A mi amada esposa, el eco perfecto en mis noches más oscuras y
mi compañera incondicional en la luz.
A mi abuela, cuyas oraciones fervientes sostuvieron nuestras
almas en el abismo cuando nosotros no sabíamos cómo pedir ayuda.
Y de manera muy especial, a cada lector que hoy se encuentra
atravesando una prueba difícil. Que estas páginas te recuerden que
no estás solo, y que existe un Dios perfecto que nos entiende, nos
abraza y nos alienta a seguir adelante.
Nuestro Dios Proveedor, Dios Sanador y DIOS PERDONADOR.