El Aroma de lo Prohibido

CAPITULO 4

Yuli

Entonces, sin pensarlo, los seguí de cerca. Los vi caminar juntos, y de pronto, Nicolás tomó la mano de Sofía. En cuanto vi que iban tomados de la mano, no pude evitar sentir una punzada fuerte en el pecho, unos celos que me dolieron hasta el alma. Pero seguí caminando detrás de ellos, sin poder detenerme. Los vi entrar a un café, y me quedé parada afuera sin saber qué hacer: ¿me voy o entro a escondidas? Al final, la curiosidad pudo más y decidí entrar. Me senté en una mesa muy lejos de ellos, me cubría la cara con la carta del menú fingiendo leer, pero en realidad solo me asomaba para ver qué hacían. Ahí estaba yo, ocultándome, mirándolos a escondidas… cuando de pronto escuché una voz muy fuerte:

—¡Yuli! ¡Qué sorpresa verte aquí!

Era Dante. Gritó tan fuerte que me quedé helada. Para que no me descubrieron, lo tomé de la mano de un tirón y lo saqué corriendo del café.

—¿Qué pasa? —me preguntó confundido.

—No me gusta este lugar —le dije—, vayamos a otro lado.

Él insistió en volver a entrar, me dijo que solía frecuentar ese café y que le gustaba… pero insistí en irnos a otro sitio. Al final aceptó, pero con una condición:

—Está bien, nos vamos… pero a cambio tienes que aceptar que iré diario a la empresa.

No tuve más opción que aceptar. No quería que me descubrieran.

—Está bien, acepto —le dije—. ¿A dónde vamos entonces?

Él sonrió muy alegre:

—Conozco el lugar indicado, ven conmigo.

Fuimos a un restaurante precioso, muy elegante, con cubiertos de plata y una iluminación dorada que lo hacía ver especial.

—¿Por qué me trajiste a un lugar así? —le pregunté.

—Es una cena muy especial —respondió—. Es mi manera de agradecerte por todo lo que me estás enseñando.

—No era para tanto —le dije, pero él ya llamaba al mesero y pidió lo más caro del menú. No sabía si quería impresionarme o de verdad solo agradecerme, pero cenamos tranquilos.

Al salir me despedí de él, pero no quería irse todavía. Me propuso ir a caminar un rato más, pero ya estaba muy cansada y le dije que no. Él lo entendió y nos despedimos. Cuando ya me iba, desde lejos me gritó:

—¡Mañana nos vemos, Yuli!

Solo le hice una seña y seguí mi camino. Al llegar a casa, me tiré en la cama y no dejé de pensar qué habrían hecho Sofía y Nicolás en el café. Me quedé dormida con esa duda dando vueltas en mi cabeza.

A la mañana siguiente me alisté y fui directo a la empresa. Al llegar, los vi ahí, muy contentos conversando entre ellos. Me acerqué y los saludé, tratando de sonar normal:

—¿Por qué tan felices? —pregunté fingiendo no saber nada.

Sofía me miró emocionada y me dijo de golpe:

—¡Nicolás aceptó ser mi novio! ¡Ya somos novios!

Novios… —susurré para mis adentros sintiendo que el aire se me escapaba. No supe qué decir, no supe cómo reaccionar. En cuanto ella dijo eso, me quedé tiesa, completamente impactada. Solo pude forzar una sonrisa y decir:

—Muchas felicidades…

Pero noté que Nicolás no dejaba de mirarme. Yo no pude sostenerle la mirada, me di la vuelta y me fui directo a mi oficina. Me quedé sentada ahí por un largo rato, sin poder asimilarlo. Nicolás ya tenía novia… y era mi amiga. La tristeza me invadió y no pude contenerme.

De pronto escuché gritos afuera. Era Dante. Salí de inmediato y vi que estaba discutiendo con Nicolás, casi enfrentándose. Corrí, tomé a Dante de la mano y me lo llevé a mi oficina sin decir una palabra. Nicolás me miró entrar con él y pude ver en su mirada que se sentía enojado.

Al cerrar la puerta le dije con voz firme:

—¿Qué te pasa? ¡No puedes hacer esos escándalos y menos aquí en la empresa!

—Es que ese empleado tuyo me cae mal desde el primer día que lo vi —respondió él molesto.

Lo tomé de los hombros y le dije seria:

—Que sea la última vez que tienes un conflicto así con él, ¿entendido?

—Lo haré como tú digas, Yuli —respondió él más tranquilo.

Me aparté y le dije:

—Bien, continuemos. Revísame estos papeles, por favor.

Dante se puso a trabajar de inmediato, muy entusiasmado. Me alegró verlo así; a pesar de ser un poco infantil, era buena persona. Al rato me dijo que ya había terminado. Fui hacia él para revisar… y de pronto mi tacón se rompió. Estaba a punto de caerme, pero Dante me atrapó entre sus brazos antes de que tocara el suelo.

Justo en ese momento se abrió la puerta. Era Sofía. Nos vio así, abrazados, y se quedó con la boca abierta.

—¡Perdón! —alcanzó a decir, y cerró la puerta de golpe.

Corrió directo a donde estaba Nicolás, muy asombrada, y le contó todo:

—¡No lo vas a creer! Vi a Yuli y a Dante abrazándose en su oficina.

Nicolás se quedó helado.

—¿Estás segura de lo que viste? —le preguntó, incrédulo.

—¡Claro que sí, lo vi con mis propios ojos! —respondió ella.

Yo, mientras tanto, me separé de Dante y le agradecí:

—Gracias, me salvaste de una caída. —Pero en mi cabeza solo pensaba: ¿Qué habrá pensado Sofía? Le dije a Dante—: Espérame aquí, ya vuelvo.

Salí rápido y fui directo a Sofía.

—Tenemos que hablar —le dije seria.

—Te vi, Yuli —me dijo ella—. No pensaba que Dante te gustara…

—¡No es lo que crees! —la interrumpí y le expliqué todo lo que había pasado, el tacón roto, que solo me atrapó para que no me cayera—. Por favor, no le cuentes esto a nadie, mucho menos a Nicolás. No es nada.

Sofía bajó la mirada y me dijo:

—Lo siento, Yuli… pero ya se lo conté a Nicolás. Perdón.

Sentí cómo la impaciencia y la rabia me subían.

—¿Cómo pudiste hacer eso, Sofía? —le dije—. Le contaste sin saber qué era.

—Perdóname… yo creí que en realidad había algo entre tú y Nicolás —respondió ella bajito.

Suspiré profundamente, tratando de calmarme.

—Está bien… no importa ya. Pero por favor, no vuelvas a esparcir rumores, ¿prometido?

—Te lo prometo —dijo ella.




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