Ryan
Estoy que me lleva el tren, no puede ser que nos ponga a dar diez vueltas para saber cuánto tiempo hacemos, solo porque a Emma se le ocurre esa tonta idea. Lo peor de todo es que únicamente a nosotros dos nos puso así el genio de nuestro entrenador.
Siento que me desmayo, apenas puedo salir de la piscina, una maldita vuelta más y estoy seguro que me muero.
Emma es una ingrata. Digo en mis adentros.
—Si siguen así, amigo terminaras muerto— Harry pasa mi brazo por sus hombros —es que les encanta hacerse la vida imposible. —
Si supiera este baboso que la idea no fue mía.
— ¿Crees que yo planeé esto? — respondo molesto —bien sabes que lo más que resisto son cuatro vueltas— ya no tengo ni aliento para hablar.
Camino a paso lento hacia los vestidores en definitiva hoy no me baño. Estoy sin fuerzas, me recuesto sobre la banca haciendo tiempo en lo que mi amigo se baña y cambia, para después ayudarme a cambiar a mí. Debo idear un plan para hacerla pagar por lo de hoy, no pienso dejar las cosas, así como si nada, le voy a enseñar que conmigo nadie juega.
Estoy tan cansado y exhausto que me quedo dormido sin darme cuenta.
—Ryan— siento que me mueven.
Poco a poco abro los ojos al mismo tiempo que los vuelvo a cerrar la luz me molesta, Callum ayuda a sentarme, suelto un quejido me duele el cuerpo.
—Si que estas adolorido— dice un Cal, afligido —ya sabes como son de cotilla aquí en la universidad rápido se supo por eso me enteré— me extiende una botella con agua y un analgésico
Agradezco el gesto porque honestamente estoy que ni respirar puedo.
— ¿Cómo pudo hacerlos dar diez vueltas? — lo mismo me pregunto.
—Fue idea de Harrington— le comento —para volver a dejarme en vergüenza, después que no le importaba ganar o perder ahora resulta que se vuelve competitiva. —
A los segundos aparece Harry arreglado. Me pregunta si todavía necesito ayuda a lo que respondo que gracias que lo haré por mi propia cuenta. Me da pena estarlos molestando, un verdadero hombre aguante cualquier dolor.
Ya fui el chiste de mis compañeros y del resto de la universidad, no seré burla de mis propios amigos.
Con todo el dolor de mi alma me dirijo a mi casillero para sacar mi ropa, voy a los vestidores y si, logro cambiarme solo.
Horas después
—Todos los entrenadores de Londres conocen a tus padres— me encuentro donde mi amiga Phoebe —como dice Harry deja tu orgullo, haz las paces con esa chica y dile que te ayude.
No puedo hacer eso, en definitiva. Como le voy a decir que me ayude a mi super enemiga.
—Vas abrir un hoyo, ven siéntate— veo como toca el borde de la cama.
Necesito emborracharme hasta olvidar la forma en que me ha humillado, como se ha reído de mí, lo descarada que ha sido en demostrar en mis narices lo buena nadadora que es.
—Vamos al bar, yo invito— sin esperar que me diga si o no arrastro a mi amiga hasta mi auto.
Aparco en el lugar de siempre, caminamos rumbo a la entrada enseñando nuestras identificaciones, quien está en la puerta se hace a un lado para pasar.
Busco con la mirada una mesa vacía al parecer esto está a reventar, veo hacía arriba solo encuentro mesas compartidas. Me doy cuenta que unos chicos están por irse nos hacen de señas, a paso apresurado nos dirigimos hacía donde ellos.
—Estamos por irnos, nos damos cuenta que buscan mesa— dice un chico rubio —solo fue a cancelar nuestro amigo y es toda suya— los demás nos sonríen amablemente.
—Gracias— decimos Phoebe y yo al unísono.
A los segundos aparece un chico castaño, diciéndoles que ya todo esta cancelado.
Venimos hace una hora, llevo cuatro cervezas, aún no he olvidado todo lo que me ha pasado estos días atrás gracias a esa mujer. Quiero otra cerveza, levanto la mano rápido viene el mesero y así sucesivamente voy pidiendo hasta llegar a ocho cervezas.
—Ya no más— me regaña mi amiga quitándome el vaso.
Le doy una mirada intimidatoria al mismo tiempo que le quito el vaso, me tomo el ultimo trago que queda para pedir más.
—Déjame que a eso vine, a tomar, déjame olvidar— vocifero.
Con diez en la cabeza les juro que estoy alucinando que estoy viendo a la desgraciada de Harrington, pero, solo la estoy confundiendo con alguien más.
¡Menos mal!
—Suficiente Ryan, ya llevas quince cervezas, vas agarrar una congestión alcohólica o nos vamos a matar de regreso a casa— cierto, ella no puede manejar.
Como pude olvidar ese pequeño detalle.
Minutos después
Trato de manejar lo más despacio posible, acelero y freno así voy en toda la calle, carros me rebasan, solo espero que no me vayan a multar por manejar en estado de ebriedad porque ya valí tres Cheetos y la mitad.