El Algoritmo Del Deseo

Capítulo 8: La Fuga de Datos

El escándalo se desató antes de que el sol volviera a besar los rascacielos. La noticia del sabotaje de Sara Durán en el Experimento del Deseo no solo se filtró a los medios; explotó. Los titulares sensacionalistas parpadeaban en todos los portales de noticias: "La Reina de la Lógica en Sabotaje: ¿Fraude en el Reality del Amor?", "Ética Cuestionada en FusionTech: Mentora Manipula a Solteros por Venganza". En cuestión de minutos, los correos electrónicos y las llamadas de emergencia empezaron a saturar los servidores de la casa. El algoritmo del caos había sido desatado, y Sara era el objetivo.

Sara estaba sentada en el salón, con los ojos fijos en el monitor principal donde su reputación se desmoronaba en tiempo real. Cada artículo, cada tuit de crítica, era un golpe directo a su identidad. Había construido su carrera sobre la infalibilidad y el control, y ahora todo se quemaba. El arrepentimiento era una brasa en su pecho, pero la vergüenza era un fuego incontrolable.

Mateo entró en el salón, su rostro grave y despojado de cualquier burla. No llevaba su camisa abierta de costumbre; esta vez vestía una chaqueta oscura y su expresión era una mezcla de furia contenida y algo más, algo que Sara no se atrevía a nombrar.

—El CEO está en la línea —dijo Mateo, su voz áspera, entregándole una tableta en la que la cara de Robert Vance, el todopoderoso CEO de FusionTech, parpadeaba—. Dice que quiere una explicación en cinco minutos. Y no va a ser una conversación fácil, Sara.

Sara tomó la tableta, sintiendo el peso de la culpa. —Lo sé. Esto es mi culpa. Lo arruiné todo. Para mí, para el programa, para FusionTech...

—No te atrevas a hablar en plural —interrumpió Mateo, su voz subiendo de tono—. Tú lo arruinaste, sí. Y casi arrastras a Chloe contigo. Eso no tiene que ver con los algoritmos, tiene que ver con la moralidad básica. No sé cómo vas a salir de esta, pero te aseguro que esto pone mi contrato en riesgo y la credibilidad de mi método por los suelos.

En ese momento, la voz de la IA, esa presencia omnipresente, anunció con una solemnidad inusual: "Llamada entrante de Robert Vance. Transmitiendo a la sala principal."

La pantalla holográfica central se encendió, mostrando el rostro de Vance, un hombre de negocios implacable, conocido por su visión futurista y su total falta de tolerancia al fracaso. Su mirada era como un láser.

—Durán, Vega —empezó Vance, sin rodeos, su voz resonando en el salón—. Los índices de audiencia del Experimento del Deseo se han disparado. Los analistas de medios están en un frenesí. Las redes sociales están ardiendo. ¿Quieren explicarme cómo el supuesto "sabotaje" de la mentora Durán ha logrado más atención que cualquier campaña de marketing que hayamos lanzado en años?

Sara se quedó petrificada. Esperaba una reprimenda, una amenaza de despido. No esto. Mateo miró a Vance con incredulidad, luego a Sara.

—Señor Vance, con todo respeto, el sabotaje fue una violación del protocolo ético —dijo Mateo, intentando mantener la compostura—. Pone en tela de juicio la integridad de todo el proyecto.

Vance soltó una risa seca que no llegó a sus ojos. —Vega, entiendo tu puritanismo, pero déjame ser claro: la integridad es un lujo que solo podemos permitirnos cuando somos relevantes. Y ahora, gracias a la "crisis de ética" de la señorita Durán, somos increíblemente relevantes. Nuestros inversores están llamando; no para quejarse, sino para felicitarme por la "estrategia de marketing viral".

Sara levantó la cabeza, confundida. —¿Viral? ¿Pero el programa está desacreditado? Yo...

—Precisamente, Durán —continuó Vance, inclinándose hacia la cámara, una nueva chispa en sus ojos—. La gente está harta de la perfección artificial. Están fascinados con el drama humano, con el conflicto real, con el hecho de que incluso la "Reina de la Lógica" puede perder el control por algo tan caótico como la emoción. Y lo que más les ha impactado, señores, ha sido el "Error en el Código Humano", el momento de vulnerabilidad que mostraron cuando la IA los obligó a reconciliarse. Los números de esa transmisión son astronómicos.

Mateo frunció el ceño. —Entonces, ¿no va a despedir a Sara?

—Despedirla sería un desperdicio de oro televisivo —respondió Vance con una sonrisa depredadora—. Al contrario, voy a duplicar la inversión. He estado buscando algo que eleve el Experimento del Deseo de un simple reality a un fenómeno cultural. Y la respuesta, curiosamente, no está en la compatibilidad perfecta de los solteros, sino en la imperfecta, caótica y explosiva tensión entre ustedes dos.

Sara y Mateo se miraron, procesando la información. La traición de Sara se había convertido, en las manos de Vance, en la mayor oportunidad de FusionTech.

—Mi nueva visión para el programa es simple —declaró Vance, sus ojos brillando con ambición—. El amor no es sobre encontrar a tu pareja perfecta. Es sobre cómo dos personas fundamentalmente diferentes aprenden a navegar sus propios conflictos y vulnerabilidades. La historia de ustedes, mentores, es el verdadero experimento.

—¿Nuestra historia? —preguntó Sara, con la voz apenas un susurro.

—Exacto. El público no quiere ver a robots enamorarse. Quieren ver a dos genios, a dos personas completamente opuestas, obligadas a confrontar sus prejuicios, su odio y, sí, su innegable atracción bajo el ojo de la cámara. Su "disonancia crítica" es lo que nos hará ganar el mercado. Por lo tanto, he tomado una decisión.

Vance hizo una pausa dramática. La tensión en el salón era palpable.

—El Experimento del Deseo ya no será solo un reality de emparejamiento. Será un estudio en vivo sobre la compatibilidad forzosa entre dos personas polarizadas: ustedes. Los solteros se irán. El contrato de FusionTech será para el mentor que logre demostrar, al final de la temporada, que su método es capaz de convertir el conflicto más profundo en una conexión duradera. Y para asegurar su compromiso, tengo un nuevo protocolo.




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