El Algoritmo Del Deseo

Capítulo 13: El Protocolo Sombra

El tiempo era un recurso que se evaporaba. Según el cronómetro de la IA, a Sara le quedaban exactamente cincuenta y dos minutos antes de que su acceso al sistema fuera revocado permanentemente y Julián tomara el control total de la suite.

—Si Julián detecta que estás intentando entrar en la terminal del sótano, cerrará la casa entera y llamará a las unidades de contención —advirtió Sara mientras abría un panel oculto detrás de la consola de la cocina, revelando una maraña de cables de fibra óptica—. Necesito que generes ruido, Mateo. Mucho ruido.

—¿Ruido del que le gusta a tu algoritmo? —Mateo sonrió con una frialdad que Sara encontró extrañamente reconfortante—. Me encargaré de que las cámaras vean lo que Julián quiere ver: un hombre roto teniendo un colapso nervioso. Eso mantendrá sus ojos en la pantalla principal mientras tú bajas por el ducto de mantenimiento.

Sara asintió, le entregó un pequeño dispositivo que había improvisado con los sensores térmicos de sus grilletes. —Esto emitirá una señal de interferencia local. Úsalo si los drones de vigilancia se acercan demasiado.

Sin una palabra más, Sara se deslizó por la escotilla de servicio. El aire en los niveles inferiores era frío y olía a ozono y metal estéril. Mientras descendía por la escalera metálica, su mente procesaba la información a una velocidad vertiginosa. Julián siempre había sido meticuloso, pero su arrogancia era su talón de Aquiles. Él creía que Sara estaba derrotada emocionalmente, y esa era la única ventaja que tenían.

Al llegar al Nivel -1, el pasillo estaba sumido en una luz azulada. Al fondo, la pesada puerta de la Terminal de Auditoría Central brillaba con un escáner biométrico.

—Estoy frente a la puerta —susurró Sara a través del intercomunicador de su oído—. Mateo, empieza ahora.

En el salón superior, Mateo comenzó su actuación. Empezó a tirar los muebles, gritando hacia las cámaras, increpando a Vance y a Julián. La IA de la casa se volvió loca, enviando alertas de "Inestabilidad del Sujeto" a la central.

"Advertencia: Sujeto Mateo Vega mostrando signos de crisis psicótica. Protocolo de sedación en espera", anunció la IA.

—¡Venga, Julián! ¡Mírame! —gritaba Mateo, rompiendo una silla contra el ventanal—. ¡Esto es lo que obtienes con tus datos limpios! ¡Un hombre que no tiene nada que perder!

En el sótano, Sara aprovechó el caos. El escáner biométrico pedía la retina de Julián. Ella no la tenía, pero tenía algo mejor: el rastro digital de la última vez que él se había conectado a la red de la universidad, un archivo encriptado que ella había guardado durante años por puro hábito profesional. Usando un bypass de código, engañó al sensor haciéndole creer que el escaneo era una validación remota del Auditor Jefe.

La puerta se abrió con un estruendo hidráulico.

Dentro, la terminal era el corazón de FusionTech. Miles de terabytes de datos de otros "mentores" y "sujetos" pasaban por allí. Sara comenzó a teclear con furia. No buscaba sus archivos; buscaba los de Julián.

—Vamos, Julián... sé que dejaste una huella —murmuró.

De repente, una carpeta oculta bajo un protocolo de encriptación militar llamó su atención: "Proyecto Espejo - Fase Beta". Al abrirla, el mundo de Sara se tambaleó. No eran solo datos de auditoría. Eran perfiles de personas que habían pasado por el experimento antes que ellos. Entre las fotos de los rostros demacrados y los informes de colapsos mentales permanentes, encontró un nombre que hizo que se le helara la sangre: Elena Vega.

—Mateo... —susurró por el intercomunicador, su voz quebrada—. He encontrado a tu hermana.

El silencio del otro lado fue absoluto. Por un momento, incluso los gritos de Mateo en el piso superior cesaron.

—¿Qué has dicho? —la voz de Mateo llegó fría como el hielo.

—Elena no fue una simple tester. Julián la usó para la Fase Beta del algoritmo de reconfiguración. Él fue quien... él fue quien la rompió, Mateo. No fue un accidente. Fue un experimento deliberado para ver cuánto podía aguantar una mente humana antes de ser sobrescrita por la IA.

En ese momento, las luces del sótano se encendieron con una intensidad cegadora.

—Es una lástima que seas tan curiosa, Sara —dijo la voz de Julián, resonando desde los altavoces de la terminal.

Sara se giró. Julián estaba en el umbral de la puerta, pero no estaba solo. Dos guardias de seguridad de FusionTech lo flanqueaban, y en su mano sostenía un dispositivo de pulso electromagnético.

—Has encontrado la única verdad que no debías conocer —continuó Julián, entrando en la sala con una calma aterradora—. Elena fue un sacrificio necesario para la ciencia. Y ahora, gracias a tu pequeño sabotaje y a tu incursión aquí, tengo la excusa perfecta para borrarte a ti también.

—Mateo lo sabe todo —dijo Sara, intentando ganar tiempo mientras sus dedos buscaban desesperadamente la tecla de "Subida Total" a la red pública.

—Mateo está siendo sedado en este momento —rio Julián—. Para cuando despierte, su memoria de esta última hora será un borrón confuso, y tú serás recordada como la mentora que perdió la cabeza y destruyó el laboratorio antes de huir.

Sara miró la pantalla. La barra de carga estaba al 85%.

—No me vas a detener, Julián. Los datos ya están saliendo.

Julián levantó el dispositivo de pulso. —No si quemo esta terminal antes de que termine la subida.

Un estruendo retumbó desde el ducto de ventilación encima de ellos. Antes de que Julián pudiera reaccionar, el pesado metal de la rejilla cayó al suelo y una figura se lanzó sobre los guardias con una ferocidad inhumana. Era Mateo. Tenía el rostro cubierto de sangre por haber forzado su camino a través de los conductos, pero sus ojos brillaban con una furia asesina.

—¡Termina la subida, Sara! —rugió Mateo mientras tacleaba a uno de los guardias, desarmándolo en un segundo.




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