La Suite de Conexión amaneció sumida en una oscuridad tan absoluta que el concepto de espacio parecía haberse disuelto. Sara se despertó con el corazón martilleando contra sus costillas; no hubo resplandor ámbar ni simulacros de sol sobre el techo. Por un segundo, temió haber perdido la vista. Extendió la mano instintivamente buscando un punto de apoyo y sus dedos rozaron algo cálido y sólido: el brazo de Mateo. Él ya estaba despierto; su respiración pausada indicaba que llevaba tiempo observando la nada, esperando lo inevitable.
—No intentes buscar el panel de control —dijo la voz de Mateo en la penumbra, más cerca de lo que ella esperaba—. Lo he intentado tres veces. El sistema ha bloqueado toda la luminiscencia.
—¿Fallo en el suministro? —preguntó Sara, incorporándose. El roce de las sábanas de seda sonaba como un trueno en aquel silencio sepulcral.
—No lo creo. Esto huele a protocolo final.
"Buenos días, mentores", resonó la IA, aunque esta vez su voz no venía de los altavoces habituales, sino que parecía vibrar desde el suelo, envolviéndolos. "Iniciando Fase de Aislamiento Sensorial. El cerebro humano depende en un 80% de la vista para mantener sus barreras sociales. Hoy, esas barreras serán eliminadas. El objetivo: navegar la suite y completar la tarea de 'Sincronía Térmica' basándose únicamente en el tacto y la voz."
—Esto es una tortura legalizada —siseó Sara, tratando de ponerse de pie. Sin la referencia visual, el equilibrio le falló y tambaleó hacia un lado.
—Cuidado —Mateo la sujetó por la cintura antes de que cayera. Sus manos eran grandes y firmes, un ancla en medio de aquel vacío negro—. No te sueltes. Si te mueves sola, te vas a golpear con el borde de la consola. Olvida tu mapa mental, Sara.
—Puedo hacerlo, Mateo. He memorizado las dimensiones de esta habitación. Son seis metros por ocho, la consola está a tres pasos a mi derecha...
—Los datos no te sirven cuando no sabes dónde está tu propio "cero". Camina conmigo. Despacio.
Avanzaron como una sola entidad. Sara, que siempre había despreciado la dependencia, se encontró aferrada a la mano de Mateo con una fuerza casi desesperada. El mundo se había reducido a la textura de la alfombra bajo sus pies y al calor que emanaba del cuerpo de él. Sin la vista, sus otros sentidos se agudizaron de forma dolorosa. Podía oler el rastro de café frío en el aire, pero sobre todo, podía sentir la tensión eléctrica en los músculos de Mateo.
"Tarea de Sincronía Térmica activa", anunció la casa. "Deben localizar los dos puntos de contacto en los extremos opuestos de la suite y activarlos simultáneamente. Para lograrlo, deben separarse, pero el sistema solo registrará la pulsación si sus ritmos cardíacos están en fase de resonancia."
—¿Separarnos? —Sara apretó más la mano de Mateo—. En esta oscuridad es imposible orientarse sin un punto de referencia.
—Usa mi voz —dijo él, soltándola poco a poco. El frío de la habitación pareció filtrarse por donde antes estaba su mano—. Yo iré hacia el panel de la cocina. Tú ve hacia el ventanal. No dejes de hablarme. Si te callas, perdemos la referencia. Si te callas, nos perdemos nosotros.
Sara empezó a caminar, extendiendo la mano libre para palpar el aire. Cada paso era una batalla contra el pánico primario de lo desconocido.
—Sigo moviéndome —dijo ella, su voz temblando ligeramente—. He tocado el borde de la cama. Ahora estoy en el espacio abierto. Mateo, dime algo. Necesito saber que sigues ahí.
—Estoy aquí, Sara. Tres metros a tu izquierda. Estoy tocando la encimera fría. ¿Sabes en qué estoy pensando? —La voz de Mateo sonaba profunda, envolvente, llenando los huecos de la oscuridad—. Estoy pensando en que, sin luz, eres mucho más real. No hay trajes perfectos, no hay gráficos de FusionTech en tus ojos. Solo eres tú. Solo somos nosotros, sin el ruido del experimento.
—Eso es porque no puedes ver mis defensas —respondió ella, chocando finalmente con la superficie lisa del ventanal—. He llegado. He encontrado el sensor. Está vibrando.
—Yo también. Ahora, la parte difícil. Tenemos que sincronizar el pulso. Tenemos que sentir lo mismo al mismo tiempo.
El silencio volvió a caer, pero no era el vacío de antes. Era un silencio compartido. Sara cerró los ojos y trató de visualizar el ritmo de Mateo. Intentó recordar la sensación de su pecho contra el suyo durante el tango, el latido constante que la había calmado cuando todo lo demás fallaba.
—Mateo —susurró ella—. No puedo bajar las pulsaciones. Siento que el sistema nos está devorando.
—Olvida al sistema, Sara. Piensa en aquella cena de hace tres años. Pero no en el agua, ni en los gritos. Piensa en el momento previo. Cuando nos sentamos y te reíste por primera vez porque el camarero se tropezó. Fue un segundo, pero fue real. Quédate con eso. Quédate conmigo.
Sara respiró hondo. El recuerdo de su propia risa la inundó. Su corazón empezó a ralentizarse, encontrando un compás armónico con el que imaginaba de Mateo.
"Sincronía térmica alcanzada. Activando dispositivos."
Un clic metálico resonó y, de repente, una luz tenue iluminó solo sus manos sobre los sensores. Pero antes de que la luz general regresara, Mateo habló de nuevo, y esta vez su voz estaba justo detrás de ella. Se había movido en la oscuridad con una precisión asombrosa, guiado solo por el sonido de su respiración.
—Se acabó la prueba, Sara —dijo él. Sus manos se posaron sobre los hombros de ella, girándola lentamente—. Pero yo sigo sin querer encender las luces. No todavía.
—¿Por qué? —preguntó ella, con el corazón volviendo a acelerarse por una razón que ya no era el miedo.
—Porque en la oscuridad no tengo que fingir que no me muero por hacer esto. Porque aquí no hay cámaras que entiendan lo que siento por ti.
Mateo acortó la distancia final. En la privación sensorial, el beso no fue una colisión, sino una fusión necesaria. Fue el sabor de la redención y el fin de una guerra que había durado tres años. Sara no calculó el ángulo, ni la duración, ni las consecuencias para su carrera. Solo rodeó el cuello de Mateo con sus brazos, permitiendo que el caos la invadiera por completo.
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Editado: 15.02.2026