El Amor Entre Millones

Capítulo 11

Capítulo 11

La cabeza no ha dejado de palpitarme, siento que estoy flotando y al mismo tiempo no logro concentrarme.

Alba no ha parado de llorar y aferrarse a Evan en un abrazo como si se tratase de un solo de peluche. Estamos de camino al aeropuerto, soportando con esfuerzo la sensación de perdida que se ha creado a nuestro alrededor.

Hoy, no fue mi mejor día en absoluto, despertar antes de lo previsto me dejo con la mareada y cansada. Apenas daban las cuatro de la madrugada cuando nos vimos obligadas a salir de la casa de Evan. No tuve mucho tiempo para preparar mis cosas así que solo llevo algo de ropa que Evan saco de la casa de nuestros padres y lo que pudo recuperar de mi cuarto. Y todo este ajetreo solo era parte de Evan ya que había cambiado la hora de nuestro vuelo.

La lluvia nunca ha ayudado ante una situación tan extrema como en la que me encuentro, las gotas de agua que chocan contra las ventanillas del coche me deprimen y hace que un nudo se instale en mi garganta, lista para liberarse y llorar, pero no puedo simplemente dejarme llevar por mis emociones, en este momento yo no soy exactamente quien necesita el apoyo, sino Alba que se robó toda la atención.

El cielo esta oscuro y para mí mala suerte eso no impidió el vuelo.

—llegamos —la voz de Evan me saca de mis ensoñaciones.

Respiro lo más que puedo para darme las fuerzas necesarias para seguir con toda esta locura.

—no quiero dejarte solo —Alba se encuentra parada fuera del coche, Evan sostiene un paraguas para protegerlos, mientras yo sigo sentada dentro del coche, sin ganas de salir.

Los compañeros de mi hermano que nos escoltaron en dos coches diferentes, están parados esperando a que abordemos el avión privado.

—todo terminara cuando encuentre al culpable de todo esto —Evan intenta reconfortarla.

¿Y qué hay de mí? ¿Quién me ayuda a sobrellevar todo esto?

La imagen de mis padres aparece en mi mente llenándome de un sinfín de dudas y anhelos.

Solo eso necesito para salir del coche. La lluvia moja gran parte de mi ropa, sin embargo, eso es lo que menos me importa. Rodeo el coche para llegar a mi hermano que sigue consolando a Alba.

—quiero hablar con mamá y papá —exijo.

—no puedo, lo siento —se disculpa.

—¿Dónde estás? —pregunto.

Su paradero es lo que mas me preocupa ahora que todo empeoro.

—ya te lo dije —indica.

—pero quiero saber si están bien y también despedirme, por favor —ruego.

—Violet…

—Evan por favor.

—no puedo hacerlo. No puedo exponerlos de este modo —indica.

Respiro para despejar todo lo que me atormenta. Necesito ser fuerte para sobrellevar todo esto, necesito tranquilizarme y entender.   

—Violet —Evan me llama— ¿estás bien? —pregunta angustiado.

—si —miento porque la verdad no me siento muy bien.  

—todo va estar bien —asegura— subamos al avión —el agua ya me afecta en este instante, pero igual decido seguirlo hacia el jet privado.

Cuando ingresamos, Evan y Alba permaneces hablando por unos minutos, puedo notar que tanto Evan como Alba no quieren separarse he intentan alargar cada segundo juntos.

—deben irse —finalmente dice Evan dejándole un último beso a Alba e hincándose para alcanzar su abdomen en donde también deja un beso cariñoso. Luego segundos largos se reincorpora.

—te amo.

—también te amo —Alba está muy sensible o tal vez el alejarse del amor de tu vida te lastima tanto— a ti también Enana —me abraza.

Mis ojos se humedecen sin poder contenerme.

—te quiero mucho —me separo para observarlo. Su expresión no da a otra cosa que no sea tristeza—. Volverás ¿verdad? —pregunto o más bien exijo—, por tu hijo, por tu esposa y tu familia.

—lo intentare.

—no es la palabra que espero —indico—. Quiero que lo asegures.

—no puedo…

—por favor —sus ojos me miran mientras su expresión cambia a una que alcanzo a descifrar.

—si —es lo único que recibo antes de que deje el avión.  

La soledad me acompaña durante el viaje, al menos agradezco que Alba yazca durmiendo y que haya parado de llorar.

Mi hermano me explico todo antes de partir. Me dijo que terminaría mi último año de la universidad sin problemas, él mismo se encargó de hacer mi trasferencia a una universidad en Canadá. También me dijo que no viviría en el campus además que me prohibió trabajar ya que su amigo se encargaría de todos nuestros gastos.

Durante el resto del viaje, me encuentro escuchando música a través de mis audífonos y sollozando sin que nadie me observe, odio que me vean llorar.

—señorita llegamos —no me di cuenta del momento en el que el avión aterrizo.




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