Marzo 2026
Los siguientes días decidí alejarme de todos y enfocarme en mi salud mental y
emprender un viaje con Luis el cual había planeado de sorpresa y hacía sentirme cada
vez peor cada vez que despertaba y percibía el olor del desayuno que estaba preparando.
Luis tenía esa forma tranquila de amar.
No hacía preguntas incómodas.
No invadía espacios.
No me obligaba a hablar de lo que claramente me estaba consumiendo.
Solo estaba ahí.
Y honestamente…
eso empezaba a dolerme más.
Un día estábamos comiendo y me dice:
—Pronto es tu cumpleaños ¿quieres algo g rande o algo familiar?
A lo cual sin pensar le respondí:
—Necesito algo que tenga mucho licor.
99Luis soltó una pequeña risa mientras levantaba una ceja.
—Eso definitivamente no es tu mood pero está bien… invitaré amigos y conocidos será
una sorpresa.
Y sonríe orgulloso de sí mismo.
Me relajaba saber que él organizaría todo.
No habría nada por lo cual estar tenso.
Así que volvimos a nuestra rutina y siguieron avanzando los días entre clases, rutinas y
trabajo.
Hasta que llegó el día.
Mi cumpleaños número 29.
Llegué y me sonrojé al ver tantas personas con gorros con mi cara.
Era ridículo.
Vergonzoso.
Y extrañamente adorable.
Había amigos del trabajo, de la universidad y personas que honestamente ni siquiera
esperaba volver a ver.
Todo era divertido e inesperado.
Hasta que lo vi.
Aurora.
Richard.
Y de fondo…
Con una camisa blanca iluminada por las luces neón:
100Alastor.
Mi mente desvarió por unos segundos.
Estaba mal lo que veía.
¿Cómo Luis pudo conseguir invitar a Alastor?
Sabía perfectamente que Aurora no lo haría.
Richard tampoco.
Intenté mantener la compostura.
Saludé primero a Richard quien claramente no notó mi expresión.
Pero Aurora sí.
Y la forma en que me miró decía perfectamente:
“Esto es terrible.”
Más aún porque hace unos días le confesé el beso de Alastor y toda su declaración.
Entonces decidí acercarme.
Saludarlo normal.
Como una persona funcional emocionalmente.
Lo abracé.
Y fue un error.
Porque apenas nuestros cuerpos volvieron a tocarse sentí exactamente lo mismo de
siempre.
Nuestros corazones sincroni zándose otra vez como si nunca hubieran pasado años entre
nosotros.
Como si el tiempo jamás hubiera servido realmente para alejarnos.
101Seguí en la fiesta intentando distraerme.
Pero de vez en cuando notaba la mirada de Alastor sobre mí.
Sobre Luis.
Y cada vez dejaba de ser menos disimulada.
En un momento Luis se acerca sonriendo mientras sostiene un vaso.
—Él es tu antiguo compañero ¿no?
Mi cuerpo se tensó inmediatamente.
—¿Quién?
Luis señala discretamente hacia Alastor.
—El que te regaló el cuadro que tien es en la sala.
Y sonríe.
—El de lluvia con los truenos neón.
Y entonces recuerdo inmediatamente aquel 2019 donde decidimos intentar pintar juntos.
Yo terminé haciéndole el Guante del Infinito como regalo de cumpleaños.
Y años después todavía recuerdo haber lo visto colgado cerca de la salida de su casa.
Dudo muchísimo que Melissa supiera quién realmente lo pintó.
Sí… es él.
Intento sonar normal.
Pero mi voz sale demasiado seca.
Entonces agrego rápidamente:
—Voy a salir a fumar.
Lo curioso de que alguien te conozca tanto tiempo es que aprende todos tus patrones.
102Luis sabía cuándo estaba estresado.
Lo que no sabía…
era quién provocaba ese estrés.
Y aun así me dio mi espacio.
Salí del bar llevándome los cigarros y el encendedor.
Bajé lentamente las gradas algo ebrio mientras veía grupos de chicos y chicas riendo,
tomando y comiendo alrededor.
Hasta encontrar una esquina apartada donde nadie pudiera verme.
Me senté en el suelo.
Y por unos segundos escondí la cabeza entre mis piernas intentando respirar.
Intentando pensar.
Intentando apagar algo dentro de mí que claramente seguía demasiado vivo.
Entonces alguien se detuvo frente a mí.
Levanté apenas la mirada.
Alastor.
Extendió lentamente una mano hacia mí.
Pero no la acepté.
Seguí inmóvil.
Y entonces él simplemente se sentó a mi lado.
Sin decir absolutamente nada.
El silencio entre nosotros era ridículamente familiar.
Tan familiar que dolía.
103Después de unos segundos levanté lentamente la cabeza.
Apagué el cigarro.
Y antes de poder arrepentirme…
Lo besé.
Lo besé como alguien agotado de pelear contra sí mismo.
Como alguien que sabía perfectamente que estaba destruyendo algo…
y aun así no podía detenerse.
Alastor respondió inmediatamente.
Y por un instante el mundo volvió a sentirse exactamente igual que años atrás.
Caótico.
Incorrecto.
Nuestro.
Me alejé abruptamente.
Respirando agitadamente.
—Esto no está bien.
Y me fui antes de volver a cometer otro error.
Regresé a la fiesta intentando recuperar la compostura.
Pero sentía el corazón deshaciéndose dentro del pecho.
Entonces veo a Richard hablando con Aurora.
Y apenas me acerco Richard me mira serio.
Demasiado serio.
Como alguien que ya entendió exactamente lo que pasó.
104—No me pongas nuevamente en esta situación.
Su voz fue baja pero firme.
—Luis organizó todo esto para ti.
Y ahí fue cuando terminé de quebrarme.
Porque él tenía razón.
Luis había organizado todo con amor.
Con cuidado.
Pensando en mí.
Y yo acababa de arruinarlo otra vez.
Bajé lentamente la mirada.
Y finalmente dije:
—Lo sé…
Mi voz se rompió inmediatamente.