Ecos sobre una balada de melancolía

Capítulo 5 : Exilio

JUNIO 2019

Junio empezó tranquilo.

Demasiado tranquilo.

Y quizás por eso ahora cuando lo recuerdo siento que el desastre ya venía acercándose

lentamente aunque ninguno quisiera verlo.

Alastor seguía quedándose constantemente en mi apartamento.

A veces uno o dos días.

A veces semanas enteras prácticamente viviendo conmigo aunque nunca lo dijéramos

en voz alta.

Su cepillo de dientes apareció en mi baño sin explicación.

Algunas de sus camisetas terminaron mezcladas con mi ropa.

35

Incluso empezó a dejar cargadores y cosas pequeñas como si inconscientemente

quisiera pertenecer también a ese espacio.

Y honestamente…

yo quería exactamente lo mismo.

Habíamos terminado de ordenar final mente todo el apartamento.

Las plantas estaban acomodadas.

Las luces cálidas iluminaban la sala.

Y por primera vez sentí que realmente parecía un hogar.

Nuestro hogar.

Aunque ninguno se atreviera todavía a llamarlo así.

Una tarde estábamos acostados vien do una tormenta desde el sofá.

Alastor tenía la cabeza apoyada sobre mis piernas mientras yo jugaba distraídamente con

su cabello.

—Me gusta estar aquí —dijo de pronto.

Bajé la mirada hacia él.

—Aquí como… ¿en el apartamento?

Alastor negó apenas.

—Contigo.

Y el corazón volvió a hacer esa cosa estúpida de acelerarse demasiado fuerte.

Las pequeñas rutinas empezaban a volverse peligrosamente importantes.

Despertar juntos.

Pelear por qué pedir de comer.

36

Dormir abrazados aunque Alastor terminara robándome todas las cobijas.

Incluso los silencios empezaban a sentirse cómodos.

Como si ya no necesitáramos llenar cada espacio con palabras.

Pero había momentos donde Alastor parecía desconectarse de repente.

Como si recordara algo horrible en medio de la felicidad.

A veces recibía llamadas de su familia y cambiaba completamente.

Su postura se tensaba.

Su voz se volvía más fría.

Más distante.

Y cuando colgaba normalmente se quedaba callado varios minutos.

—¿Todo bien?

Siempre respondía exactamente igual.

—Sí. Solo estoy cansado.

Mentira.

Yo ya empezaba a aprender todas sus mentiras.

Una noche terminamos hablando de futuro.

Y quizá fue un error.

Estábamos acostados en el suelo de la sala porque hacía demasiado calor para dormir en

la habitación.

Las ventanas abiertas dejaban entrar el ruido lejano de la ciudad mientras Alastor

dibujaba cosas invisibles sobre mi brazo con los dedos.

—¿Cómo te imaginas dentro de diez años? —pregunté distraídamente.

37

Alastor tardó demasiado en responder.

—No sé.

—Eso no vale.

Suspiró apenas.

—Supongo que tranquilo… tal vez con una familia.

La palabra golpeó algo dentro de mí.

Familia.

Y por un instante imaginé cosas que probablemente no debía imaginar.

Alastor cocinando.

Un lugar compartido.

Domingos tranquilos.

Una vida juntos.

Pero antes de que pudiera decir algo él habló otra vez:

—Aunque honestamente no sé si merezca algo así.

Giré inmediatamente hacia él.

—¿Por qué dices eso?

Alastor sonrió apenas.

De esa manera triste que empezaba a romperme lentamente.

—Porque siento que todo lo que toco event ualmente termino dañándolo.

Y ahí estaba nuevamente.

La culpa.

Siempre la culpa.

38

Incluso en nuestros momentos más felices Alastor parecía incapaz de creer que merecía

sentirse amado sin pagar algo a cambio.

Y aunque todavía no lo sabía…

esa culpa empezaba lentamente a pudrir todo lo que habíamos construido.

JULIO 2019

Todo se volvió un caos.

No de golpe.

No con una pelea enorme.

Ni con algo claramente identificable.

Simplemente un día empecé a sentir a Alastor alejándose de mí.

Primero fueron pequeños detalles.

Respondía menos mensajes.

Dejó de quedarse tanto tiempo en mi apartamento.

Empezó a cancelar planes diciendo que estaba cansado o que debía ayudar a su familia.

Y aunque intentaba convencerme de que estaba exagerando…

sabía perfectamente lo que estaba pasando.

Porque cada vez que nuestras miradas se cruzaban veía exactamente lo mismo en sus

ojos:

Culpa.

Dejó de ir incluso al karaoke.

Richard preguntaba constantemente dónde estaba.

39

Aurora me observaba en silencio como si entendiera muchísimo más d e lo que decía.

Y yo empezaba lentamente a sentirme abandonado incluso antes de que realmente

ocurriera.

Una noche recibí un mensaje suyo:

“Tenemos que hablar.”

Esas cuatro palabras lograron revolverme completamente el estómago.

Intenté responder con calma.

—¿A las 8 en mi casa?

La respuesta llegó casi inmediatamente.

“Sí… pero no en tu casa. Vamos a una cafetería.”

“Paso por ti a las 7.”

Y desde ese momento empecé a sentir ansiedad cada vez que veía avanzar la hora.

Alastor llegó puntual.

Pero apenas subí al coche sentí inmediatamente que algo estaba mal.

No estaba esa chispa nerviosa de siempre.

Ni las bromas pequeñas.

Ni esa tensión bonita que normalmente llenaba el espacio entre nosotros.

Solo silencio.

Un silencio pesado.

Distorsionado.

Como si ya no supiéramos cómo estar cerca del otro.

La cafetería estaba casi vacía.

40

Pedimos algo de beber aunque honestamente ninguno parecía realmente interesado en

tomar nada.

Alastor evitaba mirarme directamente.

Jugaba nerviosamente con el vaso entre las manos mientras yo intentaba prepararme

mentalmente para lo que venía.

Y entonces habló.

—Nos estamos dañando y no nos damos cuenta.

Sentí algo hundirse dentro de mí inmediatamente.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.