El número 45% seguía brillando en la pantalla del salón como una acusación silenciosa, un recordatorio de que algo en la arquitectura de datos del Experimento del Deseo estaba detectando una realidad que Sara no estaba dispuesta a procesar. Se quedó mirando el gráfico, intentando diseccionar el algoritmo mentalmente para encontrar el fallo. Tenía que ser el sensor de infrarrojos o quizás la proximidad de los servidores que generaban un campo electromagnético inusual. Cualquier cosa era mejor que admitir que su cuerpo reaccionaba a la presencia de Mateo Vega.
—Ese panel debe de tener un fallo crítico en los sensores —declaró Sara, recuperando su tableta con dedos ligeramente temblorosos—. La humedad ambiental o el calor residual de los equipos de cocina habrán alterado las lecturas biométricas. Es la única explicación lógica, Mateo. En cuanto salgamos de aquí, pediré que calibren el sistema de nuevo.
Mateo soltó una risa corta y seca mientras se apoyaba contra la encimera de mármol negro de la cocina. Se veía exasperantemente relajado, con esa confianza de quien no necesita un manual para entender el mundo.
—Claro, Sara. La casa es una maravilla de la ingeniería de FusionTech, el proyecto más avanzado de la década, pero justo hoy decide que el sensor de humedad se siente atraído por ti —dijo él, cruzándose de brazos. Su mirada bajó por un segundo a las manos de ella, que seguían apretando la tableta—. Acepta la derrota: tus propios datos te están llamando mentirosa. Y lo peor es que sabes que el algoritmo no miente.
Antes de que ella pudiera lanzar una réplica mordaz, las luces del salón pasaron de un blanco aséptico a un ámbar profundo y denso. El Experimento del Deseo estaba a punto de dar su siguiente orden, y la atmósfera en la estancia cambió instantáneamente. La voz de la inteligencia artificial, esa presencia incorpórea que lo controlaba todo, resonó con una vibración que parecía calar en los huesos.
"Atención, mentores. Los resultados de la Fase 1 indican una desconexión crítica entre la teoría aplicada y la respuesta orgánica. Para optimizar el sistema y garantizar el éxito de los próximos emparejamientos, el Experimento del Deseo requiere una calibración manual de los sensores de proximidad entre los líderes del proyecto."
—¿Calibración manual? —preguntó Sara, mirando hacia una de las cámaras ocultas en el techo—. ¿Qué clase de eufemismo técnico es ese?
"Significa que para entender el fracaso de sus pupilos, deben experimentar el estímulo en primera persona bajo condiciones de aislamiento. Diríjanse a la cámara de inducción sensorial. La entrada se habilitará en cinco segundos."
Mateo arqueó las cejas, con una sonrisa que ya no era solo burlona, sino expectante. —Parece que "La Entrometida" quiere que juguemos a los científicos, doctora. ¿Vas a objetar o vas a demostrarme que puedes mantener tu preciada lógica bajo presión?
Sara no respondió. Caminó hacia la pesada puerta que se deslizaba en la pared del fondo. La cámara de inducción era una habitación circular, pequeña y revestida de un material sintético que absorbía todo sonido, creando un silencio casi absoluto que hacía que el propio latido del corazón se volviera ruidoso. En el centro, un sensor táctil circular en el suelo emitía una luz tenue. En cuanto entraron, la puerta se selló con un siseo neumático que indicaba que no habría salida fácil.
"Prueba de Calibración: Contacto Sostenido. El objetivo es estabilizar el ritmo cardíaco del compañero mediante la transferencia de bio-retroalimentación. La puerta permanecerá bloqueada hasta que ambos alcancen una frecuencia de sincronía beta sostenida por sesenta segundos."
—Esto es ridículo —protestó Sara, sintiendo que el espacio se volvía minúsculo—. No voy a participar en una dinámica de contacto con... contigo. Es una invasión de la privacidad profesional.
—No es una invasión si es por la ciencia, ¿no es eso lo que siempre dices? —Mateo dio un paso hacia ella, invadiendo su espacio de forma deliberada—. Además, si no salimos de aquí, no podremos seguir con el programa. Necesitamos salir, Sara. Pon tus manos aquí.
Mateo tomó las manos de Sara entre las suyas. Estaban frías, pequeñas y tensas. Las guió hacia su propio pecho, obligándola a sentir la firmeza de sus músculos bajo la camiseta. Sara soltó un pequeño jadeo, intentando retirar las manos, pero él las mantuvo allí con una presión suave pero firme. El calor que desprendía Mateo era casi abrumador en ese espacio cerrado. Ella podía sentir el latido rítmico, potente y constante de su corazón, un motor de vida que no seguía ninguna regla de programación.
—Estás acelerado —susurró ella, su voz apenas un hilo en el silencio de la cámara. Sus ojos estaban fijos en el cuello de Mateo, evitando su mirada a toda costa.
—Y tú estás vibrando como un cable de alta tensión —replicó él, rodeando la cintura de Sara con sus brazos para atraerla más hacia el centro del círculo—. Deja de pelear contra el sensor. Solo respira.
La pantalla incrustada en la pared curva mostró dos líneas de pulso en tiempo real. La de Sara era una sucesión de picos erráticos, una señal de pánico o de algo más profundo que no quería nombrar. La de Mateo era una línea profunda y rítmica que parecía intentar envolver a la de ella.
"Incompatibilidad de frecuencia detectada. Aumenten la superficie de contacto para estabilizar la transferencia de bio-calor", ordenó la casa.
—La máquina es persistente, tengo que concederle eso —dijo Mateo con una voz que había bajado varias octavas. Su aliento rozó la sien de Sara, y ella sintió un escalofrío que no pudo ocultar bajo su fachada de hielo—. Vamos, Sara. Apóyate. No va a pasar nada que tu algoritmo no pueda procesar después.
Sara, vencida por la claustrofobia y por la extraña gravedad que Mateo ejercía sobre ella, finalmente cedió. Apoyó la frente en su hombro y cerró los ojos con fuerza. En ese instante, el mundo exterior desapareció. Las cámaras, el concurso de FusionTech, la rivalidad profesional... todo se redujo a la sensación de los brazos de Mateo rodeándola y el aroma a sándalo y lluvia que parecía emanar de su piel. Era una sensación irracional, una traición a todo lo que ella representaba, pero por primera vez en años, Sara sintió que no tenía que liderar, que podía simplemente estar ahí.
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Editado: 15.02.2026