ABRIL 2020
Ya no podía más.
Todo lo que había ocurrido durante los últ imos meses me estaba consumiendo
lentamente.
Había lastimado a Jorge.
Alastor me había destruido emocionalmente a mí.
Y en medio de todo eso entendí algo doloroso:
Yo era el punto en común de todo el desastre.
Las noches empezaron a sentirse insoportablemente largas.
No dormía bien.
No comía bien.
81Y cada vez que veía mi celular sentía ansiedad.
Mensajes de Alastor.
Llamadas perdidas de amigos.
Preguntas que no quería responder.
Todo empezó a sentirse demasiado pesado.
Así que tomé una decisión impulsiva:
Desaparecer.
Renuncié al trabajo.
Sin despedidas largas.
Sin explicaciones emocionales.
Simplemente me fui.
Y honestamente…
creo que una parte de mí necesitaba destruir completamente mi vida anterior para poder
respirar otra vez.
Decidí irme a vivir con mi madre por un tiempo.
Poner kilómetros de distancia entre mí y todo lo que me estaba destruyendo.
Mis amigos.
Alastor.
Los lugares que compartimos.
Las rutinas.
Los recuerdos.
Todo.
82Y entonces ocurrió algo extraño:
El mundo también se detuvo.
La pandemia llegó de golpe.
Calles vacías.
Silencio.
Encierro.
Mientras todos aprendían a vivir aislados…
yo sentía que llevaba meses encerrado emocionalmente.
Empecé a trabajar desde casa.
Y poco a poco fui desapareciendo de la vida de todos.
Dejé de responder mensajes constantemente.
Casi no hablaba con nadie.
Mis redes sociales se volvieron silenciosas.
Era solamente mi familia…
y yo intentando reconstruirme lentamente.
Hubo días horribles.
Días donde pensaba en Jorge y sentía culpa.
Días donde soñaba con Alastor.
Días donde quería escribirle y preguntarle si todavía pensaba en mí.
Pero no lo hice.
Porque por primera vez entendía que necesitaba aprender a existir lejos de él.
Y lentamente…
83empecé a sanar.
No de manera perfecta.
No de golpe.
Pero sí real.
Volví a dormir mejor.
A escuchar música sin sentirme destruido.
A reírme con mi familia.
A recordar quién era antes de convertirme en alguien dependiente emocionalmente de
otra persona.
Alastor dejó de ser una herida abierta.
Y empezó a convertirse lentamente en un recuerdo.
Uno importante.
Uno doloroso.
Pero un recuerdo al fin.
Así terminó aquella etapa de mi vida.
El caos.
La dependencia.
El amor incorrecto que consumió todo a su paso.
Y aunque todavía no lo sabía…
Años después,
el pasado volvería a encontrarme otra vez