El encierro de ocho horas no había servido para enfriar los ánimos, sino para que Sara Durán destilara su resentimiento hasta convertirlo en un plan de ataque. Sentada en el borde de su cama, bajo la luz mortecina de la habitación bloqueada, Sara repasaba los datos de Chloe, la pupila de Mateo. Había descubierto una vulnerabilidad en el perfil psicológico de la fotógrafa: una inseguridad latente sobre su capacidad para establecer raíces. Si lograba que Chloe se sintiera abrumada por la estructura de Leo, la chica huiría, y el método de "intuición" de Mateo quedaría en ridículo ante las cámaras del Experimento del Deseo. Sabía que era jugar sucio, pero en su mente, esto era una guerra de supervivencia profesional.
Cuando las puertas se desbloquearon al amanecer, el aire de la casa se sentía viciado. Mateo salió de su cuarto con el cabello más revuelto que de costumbre y ojeras marcadas, pero le dedicó a Sara una mirada de absoluto desprecio antes de dirigirse a la cafetera. No se hablaron. No era necesario. El odio era ahora una presencia física que ocupaba el espacio entre ellos.
—Hoy es la prueba de "Visión de Futuro" —anunció la voz de la IA, rompiendo el silencio sepulcral—. Los pupilos deben diseñar juntos un espacio de vida ideal en el simulador holográfico. Los mentores supervisarán desde cabinas aisladas.
Sara vio su oportunidad. Mientras Mateo estaba distraído intentando motivar a Chloe con sus discursos vacíos sobre la "magia de los espacios compartidos", ella accedió a la consola secundaria del simulador. Con una serie de comandos rápidos y precisos, alteró los parámetros de la IA de Leo. No lo hizo de forma obvia; simplemente aumentó su rasgo de "perfeccionismo técnico" al máximo.
El resultado fue inmediato y desastroso. En el atrio, Leo empezó a rechazar cada idea creativa de Chloe con una agresividad pasivo-agresiva que rozaba la crueldad. Si ella sugería un rincón para sus cámaras, él respondía con una perorata sobre la optimización del flujo de aire y la inutilidad estética. Chloe, que ya era propensa a sentirse asfixiada por el orden, empezó a retraerse. La chispa que Mateo había intentado encender se estaba apagando bajo el peso de un Leo que parecía un robot programado por la versión más rígida de Sara.
Desde su cabina, Sara observaba la pantalla. Veía a Mateo frustrado, golpeando el cristal de su propia cabina mientras intentaba, en vano, darle instrucciones a una Chloe que ya estaba al borde de las lágrimas. Sara debería haberse sentido victoriosa. Había ganado. Había demostrado que el caos de Mateo no podía sobrevivir a la estructura. Pero entonces, vio la expresión de Chloe. No era solo una concursante perdiendo una prueba; era una mujer joven sintiéndose insuficiente, cuestionando si alguna vez sería capaz de encajar en la vida de alguien.
Un recuerdo punzante golpeó a Sara. Se vio a sí misma hace años, escuchando a un profesor decirle que su mente era brillante pero que su corazón era un desierto. Vio el daño que la frialdad calculada podía hacer. Miró a Mateo a través del cristal divisorio. Él no estaba enfadado por la derrota; estaba genuinamente preocupado por Chloe. Su empatía era real, y por primera vez, Sara sintió el peso asfixiante de su propia mezquindad. Había saboteado no solo a Mateo, sino a dos personas reales por un estúpido deseo de venganza.
—¿Qué has hecho, Sara? —La voz de Mateo llegó por el canal privado de los mentores. No gritaba. Sonaba derrotado, y eso fue mil veces peor—. Sé que has tocado el código. Leo no es así de cruel. ¿Tan bajo has caído por un contrato?
Sara no pudo responder. El nudo en su garganta era real. Intentó revertir los cambios en la consola, pero el sistema del Experimento del Deseo detectó la intrusión externa. Las luces de la casa pasaron instantáneamente a un rojo parpadeante y una alarma sorda vibró en el suelo.
"Sabotaje detectado", anunció la IA con una frialdad que heló la sangre de Sara. "La mentora Sara Durán ha manipulado los parámetros de comportamiento del sujeto Leo. Violación del protocolo de ética del Experimento del Deseo. Penalización inmediata: Suspensión de la prueba y Reconciliación Forzosa de Mentores."
Las puertas del atrio se cerraron, dejando a los solteros fuera. Sara y Mateo fueron guiados por el sistema de luces hacia la sala central. Ella caminaba con la cabeza baja, sintiendo el ardor de la vergüenza quemándole las mejillas. Cuando se encontraron frente a frente, Mateo no dijo nada, pero sus ojos estaban llenos de una decepción tan profunda que Sara prefirió mirar al suelo.
"El sistema no permitirá que el experimento continúe hasta que la disonancia entre los líderes se resuelva", continuó la IA. "Para restablecer la confianza, deben participar en el Protocolo de Exposición de Vulnerabilidades. Sus biosensores indican que ambos ocultan una verdad esencial sobre lo ocurrido hace tres años. No habrá salida hasta que la honestidad sea absoluta."
—¿Honestidad? —Mateo soltó una risa amarga—. ¿Cómo quieres que sea honesto con alguien que es capaz de sabotear a su propio pupilo para ganar una discusión? Eres increíble, Sara.
—Lo siento —susurró ella. Las palabras se sintieron como cristales rotos en su boca—. Tienes razón. Me pasé. Vi a Chloe y... me vi a mí misma. Solo quería ganar, Mateo. Solo quería demostrar que mi forma de ver el mundo es la correcta porque, si no lo es, entonces no sé quién soy.
Mateo se quedó en silencio, sorprendido por la confesión. Sara levantó la vista y sus ojos estaban empañados.
—Aquella cena... —continuó ella, con la voz temblorosa—. Te tiré el agua porque dijiste que yo no tenía manual de sentimientos. Y me dolió tanto porque era verdad. Siempre he tenido miedo de que, si dejo de calcular, me daré cuenta de que estoy vacía. Por eso te odio, Mateo. Porque tú pareces estar tan lleno de todo lo que a mí me falta.
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Editado: 15.02.2026