A Maisy se le llenaron los ojos de lágrimas instantáneamente, sintiendo un nudo de felicidad pura en la garganta. Giró la cabeza para mirar a Jayden y lo descubrió con la boca ligeramente abierta, con los ojos fijos en el monitor y una lágrima solitaria rodando por su mejilla. Él se inclinó un poco para besarle la frente, sin soltarle la mano en ningún segundo, haciendo que Maisy también quisiera soltar las lágrimas, pero solo mantuvo una sonrisa conteniendo el impulso de llorar.
La doctora Claire continuó haciendo las comprobaciones de rutina, midió la longitud del embrión, revisó los ovarios de Maisy y verificó que todos los parámetros fisiológicos estuvieran dentro de los rangos completamente normales para el tiempo de embarazo. Tras limpiar el gel con una toalla suave, la médica se giró hacia ellos con una carpeta en la mano, anotando los datos antes de sonreírle a los jóvenes.
—Todo marcha de maravilla, chicos. Les confirmo que la evolución es impecable. ¿Les gustaría llevarse una copia impresa de la ecografía?
—¡Sí, por favor! —respondieron ambos al unísono, sacando una breve carcajada a Claire.
Mientras la impresora del ecógrafo emitía el característico sonido de impresión, la doctora les entregó una serie de recomendaciones esenciales, como mantener una buena hidratación, continuar con el ácido fólico, evitar el estrés universitario y descansar lo suficiente.
Minutos después, tras agradecer a la médica y despedirse, Maisy y Jayden salieron del hospital tomados de la mano. El aire de la tarde los recibió en la escalinata principal, ambos se detuvieron a un lado del camino y Jayden sacó del bolsillo la pequeña tira de papel térmico con la ecografía. Ambos se inclinaron sobre la imagen en blanco y negro, contemplando con admiración y ternura la fotografía de su querido bebé, sabiendo que ese era apenas el primer paso de la aventura más hermosa de sus vidas.
—Es hermoso. —Murmuro ella admirando la imagen.
—Lo es, y muy pequeño. —Le respondió el pelinegro sonriendo.
Jayden la acompañó a la parada de transporte y la despidió con un beso suave en la frente, de esos que lograban espantar cualquier rastro de cansancio. Maisy emprendió el camino de regreso a casa sosteniendo la tira de la ecografía como si fuera el objeto más valioso del mundo, sabía que esta vez, Jayden no podía acompañarla por tener ensayos en su banda, y ella no quiere impedirle que ensayara.
En cuanto cruzó la puerta de su casa, fue directo a su escritorio en la habitación y guardó la pequeña fotografía en blanco y negro dentro de una agenda personal, sonriendo al verla una última vez antes de cerrar la libreta, se miro en el espejo, volteando de lado, observando una pequeña protuberancia asomarse.
«Mi pequeño bebe, no fuiste planeado, pero ya ansió conocerte» pensó antes de ir a acomodarme en la silla, para repasar los apuntes de sus próximos exámenes universitarios, pero a los pocos minutos soltó un ligero bufido de diversión al darse cuenta de un detalle evidente.
«Pero qué distraída soy, la salida al cine jamás se iba a concretar la próxima semana», pensó mientras se daba un suave golpe en la frente. Había olvidado por completo que tanto Lexi como Emilia formaban parte de la banda de Jayden; si los chicos viajaban a otra ciudad para el concierto, la mitad del grupo de amigas estaría sobre el escenario, todavía estaría Kristen, podían ambas asistir, pero era la película favorita de las cuatro y prometieron verlas juntas, así que promesas eran promesas, no podían verlo sin las demás, y no había nada interesante para ver, pero debía consultar primero.
Decidida a no estresarse, Maisy cerró los libros temprano para darle un merecido descanso a su cuerpo y dejar que la banda ensayara sin interrupciones durante la tarde, y ya entrada la noche, mientras descansaba sobre la cama con el teléfono en la mano, abrió el grupo de chat donde estaban las cuatro.
Maisy: Chicas, caí en cuenta de que el cine de la próxima semana no va a poder ser porque la mitad de la mesa estará de gira musical ¿La salida se traslada a otra fecha?
Escribió en el chat, esperando una respuesta, y la primera en responder fue Emilia.
Emy: ¡Ay, Maisy! Sí, totalmente. Habrá que posponer la noche de películas para cuando regresemos del show, adiós de ver somos mentira.
Krisy: ¡Tranquilas! Podemos verla otro día, además les deseó suerte, lástima que están algo lejos y mi madrecita querida se pondría histérica si le pido salir.
Lex: ¡Gracias! Y a la próxima, intentaremos hacerlo aquí, y te dedicaremos una canción si logras venir.
Krisy: Si es aquí, si suplico, tal vez en ocho años si me lo de.
Emy: Jajaja, pero aun así siempre nos miras en vivo.
Maisy: Cada vez se me hacen más famosos, que no se les suba la fama. Y sobre la peli, ¿la posponemos entonces?
Lex: ¿Y por qué posponerla? ¡Vente con nosotros al concierto! A ti si te dejan, y te prometo que te dedicaremos absolutamente todas las canciones desde el escenario, si es que no lo quiere hacer Jayden ya.
Maisy soltó una carcajada al leer el mensaje. «Conociendo a Lexi en la batería y a Emilia en el piano, son capaces de parar el concierto solo para hacer un saludo embarazoso», imaginó entre risas antes de teclear su respuesta.
Maisy: Ja, ja, ja, ¡ya veremos! Lo voy a pensar.
Al dejar el teléfono sobre el pecho, se quedó contemplando el techo de la habitación, evaluando la idea. Sabía muy bien que, si decidía viajar para ver a Jayden cantar, su experiencia no sería la de una espectadora común entre el público. Por el simple privilegio de ser la novia del vocalista principal, le tocaría estar tras bambalinas, moviéndose como parte del equipo de asistencia, entre cables, estuches de instrumentos y el bullicio tras el escenario.
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Editado: 22.09.2026