Ryan
Mis padres querían que al entrar a la universidad me uniera a un equipo de deporte, para supuestamente dejar las fiestas. Para complacerlos me uní al de natación, no es que sea bueno lo domino y me defiendo en algunos estilos, pero si soy consciente que debo pulirme mucho más para eso necesito un entrenador personal.
Que pereza contratar uno.
—Astor— me grita el entrenador James.
Giro sobre mis talones a mitad del pasillo que da para las duchas y vestidores.
—El entrenamiento no ha terminado, fuiste muy grosero con Emma, ella solo te estaba ofreciendo ayuda, porque no puedes ser un poco amable. —
Hago una mueca de fastidio.
—No tengo el mínimo deseo de seguir compitiendo con esa chica. Usted no haya que hacer con ella porque es buena y no es competitiva. Respóndame algo ¿De qué le sirve ser buena nadadora si no le importa ganar? —
No sabe que responder, lo dejo ahí parado gritando como loco mientras sigo mi camino hacia las duchas para mí había sido todo por hoy.
Me encuentro en el aparcamiento esperando a Harry y sopesando las posibilidades de buscar a una persona que me enseñe a nadar mejor, no puedo seguir quedando en vergüenza frente a mis compañeros si soy el capitán.
—Aquí está el mejor nadador del mundo— escucho decir a mi amigo en forma de burla.
Le doy una mirada que sabe que quisiera golpearlo
—Sigue molestándome y vamos a ver si vas a poder seguir entrenando, Bellerose— él levanta las manos en forma de paz.
No tengo deseos de llegar a casa, hoy ninguno de los ingenieros nos ha dejado tareas o trabajos, estoy pensando que hacer cuando siento un codazo en mis costillas, volteo a ver a la izquierda para encontrarme con un Aiden divertido, me hace señas con sus ojos, sigo la dirección que señala el gemelo.
¡Menuda suerte!
Viene Emma caminando con su amiga tal parece que ninguna de las dos se percata de nuestra presencia hasta que nos tienen cerca, arruga la nariz ladeando su cabeza al darse cuenta que doy unos pasos hacía ellas, hasta tenerla frente a frente me doy cuenta que trae una bata médica.
—Espero que no vuelvas a dejarme en ridículo frente a nuestros compañeros, Harrington no creo que me quieras de enemigo. El único que gana aquí soy yo. —
Ella esboza una sonrisa. Pasa a la par mía chocando su hombro con mi brazo, ignorándome completamente.
—Así que esa hermosa chica es la que te ha ganado en la competencia de entrenamiento— espeta Callum en mi cara.
Agarro mi mochila no pienso seguir siendo chiste ni el hazme reír de mis dis que amigos. Voy camino a mi auto cuando escucho a Harry hablar con Emma le dice si ella puede darle clases para mejorar los estilos de dorso y pecho, le pregunta que cuanto le cobraría, a lo que responde que lo hará con mucho gusto porque son compañeros y él no es egocéntrico, competitivo, ni orgulloso como otros.
Como si me importaran sus palabras o causaran algún efecto en mí.
Salgo a toda velocidad sin saber a dónde ir, me cabrea que tomen todo a chiste, sujeto con todas mis fuerzas el volante hasta que se saltan las venas de mis manos.
Manejo por todas las calles hasta llegar a un parque esta por caer la tarde y será un buen punto para ver el espectáculo de esos hermosos colores que se funden en el cielo, pienso que eso me va a relajar y hacerme olvidar de las humillaciones que esa niñata me ha hecho pasar este día.
Saco el rollo que siempre ando cargando y me abro camino entre las personas que están aquí pasando el tiempo o simplemente paseando. Encuentro un lugar, desdoblo sobre el césped la manta y me acuesto. Me voy a relajar, a dejar de pensar cosas que puedan hacerme sacar de mis casillas.
—Se puede saber ¿qué hace solo el gran Ryan Astor? — doy un salto del susto porque tengo los ojos cerrados.
De un movimiento me siento y la persona que me está hablando esta acuclillada, frunzo el ceño al darme cuenta quien es.
— ¿Qué haces aquí, Isabella? — pregunto, viendo para todos lados.
Ella se sienta a mi lado como si fuéramos grandes amigos. Enarco una ceja sin quitarle la mirada esperando una respuesta.
Veo que no tiene intenciones de responder, se acomoda su vestido a manera que no se le vea absolutamente nada.
—Escuché que la nueva te ha desplazado por completo— como puede ser tan cotilla —busca quien te enseñe lo antes posible, los cronometristas, el juez arbitro, los jueces de llegada, y los inspectores de virajes en las próximas competencias son nuevos, aparte ahora usaran placas táctiles que dictaminarán cuanto tiempo hizo cada uno. —
Me quedo boquiabierto como es que sabe tanto.
Las próximas competencias donde competiré con Emma serán en dos meses. Si es cierto lo que Isa me está diciendo entonces ya no podré sobornar para quedar en primer lugar.
Lejos de relajarme estoy nervioso, intranquilo. Todos los que conozco que dan clases de natación conocen a mis padres y lo que menos quiero es que ellos se enteren que no soy tan bueno como les he hecho creer.