El Aroma de lo Prohibido

CAPITULO 5

Yuli

Estaba muy concentrada revisando los documentos junto a Nicolás, cuando de pronto mi teléfono empezó a vibrar con fuerza. El sonido nos desconcentró por completo, y me disculpé antes de contestar. Era Dante. Me explicó que hoy no podría venir porque había tenido un percance. Le respondí con tono de pena que qué mal… pero en el fondo sentí que era la mejor noticia del día. Así podría pasar más tiempo con Nicolás sin interrupciones. Colgué y él me preguntó quién era. Para no incomodarlo, le dije que era mi madre, y él asintió comprensivo.

Poco a poco la conversación fluyó y sin darme cuenta le estaba contando sobre mi vida. Le confesé que tenía una familia muy distante, que mi padre vivía para el trabajo y casi no compartíamos tiempo. Era la segunda persona a la que le abría así, y me sentí extrañamente alegre al hablar con él. Cuando le pregunté por su familia, me dijo que vivía con su madre y que si quería, incluso podía conocerla hoy mismo. Me llenó de gusto la idea y empezamos a planearlo.

Justo en ese momento entró Sofía. Nos miró y comentó que nos veíamos muy ocupados, ofreciéndose a ayudarnos. Noté de inmediato que estaba molesta, con ese brillo de celos en la mirada. Para no generar malentendidos, acepté su ayuda con amabilidad. Pero desde que se sentó, no dejaba de hablar de lo bien que se la pasaba con Nicolás, una y otra vez, como si quisiera recordarme que él era su novio. Yo fingía no sentirme incómoda, asentía y seguía con lo mío, aunque cada palabra me dolía un poco.

De pronto Sofía le dijo que saldrían juntos esa tarde. Nicolás abrió la boca para decir que no podía, que teníamos planes… pero lo detuve con un gesto. Le dije que debía ir con su novia, que no la dejara esperando. Lo hice por ella, no quería que se enojara ni que pensara que me estaba metiendo. Les deseé que se lo pasaran bien y cambié el tema para concentrarnos en el trabajo.

Al salir de la empresa, sentí esa punzada de celos sabiendo que ellos dos irían juntos. Y justo ahí apareció Dante, se acercó ignorando a los dos y me propuso salir, diciendo que era su forma de compensar no haber venido hoy. Sin pensarlo mucho, y tal vez por la tristeza de verlos irse juntos, acepté. Me despedí de ellos: Sofía se veía contenta, pero Nicolás… él se veía desanimado, como si no quisiera irse. Me fui con Dante sin mirar atrás.

Apenas llegamos al restaurante, le dije que tenía que irme. Me preguntó el porqué y le inventé que tenía mucho trabajo pendiente de la empresa. La verdad era que no quería estar ahí con él; acepté solo para que Sofía se sintiera tranquila, para que no sospechara de nada. Me despedí y me fui directo a casa. Allí me quedé pensando en Nicolás, con angustia en el pecho, queriendo saber cómo se sentía, si estaba bien… pero no podía llamarlo, no podía preguntarle. Solo me quedaba aguantarme y esperar.

Al día siguiente, al llegar a la empresa, Sofía se acercó a mí con la cara llena de tristeza. Me dijo que necesitaba hablar conmigo y fuimos a mi oficina. Ahí, con voz temblorosa, me contó: —Ayer me la pasé muy mal con él, Yuli. Nicolás se comportaba de una forma extraña, distante… y al final me dijo que ya no podíamos seguir. Me confesó que está enamorado de otra persona. Ya no somos novios.

Me quedé sin palabras, y sin dudar la abracé con fuerza. —Lo siento muchísimo, Sofía… de verdad.

Ella me correspondió el abrazo y me dijo con una madurez que me sorprendió: —No te preocupes, lo entiendo. Entiendo a Nicolás también. Sé que lo voy a superar pronto, no te preocupes por mí.

Me sentí profundamente aliviada al verla así, tan fuerte y tranquila. Me di cuenta de que Sofía era mucho más valiente de lo que creía, y eso me hizo admirarla aún más. Pero en el fondo, mi corazón latía con fuerza, porque ahora… todo había cambiado Nicolás estaba libre ahora. Ya no había nadie a quien lastimar si le confesaba mi amor… pero sabía que aún no era el momento. Sofía apenas se estaba recuperando del rompimiento, y además, no estaba segura de si Nicolás sentía lo mismo que yo. Cuando Sofía salió de mi oficina, decidí acompañarla con la excusa de saludar a Nicolás… pero no lo vi por ningún lado. Él nunca llegaba tarde al trabajo, y eso me preocupó de verdad. ¿Qué le habría pasado? Justo hoy que tenía tantas ganas de verlo…

De pronto sonó el teléfono. Contesté de inmediato y era él. —Yuli… perdóname por no haber llegado hoy. —¿Qué pasó, Nicolás? —le pregunté con el corazón en la mano.

—Mi madre se puso muy enferma de repente. Tuvimos que traerla de urgencia al hospital. No pude avisarte antes.

Me preocupé muchísimo. —¿En qué hospital están? Dime la dirección, por favor.

Me la dio y sin pensarlo dos veces salí de la oficina. En el fondo sabía que tenía que estar con él. Nicolás me necesitaba, sobre todo ahora que estaba pasando por algo tan difícil. Al salir de la empresa me topé con Dante. Le di un saludo rápido y seguí caminando apurada, pero él me tomó de la mano y me detuvo. —¿Qué pasa? ¿A dónde vas con tanta prisa?

—No puedo darte explicaciones ahora, tengo que irme —le dije, sin detenerme.

Pero él insistió en acompañarme. Yo, por lo apurada que estaba, acepté. Subimos a su auto y en el camino le conté lo sucedido. Dante me miró con curiosidad y me preguntó: —¿Por qué te preocupa tanto lo que le pase a un empleado?

Le respondí con sinceridad: —Aquí todos trabajamos muy unidos, damos lo mejor de nosotros. Somos como una familia. Lo menos que puedo hacer es estar ahí cuando alguien lo necesita.

Al llegar al hospital, bajé corriendo y entré sin detenerme, dejando a Dante atrás. Ahí estaba él: Nicolás, sentado en una banca, con la mirada baja, triste y preocupado. Mi corazón se partió al verlo así. Me acerqué con paso suave y quise abrazarlo, decirle que no estaba solo, que contaba con todo mi apoyo… pero apenas vio que llegaba con Dante, se apartó suavemente y me dio las gracias por haber venido, con una cortesía que dolió.




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