El anuncio de matrimonio

Capítulo 14

¡Basta, Sonia!, me reprendo a mí misma. No debo dejar volar mi imaginación y hacer conjeturas que no vienen al caso. Para saber la verdad, tengo que demandarla de mi esposo.

Entro al comedor. La plática cesa al instante. Ambos hombres se giran para verme y se ponen de pie en sincronía.

—Buenos días, mi querida. Ya me preguntaba a qué hora te ibas a levantar —me saluda a Walter con una sonrisa limpia, sin un gramo de vergüenza de que su posible hijo bastardo esté delante de mí.

—No te escuché llegar o despertar esta mañana. Estaba muy exhausta —me excuso.

La distancia en mi voz me hace sonar inusitadamente dura, tanto así que yo misma me sorprendo. Hasta ahora nunca he empleado otro tono con Walter que no sea el de la más absoluta dulzura. Si algo amerita el cambio, es esto.

—Me alegra que hayas descansado —dice Walter y sus ojos viajan rápidamente hacia Xavier antes de volver a mí—. Tengo entendido que ya conociste a Xavier.

—Sí, anoche tuvimos la oportunidad de charlar —digo secamente y, de inmediato, caigo en cuenta de lo grosera que estoy siendo—. ¿Cómo te encuentras, Xavier? ¿Pudiste dormir? —Suprimo cualquier rastro de recelo en mi voz. Xavier acaba de perder a su madre, lo mínimo que puedo hacer es tratarlo con amabilidad.

Aun si en verdad es el hijo ilegítimo de Walter y Raquel, es algo que estuvo fuera de sus manos. Xavier es tan inocente como yo en este asunto.

—Sí, muchas gracias, señora Moss. La habitación es muy cómoda —dice él en voz cálida.

—Te agradezco el haberle ofrecido a Xavier el cuarto de visitas. Fue una decisión acertada de tu parte —celebra Walter.

Mi esposo camina hacia mí y, una vez que me tiene enfrente, toma mi mano y la besa.

—Nada que agradecer, es un placer que se quede con nosotros el tiempo que guste —digo mirando directamente a Xavier.

El chico esboza una débil sonrisa de agradecimiento antes de girarse hacia la ventana.

—Gracias —musita Walter en voz apenas audible y vuelve a besar mi mano.

No me agradezcas, explícame quién narices es este muchacho, le exijo a gritos en mis pensamientos.

Ahora no puedo, pero en cuanto tengamos unos minutos a solas tendré una larga plática con mi marido.

Los sirvientes traen la comida y los tres tomamos nuestros lugares para ingerir los alimentos.

—Mandaré una nota al colegio para explicar por que no asistirás a clases y luego mandaré otra al comandante de la Guardia Real para que sepa dónde encontrarte —dice Walter mientras comemos.

—¿Para qué necesitarían saber dónde encontrarlo? —pregunto confundida.

—Para sus indagaciones —aclara Walter.

Palidezco al entender. Por supuesto, la Guardia Real está en plena investigación por el asesinato de Raquel Eden y tendrán que notificar a su hijo de sus avances.

—Si no te importa, quisiera seguir asistiendo al colegio, —interviene Xavier, mirando hacia la cabecera de la mesa donde se encuentra Walter.

Mi esposo da un respingo, su rostro pierde color.

—No sé si eso sea recomendable, hijo. Acabas de sufrir una pérdida enorme. Necesitas tiempo. Además, hoy es el entierro —argumenta, abiertamente desconcertado por la postura del joven.

—Pero será hasta la tarde. No es necesario que falte a clases para estar ahí —refuta Xavier—. Este es mi último año, no quiero retrasarme del resto de mis compañeros.

—Hijo…

—Puedo lamentar la muerte de mi madre en cualquier sitio. No necesito quedarme encerrado para hacerlo.

Aunque concuerdo con Walter en qué sería más conveniente que Xavier se tome unos días para pasar su luto, también entiendo la necesidad del muchacho de no quedarse quieto. Lo que vivió no es poca cosa. Su madre fue asesinada en su propio hogar, posiblemente mientras él dormía en la recámara de junto, debe ser terrible estar a solas con esos pensamientos. Puede que le convenga más seguir con su rutina, ver a sus amigos de la escuela y distraerse.

Miro de reojo a Walter esperando su contestación. Mi esposo parece haberse quedado sin argumentos.

—Bien, si es lo que deseas, adelante —cede Walter sin convencimiento—, pero te pido que vuelvas a casa directamente al terminar las clases. Sonia estará aquí esperándote.

Asiento con una sonrisa para confirmar lo dicho por mi esposo. Habría sido considerado de su parte preguntarme si quiero quedarme en casa a esperar a quien a todas luces es su hijo ilegítimo, pero no voy a ponerme a protestar enfrente de Xavier.

—Gracias, Walter —dice el joven.

¿Walter? ¿Dónde quedó el doctor Moss? Llamar a un adulto por su primer nombre es extremadamente maleducado, impensable a menos de que exista mucha familiaridad… Un granito más a mi frasco de sospechas, pero, si Xavier fuera realmente su hijo, ¿no lo llamaría papá?

Xavier se levanta de su asiento con mucho cuidado para que las patas de la silla no raspen contra el suelo de madera.

—Debo irme ya.

Walter consulta el reloj de bolsillo que lleva en su saco y arruga la frente. ¿Es muy temprano? ¿Es muy tarde? No tengo idea de a qué hora empiezan las clases del prestigioso Colegio del Este. Lo único que sé de ese sitio es que es costoso y que asisten los hijos de los caballeros más renombrados de Encenard.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.