Emma
No tengo idea de cómo me voy a organizar para darle clases a Harry quien amablemente me pide ayuda, ya es poco el tiempo que tenemos para entrenar, prácticamente las competencias están cerca.
Después de mi encuentro con Astor en el aparcamiento de la universidad prometo volverme competitiva, luchar siempre por el primer lugar contra él y contra quien sea. No voy a permitir que quieran pasar por encima de mi o hacerme de menos.
Si tengo que entrenar de madrugada para ser la mejor lo haré, voy a jugarme el todo por el todo. A partir de este momento me vuelvo la persona a la que Ryan tendrá que derrotar y dudo que eso suceda.
Llamo a quien me ha entrenado desde pequeña para perfeccionar mis estilos, responde que con mucho gusto entrenara conmigo de nuevo, al mismo tiempo le hablo de Harry para que los horarios de mi entreno y los entrenos que haré con él no coincidan.
—Vas a terminar con cansancio físico y mental— repite una y otra vez mi madre
—Como se te ocurre entrenar de siete a diez de la noche — grita mi padre.
Hago un ademán con mi mano restándole importancia.
Me preguntan que voy hacer cuando me toquen mis prácticas les digo que en su momento veré que hacer así que treinta regaños después se rinden al darse cuenta que no me harán cambiar de idea.
Tengo buena resistencia, mi cuerpo está en forma, soy disciplinada que es lo fundamental, estoy dispuesta a sacrificar mi tiempo libre.
Las próximas competencias las ganaré y sus medallas de oro serán mías.
Froto mis manos, juro que pateare el trasero de Ryan Astor frente a todos y tendrá que disculparse conmigo por haber sido tan grosero cuando solo le estaba ofreciendo mi ayuda.
Sumergida en mis pensamientos y en todo lo haré de ahora en adelante me quedo profundamente dormida.
Al siguiente día
Salgo de mis clases directo al área de natación de la universidad, al llegar dice Grace la capitana de las mujeres que quiere hablar conmigo, solo va a cambiarse para luego conversar.
Viene caminando hacia donde estoy sentada poniéndome el gorro, su semblante es serio.
—Em— suspira al mismo tiempo que pone su mano en mi hombro —te aconsejo que no te busques problemas con Astor— pausa —desde hace un año él ha sido quien representa al equipo en las nacionales e internacionales, son pocas las veces en la que el resto podemos participar, por tu bien mantente lejos.
➡Él es frío, competitivo, malo, despiadado, no se toca el corazón para quitar de su camino a cualquier piedra que lo haga tropezar y tu eres una roca que le esta obstaculizando su paso. Es poco lo que te conozco, sé que eres una chica sensata, buena, noble y que analiza las cosas. Por favor ya no lo provoques, si en los entrenos los ponen a competir juntos, deja que gane. Nadie del grupo quiere que te pase algo por ese pensamiento tonto que tiene de que solo él tiene que ser.
Agradezco sus consejos y palabras. Me quedo pensativa, no se si debo abandonar la absurda idea de competir con él.
Estoy sumergida en mis pensamientos que no escucho llegar al entrenador, si no es porque una toalla cae sobre mi rostro despabilándome por completo, no me doy cuenta que el sujeto en mención me habla.
Escucho que deja de hablarme para regañar al dueño de la toalla mientras este está en grandes carcajadas como si estuviera en algún show de payasos.
—Ve y pídele disculpas a tu compañera— escucho decirle.
—Para que no esta poniendo atención— se encoje de hombros —usted le está hablando y ella pintando pajaritos en el aire. —
Cuento hasta diez para tranquilizarme, no quiero decir unas cuantas cositas frente a todos. A la suerte que cargo, no vaya ser y a la que terminen corriendo del equipo es a mí.
Camino a donde está el protagonista de mi cabreo, doblo la toalla al mismo tiempo que la estrello en su pecho. Me esta viendo frente a él y lo único que hace es abrir sus ojos a mas no poder es obvio que está sorprendido, con sus manos frías toma la toalla arrojándola hacia las gradas sin importarle a donde cae.
Me molesta que sea grosero conmigo cuando no le estoy haciendo nada, que le cuesta hablar como una persona civilizada. Pudo haberme dicho Emma te hablan, pero no, insiste en molestarme o querer dejarme en vergüenza, esta muy equivocado si piensa que eso para mi fue una humillación, todavía no sabe lo que pasará en dos meses entonces el avergonzado será otro.
—Ryan y Emma— grita el señor James nuestros nombres —antes que cualquiera de los dos proteste a partir de hoy serán pareja en todos los entrenos, aprendan a llevarse bien—
¡No puede ser!
Ambos nos damos una mirada retadora, a partir de hoy ningún entreno será en santa paz, es más esto va parecer un campo de batalla.
—Vamos, vamos— nos alienta el entrenador a seguir nadando —quiero ver quien de los dos tiene mejor tiempo. —
En la primera vuelta quien gana soy yo, cosa que no le gusta.
Dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete, ocho, nueve, diez vueltas y Ryan ya no da para una más, escucho el silbato justo a tiempo antes que mi amiguito se desmaye.