El anuncio de matrimonio

Capítulo 16

El almuerzo ya está sobre la mesa, me levanto de mi asiento y salgo del comedor hacia la sala para consultar el reloj de péndulo que se encuentra sobre la chimenea.

Es la tercera vez que vengo a revisar la hora. Xavier debió haber llegado hace rato del colegio, pero no hay señales de él.

¿Habrá vuelto a casa por sus pertenencias? Es improbable; en la mañana, Walter le ofreció llevarlo en el carruaje más tarde. No tendría sentido que fuera solo y a pie. Pero entonces, ¿dónde está?

Cabe la posibilidad de que se haya ido con amigos. Sin embargo, Walter también le dejó abundantemente claro que yo iba a estarlo esperando en casa cuando acabaran sus clases y Xavier no parece ser la clase de muchacho irresponsable que ignoraría una cosa así. Aunque, tal vez estoy asumiendo demasiado. Solo tengo un día de conocer a Xavier, ignoro la clase de muchacho que es realmente.

Vuelvo al comedor, resignada a esperar, pues no tengo otra cosa que hacer.

Mentira, sí que tengo otras cosas que hacer, como devanarme los sesos pensando en el primer anuncio de matrimonio.

Los Kaplan jamás mencionaron que yo fuera el segundo intento por encontrarle esposa a Walter. Siempre manejaron el asunto como algo que se les había ocurrido al momento. ¿En qué más me han engañado? ¿Y qué pasó con el anuncio anterior? ¿Encontraron a alguien y no funcionó? ¿Nadie contestó a la oferta? Esta cuestión me tiene muy intranquila, los Kaplan jamás fueron de mi agrado y esto no hace sino incrementar mi recelo hacia ellos.

Lamentablemente, solo Joana y Damián podrán darme una respuesta respecto al anuncio y no estoy convencida de confrontarlos. Tal vez se tomen a mal que los cuestione. Por ahora, tengo mucho con que lidiar en casa y no me parece conveniente empezar una disputa con nuestros vecinos.

Después de unos instantes, me vuelvo a poner de pie por reflejo. Ya voy de nuevo a la sala, pero detengo mis pasos. Las manecillas del reloj deben seguir casi en el mismo lugar desde la última vez que lo consulté; solo estoy yendo por tener algo que hacer. En lugar de eso, cambio de rumbo y me dirijo a la ventana. Si no veo a Xavier acercándose a la casa, al menos me distraeré mirando la calle.

Aparto el visillo. El estómago se me va a los pies, en mi garganta se atora una exclamación de sorpresa.

Aquí está Xavier, justo enfrente de la casa, pero no está solo, Alexa está con él…

No tendría nada de inusual que dos jóvenes de edad similar interactuaran o incluso que fueran amigos, excepto que Xavier y Alexa no están charlando amistosamente, ¡están discutiendo!

Desde mi posición, no alcanzo a escuchar lo que se dicen, pero no tiene pinta de ser agradable. El rostro desesperado de él y el ceño fruncido de ella me deja saber qué, lo que sea que los une, no es una amistad.

Alexa suelta lo que parece ser una sarta de amenazas hacia Xavier y luego se gira hacia su hogar. Él la toma del brazo y la jala hacia él con brusquedad. Alexa, tan delgada como es, se tambalea. Trata de soltarse, pero él la vuelve a jalar. Impulsada por su ira, Alexa logra estabilizar sus pies, se gira hacia Xavier y le cruza el rostro de un bofetón. Él libera su agarre al momento del impacto y ella aprovecha para echarse a correr a su casa.

Xavier va a perseguirla, pero se engarrota en su sitio cuando la puerta de los Kaplan se abre y Joana sale de su hogar.

Él queda con los pies anclados al suelo unos instantes, tras lo cual se gira para precipitarse hacia nuestro hogar.

Joana lo sigue con la mirada, sin saludarlo o establecer ninguna interacción con él. Xavier tampoco con ella, a pesar de que claramente sabe que la vecina está ahí.

Segundos después, se abre la puerta principal.

—Señora Moss, estoy en casa —anuncia el muchacho desde el recibidor en el mismo tono afable de la mañana.

Salgo del comedor a trompicones.

—¿Qué narices fue eso? —lo confronto en voz golpeada.

Xavier da un respingo y luego un paso hacia atrás, desconcertado por mi recibimiento.

—Lamento llegar tarde, tuve dificultades para completar unas tareas y el profesor me hizo quedarme más tiempo —se empieza a justificar.

—No estoy hablando de la hora, me refiero a lo que le hiciste a la hija de los vecinos. ¿Crees que esa es forma de tratar a una señorita? —Mis palabras destilan enojo e indignación.

El rostro de Xavier palidece.

—¿Nos vio? —pregunta con la boca seca.

—Sí, los vi. Xavier, pudiste haberla lastimado. Ese comportamiento no es propio de un caballero.

—Ella me abofeteó —señala él.

—Se estaba defendiendo —replico, intransigente.

Xavier me mira unos instantes, me da la impresión de que está buscando cómo justificarse. Tras unos segundos de silencio, deja caer los hombros y luego la cabeza.

—Lo siento mucho, señora Moss, mi comportamiento no tiene excusa —dice con lo que parece genuina vergüenza.

—En eso estamos de acuerdo, no la tiene, pero quiero saber qué fue lo que pasó. ¿Por qué discutían?

En ese momento, la puerta principal vuelve a abrirse. A espaldas de Xavier, Walter cruza el acceso.




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