El Aroma de lo Prohibido

CAPITULO 3

YULI

Al verlo ahí, esperándome a la entrada, mi corazón dio un vuelco y de inmediato desvié la mirada. Sabía que si lo miraba un segundo más, no sería capaz de contenerme, y toda esa emoción que intentaba ocultar se me escaparía sin remedio. Solté un suspiro tembloroso y me acerqué a saludarlo, tratando de disimular lo mucho que me alegraba verlo.

—Buenos días —dije, con voz más firme de lo que sentía.

Nicolás me miró y, sin decir nada más, me extendió la mano. En cuanto nuestras manos se tocaron, sentí algo tan intenso que me dejó sin aliento; fue como si las estrellas bajaran hasta mí y me envolvieran por completo. Sentí tanta alegría que dolía, pero al instante me obligué a reaccionar. No podía seguir dejándome llevar por lo que sentía. Aparté la mano de golpe, sin saber qué decir, aturdida y confundida.

—Nos vemos luego —atiné a murmurar, y entré de prisa a mi oficina, cerrando la puerta tras de mí.

Me quedé apoyada contra la puerta, sintiéndome mal por lo que acababa de hacer. Nicolás siempre se portaba tan lindo conmigo… pero yo no podía permitir que esto siguiera. No cuando veía a Sofía tan ilusionada con él. No quería lastimarla, no quería que ella sintiera ni la mitad de ese dolor que yo sentí el día que Brais se fue de mi lado sin explicación. Y aunque en el fondo me partía el corazón tratarlo así, sabía que era lo correcto.

Desde mi oficina lo observé a través del cristal. Noté de inmediato que mi manera de actuar lo había dejado confundido, que no le había gustado mi frialdad. Poco después vi cómo Sofía se acercaba a su escritorio, y en ese momento no pude evitar sentir un poco de celos, una punzada aguda que me atravesó el pecho. Ahí estaba yo, mirando a mi amiga conversar con él, y me pregunté por qué no podía ser yo quien estuviera ahí, hablando con él. Pero la culpa y el miedo no me dejaban en paz.

De pronto recordé ese día que salimos juntos, el día en que por un momento logré olvidar todo el dolor que me estaba destruyendo. Nicolás… él hizo que por unas horas todo fuera diferente. Y justo en ese momento vi que Sofía se acercaba a mi puerta.

Entró un poco desanimada, y no tardé en preguntarle: —¿Qué te pasa? Te veo preocupada.

—Es Nicolás —me respondió ella, con voz suave—. Lo veo muy decaído hoy, y no sé qué le pasa.

Yo fingí no saber nada y asentí con tranquilidad… pero sabía perfectamente por qué estaba así. Sabía que era mi culpa. Que mis palabras frías, el haber apartado su mano con indiferencia, lo habían lastimado. Y ahí estaba yo, lastimándolo a él para protegerla a ella. Entonces, sin pensarlo mucho, le pregunté: —Dime, Sofía… ¿de verdad amas a Nicolás, o solo es un gusto pasajero?

Ella me miró a los ojos y respondió sin dudar: —Creo que me estoy enamorando de él, Yuli. De verdad.

En ese instante lo entendí todo. Tenía que frenar lo que estaba naciendo entre Nicolás y yo. No podía seguir así.

Al salir del trabajo, lo encontré esperando afuera. Mi corazón dio un vuelco, pero me obligué a mantenerme firme. —Nicolás, ¿podemos hablar un momento? —le dije.

Él se iluminó de inmediato, como si hubiera estado esperando ese momento. —Claro que sí —respondió con una sonrisa—. ¿Te parece si vamos al parque donde fuimos la vez pasada?

Asentí. El camino fue silencioso, y cuando llegamos, el aire se sentía extrañamente frío, como si el cielo mismo supiera lo que estaba por hacer. Nicolás me miró con esa ternura que tanto me costaba resistir y me preguntó: —¿De qué quieres hablar, Yuli?

Respiré hondo, tratando de que mi voz no temblara. —Sabes… creo que le gustas a mi amiga Sofía. Ha estado muy preocupada por ti todo el día. Deberías prestarle atención, hablar con ella… se nota que le importas mucho. Mi amiga es una persona maravillosa, siempre tan dulce y atenta. Gracias a ella pude salir de uno de los peores momentos de mi vida. Merece que la tomes en serio. Solo quería decirte eso. Adiós, Nicolás.

Me di la vuelta y me fui, sin esperar su respuesta, sin mirar atrás. Sabía que si lo hacía, me quedaría. Mientras caminaba, sentía que el pecho se me partía en mil pedazos. Me dolió cada palabra que dije, cada paso que me alejaba de él. Pero lo hice por ella… o al menos eso me repetía para convencerme.

Al llegar a casa, me encerré en mi habitación, me dejé caer sobre la cama y me quedé mirando al techo, sintiendo que otra vez me quedaba sola. Una lágrima rodó por mi mejilla. —¿Por qué estoy llorando? —me pregunté en voz alta, aunque sabía la respuesta perfectamente.

Lloraba por él. Por Nicolás. Por todo lo que podría haber sido y no será.

Pasé toda la noche dándole vueltas a lo que había pasado, preguntándome qué habría pensado él al escucharme decir todo eso. Me sentía vacía, como si una parte de mí se hubiera quedado allá en el parque, junto a él.

A la mañana siguiente, al entrar a la empresa, lo vi ahí, de pie, mirándome. Me acercó y me saludó con su amabilidad de siempre, pero… algo había cambiado. Ya no sentí esa conexión, esa chispa que antes nos unía. Y creo que él tampoco. —Buenos días —le dije, con voz seca, y pasé de largo hacia mi oficina.

Me quedé ahí sentada, pensando en él, en lo que le había dicho, en lo que estaba haciendo… y entonces escuché que alguien llamaba a mi puerta. Toc, toc. Levanté la vista, con el corazón otra vez en la garganta.

Me quedé mirando la puerta, y el corazón se me aceleró: ¿será Nicolás? Con las manos un poco nerviosas dejé que pasara, y al abrir vi que era él. Traía en las manos los papeles que Sofía me había pedido. En ese instante no supe si sentirme feliz o incómoda, pero me quedé callada esperando. Nicolás me los entregó, y noté que esta vez no había en él esa intención de quedarse a conversar como antes. Aun así, me preguntó con voz tranquila: —¿Necesitas ayuda con algo más?

—Sí, gracias —respondí sin dudar—, me vendría bien que revisemos esto juntos.

Nos pusimos a trabajar lado a lado, y por un momento todo volvió a sentirse bien… hasta que la puerta se abrió de nuevo. Era Sofía. —¿Puedo ayudarlas? —nos preguntó con una sonrisa. —Claro que sí, pasa —le dije con amabilidad.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.