El bebé del Jefe

• Te sorprenderías de conocer a la mujer que tienes contigo •

Siento su palma contra mi pecho, inspirando el olor de su presencia en lo que aprecio la sensación de sus hebras sobre mis brazos, hundiendo mis dedos entre ellas.

Respiro, despacio, captando la sensación de intimidad que nos envuelve al tiempo que se ahueca otro poco sobre el área de mi corazón, aunada su pierna con la mía, en lo que trato de abrir los ojos.

La estancia sigue a oscuras, a pesar de que puedo notar un soslayo del inicio del día por debajo del ventanal que lleva al balcón, cubiertos de todo el resplandor a través de las cortinas.

Ahora que las veo, creo que son nuevas y no es que acostumbre a tener la casa cubierta hasta el tope, sin embargo, la sensación térmica de mi compañera lo amerita por estos días.

Mi casa no es tan cálida como la suya; está en un área más expuesta, por lo que es normal que todavía no se haya adaptado a la temperatura que cubre la casa, mucho más si el termostato no está graduado para sus exigencias climáticas.

Creo que, de algún modo, el frío también me ayudó a lidiar con el hecho de estar divorciado y solo; estoy seguro de que exponerme a tanta sensación, obligaba a mi cuerpo a entrar en calor rápido, en el fondo, si no es que iba congelando de a poco cada cosa de mí, al menos hasta que Maeve me hizo sentir mejor.

Darme cuenta de lo que estuve ignorando ese tiempo, ha logrado que tenga un poco más de consciencia de cómo pongo mis pies sobre la tierra; el incidente con la fotografía, fue apenas lo que me hizo entender que estuve prestando demasiada atención a lo que se decía sobre mí, que a lo que estaba pasando alrededor.

Pensar en eso, hace que acepte lo fácil que pude olvidar quien era por una infinidad de rumores, cuando, de todos modos, Jessica y yo éramos los únicos en saber qué pasó.

Haberlo dicho en voz alta, trae consigo la incomodidad en el pecho; recordar que se lo dije a Maeve, no hace que desaparezca la culpa, aún si la sensación pudo menguar, al menos un poco.

Exhalo, girando el rostro para contemplar a mi compañera, cubriendo la palma que no hace presión, con la mía, en lo que uno mis dedos a los suyos.

El gesto hace que se dé la vuelta, todavía con mi brazo bajo su complexión en donde oculta su rostro, dándole espacio al subir la sábana.

Veo el techo, intentando pensar en lo que tengo para hoy, considerando que no terminé algunas cosas que he dejado a un lado por el trabajo que he estado haciendo de forma doble. Por lo pronto, hay una reunión en la mañana con respecto a la construcción, así que tendré la oportunidad de ver a Fowles a la cara.

No quiero pensar en la idea de tener que escucharlo decir algo sobre Mivi, pero tampoco voy a olvidar ser lo suficientemente profesional como para hacerlo apartarse de ella.

Ahora que lo recuerdo, todavía no he visto los videos que corresponden a la última intervención que ambos tuvieron; mi padre tuvo que encargarse de algo, o eso fue lo que mencionó en su mensaje, por mucho que no me dio detalles sobre el hecho.

En cuanto llegue a la oficina, eso será lo primero en hacer, si dentro de todo, quiero estar preparado.

—No—hundo el entrecejo, de costado, sin dejar de verla, porque no lo deseo—. No, yo no...—Poso la palma libre en su hombro, captando en segundos cómo se relaja ante el contacto al cercar su cuerpo para darle un abrazo donde me recibe, pegada a mí otro poco, en lo que inspiro su aroma, rodeado de calma y del flujo que baja en lo que siento mi cuerpo.

Descanso, cubriendo mi cuello con el edredón, luego de cubrirla como siempre desea, volviendo a cerrar los ojos al ocultar el rostro en su hombro.

La soledad me embarga al cabo de un tiempo, elevado al notar que no está en el lado del colchón que acostumbra, sino que permanece sentada en una esquina, cerca a donde llegan mis pies.

—¿Maeve?—Susurro, despacio, sin recibir su vistazo al alejar la tela de mi cuerpo—. ¿Qué sucede?—Tomo asiento en el colchón, tanteando el espacio donde siento algo frío, observando el área en lo que vuelvo la vista hacia ella.

Guardo silencio, bajando para darle la vuelta al espacio en lo que encuentro su mirada empañada, junto al agarre de sus manos que no puedo soltar, empapadas sus mejillas en lágrimas.

No tengo nada que decir, ni siquiera puedo preguntar, por lo que dejo que libere sus emociones, a pesar de que no deba sentirse avergonzada por lo que le pasó; para nadie es un secreto que incluso hay sueños que pueden causar un despiste de esa índole, lo que no me importa, a pesar de que a ella sí.

—Vamos al baño—niega, limpiando sus mejillas al verme apenas un segundo.

—Necesito estar sola—masculla, de pie al caminar hacia el cuarto, poniendo seguro para que no la inquiete, aún cuando ya lo estoy.

Suspiro, tomando las telas que deposito en la lavadora, dejando que el agua suba, antes de poner en marcha limpieza.

Deshago la mancha con un pequeño cepillo y un paño, buscando una nueva ropa de cama que coloco a juego con las capas de las almohadas, dejando el sitio organizado.

No me queda de otra que hacer el desayuno, pensando en cada repiqueteo que hago, porque hay una parte de esa mujer que no entiendo, ni conozco, aunque sí sé que se encuentra herida, como lo dijo ayer.




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