DICIEMBRE 2019
El tiempo se define como un proceso de caos en el cual debes seguir tus convicciones
para crear cambios.
Pero a veces…
si no piensas bien las decisiones que tomas,
todo termina colapsando en cadena.
Y diciembre de 2019 fue exactamente eso:
el inicio del derrumbe.
La Navidad llegó envuelta entre luces celestes y adornos plateados porque Jorge insistía
en que la decoración tradicional estaba sobrevalorada.
—El rojo está demasiado explotado comercialmente.
—Hablas como si fueras diseñador de interiores.
—Tengo visión artística.
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No pude evitar reírme mientras él acomodaba una esfera completamente torcida en el
árbol.
Nuestra rutina empezaba a sentirse peligrosamente real.
Cenas juntos.
Dormir abrazados.
Discutir por películas.
Hacer compras navideñas.
Y muchas veces me descubrí pensando algo que me aterraba:
Podría enamorarme completamente de Jorge si me lo permitiera.
La cena de fin de año con su familia fue más cálida de lo que esperaba.
Su madre hablaba demasiado.
Su padrastro hacía chistes terribles.
Y Jorge se la pasaba corrigiéndolos mientras yo terminaba riéndome incluso cuando no
quería.
Por unas horas sentí algo que hacía muchísimo tiempo no sentía:
Paz.
Después de la cena fuimos rumbo a mi apartamento donde habíamos organizado una
reunión con amigos.
Aurora y Richard ya estaban ahí cuando llegamos.
Adriana apareció poco después.
La música empezó.
Los tragos comenzaron a circular.
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Y poco a poco el apartamento se llenó de ruido, risas y conversaciones cruzadas.
Hasta que Alastor llegó.
Y detrás de él…
Melissa.
Ella llevaba un postre que había preparado su hermana y saludó a todos con una sonrisa
tranquila que me hizo sentir incómodo instantáneamente.
Porque después del beso accidental que vio semanas atrás…
sabía perfectamente que algo entre Alastor y yo no estaba bien.
Y aun así seguía aquí.
Alastor llevaba el martillo de Thor que le regalé el año anterior.
Todavía lo conservaba.
Y eso me golpeó demasiado fuerte para algo tan insignificante.
—Definitivamente necesitas superar Marvel —le dije apenas se acercó.
Alastor levantó el martillo orgullosamente.
—Nunca.
Y otra vez ahí estaba esa facilidad absurda que teníamos para v olver a conectar como si
nada hubiera pasado.
Como si no hubiéramos destruido emocionalmente nuestras vidas múltiples veces.
La fiesta avanzó entre karaoke y alcohol.
Jorge se llevaba sorprendentemente bien con todos.
Incluso con Alastor.
Y eso me destruía un poco por dentro.
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Porque Jorge era bueno.
Demasiado bueno.
Mientras Alastor seguía sintiéndose como un incendio imposible de apagar.
En algún momento de la noche salí a buscar unas cajas al coche de Jorge.
El aire frío ayudó un poco a despejar mi cabeza .
Hasta que escuché pasos detrás de mí.
—¿Problemas para cargar cajas?
Alastor.
Rodé los ojos apenas.
—Creo que sobreviviré.
Alastor tomó una de las cajas y empezamos a caminar juntos hacia el edificio.
—Todo esto está saliendo muy bien, ¿no?
Lo miré unos segundos.
Las luces del apartamento iluminaban apenas su rostro mientras el ruido lejano de la
música seguía sonando detrás de nosotros.
—Sí… todo está saliendo muy bien.
Y entonces pasó.
Sin pensarlo.
Sin detenerme.
Sin medir absolutamente nada.
Lo besé.
Desesperadamente.
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Como si llevara meses conteniéndome.
Alastor respondió inmediatamente sujetándome del rostro mientras todo alrededor
desaparecía otra vez.
Hasta que escuchamos la puerta abrirse.
Richard.
Nos vio.
Abrió los ojos completamente.
Y cerró la puerta inmediatamente otra vez.
Pero antes de cerrarse completamente…
vi otra silueta detrás de él.
Melissa.
Y en ese instante entendí que lo había visto todo.
El resto de la noche se sintió irreal.
Melissa actuó normal.
Demasiado normal.
Nunca hizo una escena.
Nunca reclamó nada.
Nunca dejó de sonreír.
Y honestamente…
eso dolía muchísimo más.
El último día del año Alastor y yo tuvimos que trabajar haciendo horas extra.
Guardé completamente el secreto de que Melissa nos había descubierto porque no
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quería enfrentar el desastre que habíamos creado.
Pero aun así no podía dejar de pensar en aquel beso.
Porque aunque quería a Jorge…
Alastor seguía sintiéndose como incendiar una casa y quedarse observando las llamas sin
intentar escapar.
Justo antes de salir del trabajo terminamos besándonos otra vez.
Rápido.
Desesperado.
Incorrecto.
Y aun así…
nuestros cuerpos separados seguían sintiéndose como uno solo.
Salimos cerca de medianoche.
La ciudad explotaba entre fuegos artificiales y ruido.
Y entonces Alastor se acercó lentamente.
—Quiero que seas mi beso de año nuevo… espérame afuera.
Sentí el corazón acelerarse inmediatamente.
Y aun así asentí.
Porque una parte horrible de mí seguía eligiéndolo incluso cuando sabía que estaba mal.
Mientras esperaba afuera escuché una voz detrás de mí.
—Hola Axell… ¿qué haces acá tan tarde en año nuevo?
Ese tono sarcástico y peligrosamente tranquilo hizo que me girara inmediatamente.
Melissa.
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Estaba arreglada para salir de fiesta sosteniendo las llaves del coche entre los dedos.
—Hola Meli… estoy esperando mi Uber. Ya sabes, épocas festivas.
Ella sonrió apenas.
Pero sus ojos analizaban cada movimiento mío.
—Alastor y yo podemos llevarte donde tu novio, ¿te parece?