El rugido de las turbinas de incineración era ensordecedor. Las paredes de la Suite de Conexión vibraban y un humo denso, con un olor químico punzante, empezó a filtrarse por los conductos. El "Protocolo de Purga" parecía el final definitivo.
—¡Sara, el búnker de servidores! ¡Es la única zona con refuerzo de grado militar! —gritó Mateo, protegiendo a Sara con su cuerpo mientras una hilera de luces del techo estallaba en chispas.
Corrieron desesperados por el pasillo del sótano. Sara sentía el calor lamiendo sus talones. Lograron deslizarse dentro de la cámara de seguridad criogénica justo antes de que una llamarada azul bloqueara el pasillo. La pesada puerta se selló con un estruendo metálico, dejándolos en una oscuridad absoluta, solo interrumpida por la luz roja de emergencia.
El silencio que siguió fue asfixiante. El espacio era tan reducido que sus pechos chocaban al respirar. El aire estaba viciado y el calor era insoportable.
—Estamos atrapados —dijo Mateo, su voz quebrada—. Se acabó, Sara. Vance va a borrarnos a todos para salvar su imperio.
Sara se apoyó contra la pared fría, temblando. —Lo de Elena... lo sabías. Sabías que Julián era capaz de eso y aun así seguiste perfeccionando esta mierda.
Mateo acortó la distancia, atrapándola contra el muro. El sudor corría por su cuello. —¡Te odio por eso, Sara! Te odio porque incluso ahora, mientras nos asfixiamos, no puedo dejar de pensar que eres la única persona que realmente me ha visto. ¿Me usaste? ¿Era todo parte de tu "simulación"?
—¡Fui una estúpida, Mateo! —estalló ella, agarrándolo por las solapas—. Pero lo que sentí cuando me besaste... eso no estaba en ningún contrato. Te odio por hacerme fallar, por ser la única variable que no puedo controlar con código.
Mateo no respondió con palabras. La besó con una furia desesperada, un beso que sabía a despedida y a una verdad brutal que solo surge ante la muerte. Sara respondió con la misma intensidad, un pacto de sangre en medio del desastre.
De repente, el rugido de las turbinas se detuvo en seco. El humo dejó de filtrarse. El calor empezó a descender a una velocidad antinatural.
"Simulación de Escenario de Crisis finalizada", anunció la voz de la IA, pero esta vez no era la voz de la casa, sino la voz calmada y satisfecha de Robert Vance.
Las luces blancas se encendieron con una intensidad quirúrgica. La puerta del búnker se abrió lentamente, revelando que el pasillo no estaba quemado. No había cenizas. No había fuego. Todo estaba intacto. Robert Vance y Julián estaban allí, observando sus tabletas con una sonrisa depredadora.
—Felicidades —dijo Vance, aplaudiendo suavemente—. Han completado la fase final: El Sacrificio de la Verdad.
Sara y Mateo se separaron, aturdidos, con los ojos rojos y el corazón todavía latiendo por una adrenalina que ya no tenía propósito.
—¿Todo... todo fue un simulacro? —susurró Sara, sintiendo una náusea profunda.
—La purga, el fuego, incluso la "huida" de Julián —explicó Julián, ajustándose la corbata con frialdad—. Necesitábamos ver si, ante la muerte inminente, el odio mutuo se transformaba en lealtad o en traición. Los datos son... exquisitos. Han pasado de enemigos declarados a aliados dispuestos a morir el uno por el otro en menos de sesenta minutos.
Mateo caminó hacia Vance, con los puños cerrados. —¿Y lo de mi hermana? ¿Lo que Sara encontró en la terminal? ¿También fue un decorado?
Vance mantuvo su sonrisa. —Oh, Mateo. Lo de Elena es muy real. Pero necesitábamos que Sara lo encontrara en el momento exacto de mayor tensión para medir su respuesta galvánica. El "Enemies to Lovers" es el motor más potente de la psique humana, y ustedes acaban de darnos la clave para comercializarlo.
Sara miró a Mateo, y luego a Vance. La humillación de haber sido manipulada hasta sus fibras más íntimas superaba cualquier miedo al fuego. Se dio cuenta de que el beso que acababan de compartir, aunque real para ellos, era ahora solo un punto más en la gráfica de Vance.
—Se acabó el experimento, Robert —dijo Sara, su voz volviéndose de acero—. Ya tienes tus datos. Déjanos ir.
—Al contrario, querida —respondió Vance, señalando las pantallas donde su sincronía brillaba ahora en un 100% perfecto—. Ahora que saben que no pueden confiar en nadie más que en ustedes mismos... es cuando empieza la verdadera fase de mercado. Bienvenidos a la fase de Exhibición Pública.
Mateo miró a Sara. Ya no había desconfianza entre ellos, solo una rabia gélida dirigida hacia el hombre frente a ellos. El experimento no había terminado; se había convertido en una jaula de cristal frente a todo el mundo.
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Editado: 15.02.2026