El último punto sobre la neurotransmisión en el sistema límbico quedó plasmado en la pantalla con el parpadeo constante del cursor, fue un trabajo más o menos fácil, y desde tres días, por fin pudo terminar el exhaustivo trabajo para la facultad de Psicología. Maisy soltó un largo suspiro de alivio, estirando los brazos por encima de la cabeza hasta escuchar un leve crujido en la espalda,
Observo por ultima vez el archivo, titulado formalmente “Fundamentos de psicología fisiológica: correlatos neurobiológicos de la conducta” una última vez, y comprobando si todo está listo para enviarse, le ajusto bien las cosillas del formato Apa que le pedía la universidad para los proyectos universitarios.
Al lado del teclado descansaba un tazón morado donde estaban las últimas frutillas, Maisy tomó una fresa especialmente grande, brillante y carnosa, llevándosela a la boca, la pulpa cedió al primer bocado, liberando un jugo dulce y helado que le provocó un cosquilleo en la lengua.
«Jayden realmente tiene un don para elegir la fruta más jugosa del mercado, jamás aprenderé su truco», pensó con una leve sonrisa, recordando la devoción con la que él había seleccionado cada una esa misma mañana antes de irse al estudio.
Limpiándose los dedos con una servilleta, tomó el teléfono móvil de la mesa, desbloqueó la pantalla y abrió el chat de Jayden para romper el silencio de la casa.
Maisy: ¿Cómo van esos ensayos de la banda, estrella de rock? Por aquí ya sobreviví a los fundamentos fisiológicos de la mente
La respuesta no tardó más que un par de minutos en iluminar la pantalla.
Jay: ¡Hola, mi amor! Todo excelente por acá, afinando los últimos detalles de la próxima canción.
Maisy: Sin duda será un gran éxito, guapo. No te sobre exijas mucho, que debes estar fresco como una lechuga.
Jay: Tranquila Mai, todo estará bien. Aunque te extraño mucho, ya ansió verte mañana.
Maisy: Jaja, nos vimos hace una hora Jay.
Jay: Mucho tiempo. Descansa un rato, no te sobre exijas tu también. Mañana pasare por ti para nuestra cita en el hospital para conocer a frijolito.
Maisy leyó el mensaje un par de veces, sintiendo un calorcito reconfortante extenderse por el pecho, sonrió divertida al ver el apodo que le puso su novio hacia su hijo. Dejó el teléfono a un lado y deslizó lentamente la mano derecha hacia abajo, posando la palma abierta sobre su vientre plano. Bajo la tela suave de su pijama no había aún ningún bulto visible, nada que delatase la transformación silenciosa que ocurría en su interior; sin embargo, sabía con absoluta certeza que todo había cambiado.
Contaba ya seis semanas de embarazo. Mañana, tras esa cita en el hospital, la abstracción de las pruebas de laboratorio se convertiría en realidad, y a través del monitor helado de la ecografía, podría ver la pequeña manchita que empezaba a latir dentro de ella.
«Un pequeño embrión que ya está desarrollando su propio sistema nervioso, qué ironía seguir estudiando la mente humana mientras la vida misma se abre paso aquí adentro», reflexionó en un susurro mental mientras acariciaba la piel tibia de su abdomen. Sonrió para sí misma en la soledad de la habitación, inundada por una certeza tranquila y luminosa sobre el futuro que apenas comenzaba.
Maisy cerró la pantalla de su laptop y se puso de pie, estirando las piernas cansadas y salió de su habitación con paso tranquilo hacia la sala de estar. El espacio estaba sumido en una penumbra acogedora, tomó el mando a distancia, encendió la pantalla y puso una serie de minecraft, viendo a su streamer favorito, sacándoles unas cuantas risas, mientras esperaba la llegada de su madre.
«Un poco de entretenimiento ligero es justo lo que mi cerebro necesita después de tanta neuroanatomía», pensó con diversión, acomodando un cojín tras su espalda.
No pasaron muchos minutos antes de que se escuchara el chasquido metálico de las llaves girando en la cerradura. La puerta principal se abrió y entró su madre, cargando su bolso con el cansancio visible en la postura, pero con una sonrisa cálida en el rostro, como buena obstetra, sus días solían ser intensos y llenos de emociones imprevistas.
—¡Hola, mamá! Bienvenida —saludó Maisy levantándose del sofá para darle un abrazo.
—Hola, mi amor —respondió su madre, devolviéndole el abrazo con cariño y escaneándola de inmediato con la mirada atenta y profesional que nunca podía quitarse del todo—¿Cómo te has sentido hoy? ¿Tuviste alguna molestia con el bebé, náuseas o mareos?
—Para nada, todo perfecto —aseguró Maisy dedicándole una sonrisa tranquilizadora— Estuve casi toda la tarde concentrada trabajando en unos proyectos universitarios de la carrera, y cuando por fin terminé, decidí venir a la sala a descansar un poco antes de que llegaras.
—Me alegro mucho, recuerdas no sobrecargarte de estrés —dijo la madre mientras se quitaba el abrigo— Por cierto, tu padre tiene turno de noche en el hospital, así que lo más probable es que regrese de madrugada. Había un par de cirugías programadas bastante complejas.
La vida de un médico cirujano rara vez tenía horarios fijos, por lo que ambas estaban más que acostumbradas a esas ausencias nocturnas.
—Iré a quitarme este uniforme y a ponerme algo cómodo para estar en casa. No me tardo nada y preparamos algo de cenar —añadió Rosemary dirigiéndose hacia su dormitorio.
«Es agradable tener estos momentos a solas con ella, entre el trabajo de la facultad y las guardias del hospital de papá, a veces cuesta coincidir», reflexionó Maisy en silencio mientras caminaba hacia la cocina para ir adelantando las cosas, pero los momentos en que estaban todos juntos, son un recuerdo que siempre guarda en su corazón.
A los pocos minutos, su madre reapareció con ropa deportiva holgada y el cabello recogido en una coleta informal. Juntas comenzaron a preparar una cena sencilla pero saludable, cortaron vegetales frescos, pusieron a dorar un poco de proteína en la sartén y organizaron los platos en la encimera, para así cenar ambas en un silencio cómodo.
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Editado: 22.09.2026