Ecos sobre una balada de melancolía

Capítulo 7: Confesiones en Octubre

OCTUBRE 2019

El tiempo empezó a pasar más rápido desde que Jorge apareció en mi vida.

Y honestamente eso me asustaba un poco.

Porque después de tantos meses sintiéndome destruido…

volver a sentir tranquilidad parecía demasiado bueno para ser real.

V olví lentamente a mi rutina.

Trabajo.

Universidad.

Salidas.

Noches viendo películas con Jorge.

Y poco a poco empecé a incluirlo en mi círculo social mientras él hacía exactamente lo

mismo conmigo.

Jorge era profesor, así que muchas veces podía verlo después de sus clases porque

trabajaba relativamente cerca de mi apartamento.

Nuestras tardes empezaron a llenarse de pequeñas costumbres.

Ir por café.

Quedarnos dormidos viendo películas.

Besarnos en semáforos como adolescentes ridículamente enamorados.

50

Y muchas noches terminaban igual:

yo acostado sobre su pecho escuchando los latidos de su corazón mientras él jugaba

distraídamente con mi cabello.

Todo era tranquilo.

Demasiado tranquilo.

Y aunque me hacía feliz…

también había algo dentro de mí que seguía sintiéndose incompleto.

El último lunes del mes volví oficialmente a mi antigua área de trabajo.

Y eso significaba volver a ver a Alastor todos los días.

No estaba preparado para eso.

Lo vi apenas entré al edificio.

Y por primera vez en muchísimo tiempo…

él sostuvo mi mirada.

No desvió los ojos.

No fingió indiferencia.

Solo me miró.

Y juro que si hubiéramos estado completamente solos habría corrido directamente a

abrazarme.

Lo vi en su cara.

En la manera en que respiró profundo apenas me vio.

Pero en lugar de eso…

mi celular vibró.

51

“Has vuelto.”

Eso fue todo.

Y aun así sentí el corazón desordenarse completamente.

La semana transcurrió extraña.

Conversaciones mínimas.

Silencios incómodos.

Miradas demasiado largas.

Adriana ayudaba muchísimo sin darse cuenta porque hablaba conmigo durante los

almuerzos sobre cualquier cosa absurda y eso evitaba que me sintiera completamente

fuera de lugar.

Pero Alastor seguía ahí.

Siempre ahí.

Un jueves recibí otro mensaje suyo.

“Te veo en mi coche a la salida.”

Levanté la mirada inmediatamente.

Alastor me estaba observando desde el otro lado de la oficina esperando una respuesta.

Y aunque sabía perfectamente que era una mala idea…

asentí apenas.

Solo él lo notó.

Salimos del trabajo y subí a su coche en completo silencio.

Alastor no dijo nada.

Solo condujo.

52

La ciudad empezó a quedarse atrás poco a poco hasta que llegamos a un mirador desde

donde podían verse todas las luces nocturnas.

Y entonces Alastor empezó a llorar.

Sin advertencia.

Sin intentar esconderlo.

Simplemente se quebró completamente frente a mí.

No pregunté nada.

Solo lo abracé.

Y honestamente…

eso fue suficiente para destruir cualquier avance emocional que había intentado

construir durante meses.

Porque apenas lo tuve cerca otra vez sentí exactamente lo mismo que antes:

Hogar.

Alastor me abrazó con fuerza desesperada mientras seguía llorando.

Y después me besó.

O quizás fui yo quien lo besó primero.

A estas alturas ya no estoy seguro.

Solo recuerdo el sabor de sus lágrimas.

La manera en que nuestras respiraciones se mezclaron.

Y el desastre emocional explotando nuevamente entre nosotros.

Terminamos en la parte trasera del coche.

Besándonos como si intentáramos recuperar todos los meses perdidos.

53

Como si ambos supiéramos perfectamente que aquello estaba mal…

pero aun así ninguno tuviera la fuerza suficiente para detenerse.

Después permanecimos en silencio varios minutos.

Alastor seguía viendo las luces de la ciudad mientras intentaba recuperar la respiración.

Y entonces hablé antes de arrepentirme.

—Estoy saliendo con alguien.

Alastor bajó lentamente la cabeza.

—Lo sé.

La tristeza en su voz fue inmediata.

—Te ves distinto.

Sentí algo romperse dentro de mí nuevamente.

—Y yo veo que tú estás muy feliz con Melissa. T odo va rumbo a algo serio, ¿no?

Alastor cerró los ojos unos segundos.

—Sí… ella es una buena mujer. Ha estado conmigo en todos los malos momentos.

La rabia me golpeó instantáneamente.

—¿Todos los malos momentos? Yo estuve contigo. Acepté ser tu secreto. Acep té tus

miedos, tus inseguridades… no me digas que solo ella estuvo ahí.

Alastor inmediatamente negó con la cabeza mientras las lágrimas volvían otra vez.

—Tú crees que esto no es difícil para mí… nunca había amado a un chico antes. Nunca

imaginé querer una vida con alguien así.

Su voz se quebró completamente.

—Todo contigo se sentía real. Despertar juntos. Tener cosas tuyas mezcladas con las

54

mías. Sentir que pertenecía en algún lugar…

Y entonces hizo una pausa.

La frase quedó suspendida entre nosotros.

Así que la terminé yo mismo.

—“Si tan solo fuera una chica sería más fácil”, ¿verdad?

Alastor lloró todavía más fuerte.

—Si fuera así gritaría a los cuatro vientos que te amo.

Y escuchar eso…

dolió muchísimo más de lo que esperaba.

—Diría que quiero formar una familia contigo. Que quiero despertarme contigo toda mi

vida. Pero no me hagas escoger entre mi felicidad y mi familia porque no quiero perder

ninguna de las dos.

Se acercó lentamente y me abrazó otra vez.

—No quiero que desaparezcas de mi vida… no otra vez .

Y ahí entendí el verdadero problema de Alastor:

Nunca dejó de amarme.

Solo nunca aprendió a elegirnos.

NOVIEMBRE 2019

—Bueno, bueno, bueno… ¿fiesta de Halloween en noviembre? Extraño… pero




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.