mientras yo acomodaba li bros.

Discutiendo por dónde poner muebles.

Escuchando música mientras limpiábamos.

Parecía absurdo lo rápido que nos acostumbrábamos el uno al otro.

Como si hubiéramos hecho esto toda la vida.

Una noche terminamos armando un mueble horrible durante casi dos horas.

Alastor estaba completamente frustrado.

—Te juro que este manual fue escrito por alguien que odiaba a la humanidad.

No pude evitar reírme mientras él sostenía una pieza al revés.

—Eso va abajo.

—¿Y por qué no lo dijiste antes?




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.