Farouh
No cierro de inmediato, ni lo pienso en el instante, puesto que nada hace que quiera abandonar el cambio en la llamada, seguro de cómo la puedo escuchar, aún cuando sé que merece estar a solas del mundo al que voy a zarpar dentro de un rato.
La sensación de no estar listo para dejafla ir, me ha embargado desde que salí de la casa. No mi casa, sino el espacio donde ahora estamos los dos, como uno solo, por más temporal que eso sea.
De igual modo, el conflicto me somete al saber que Mivi se merece un tiempo de privacidad en medio del descanso, no obstante, no puedo solo ignorar que hacía muchos años, no me sentía así, necesitado, ansioso y enfocado en una persona que lo único que hace, es quitar todo rastro de sueño en mí, por las ganas que tengo de cuidarla.
Ahora mismo, puedo notar que me gusta la forma en que respira con calma, removida entre las sábanas, como si el mundo no fue cruel con ella en un tiempo determinado; como si otros, en algunos lugares, no estuvieran siendo afectados por circunstancias que no pueden controlar, o apenas han comenzado a sufrir por las cosas que acontecen durante su vida diaria.
Y quisiera decir que no la entiendo, no obstante, creo que verla así es lo mejor que puede pasarme justo ahora; la calma que yace desde la estancia y el lecho, hace que me sienta más tranquilo, porque se disipa todo rastro de incertidumbre alrededor. De igual modo, aprecio que se mantenga hundida en ese sueño que parece no querer dejarla ir a ningún lado y solo lo delata cada pequeño sonido que emite al paso de los minutos, por el descanso.
Esta escena es más que suficiente para mí. Es como algo que hace tiempo se vio perdido y ahora no puedo simplemente ignorar; además, con el peso del pasado, no es fácil para ella conciliar esa entrega de ese modo, por lo que ahora es tiempo de que merezca un poco de todo lo que no tuvo antes y lo que merece que le pueda pasar.
Sonrío un poco en medio del trayecto al notar lo mucho que me genera curiosidad que Maeve ni siquiera ronca. No tiene ningún problema de por medio, tampoco muestra señales de apnea en el descanso, solo parece que se derrumba entre las mantas y no vuelve a saber del mundo, hasta que su sistema la levanta.
Admiro esa capacidad; el no haber dejado que nada de su historia, le costara esa parte de sí, por más que no haya sido fácil ningún evento de su vida. Por eso no puedo subestimar a esa mujer, ni tengo cómo imaginar lo que sea que va a decirme en unas horas. Ella es tan impredecible como la forma en que se pronuncia su nombre y tan natural como el tiempo que pasó alrededor de mí.
Todo lo que tiene, es a base de su sacrificio y el vivir de ese modo, es su premio. Por eso, durante tanto, sólo pasó rodeando mi vida como un fantasma. No hizo nada para llamar mi atención, aunque sí trabajó con dedicación en cada jornada y todavía lo hace, como si no le debiera un pedazo de mi existencia o de mis planes, en los que me puso de pie, sin siquiera notar sus intentos de no verme en pedazos.
Ella fue un gran soporte después de la doble pérdida que atravesé, lo que no he podido, es agradecer su esfuerzo para que no muriera de tristeza en medio de ese momento.
La cosa es que aún con todo, siguió siendo ese fantasma alrededor de mi vida; no buscó aprobación, ni reconocimiento y siempre llegaba lista para trabajar, al igual que terminaba sus labores de la jornada, a tiempo.
Nunca se quejó de que un día amaneciera de mal humor, o que dijera alguna cosa en un tono que no le era digno de recibir; estuvo presente, en cada instante, sin poder culparla por sentir o tomar su espacio, considerando el torbellino que pudo haber en ella e incluso en su mente, antes de volver a construir un mundo por encima de su pasado.
Y la verdad es que no la hubiera culpado de haber elegido un día irse o tomar un tiempo para sí. Eso habría sido nada, comparado con lo que se merece por todo lo que siempre me dio y para ser sincero, creí que la conocía, lo que en realidad nunca pasó. Ahora estoy consciente de lo mucho que me equivoqué, de lo mucho que la pasé por alto, sin pensar en cómo se sentía aún en esos días en los que las bromas predominaron las veces que hablamos en la oficina.
Nunca pude ver su reserva como algo a lo que prestarle atención, al menos no hasta ahora que me he relacionado de todas estas formas con ella, pudiendo ver algo que a mi realidad, estaba a ciegas.
Exhalo, detenido en el tráfico en lo que noto su semblante lleno de calma y paz, de ese modo en que quiero que esté en cada instante, sea que estemos juntos o no por el resto de nuestra vida, porque lo único que me importa es que tome cada oportunidad y tiempo que tiene y que de verdad, lo haga suyo.
Esto que ha pasado, es nada comparado con lo que se merece, después de los torbellinos al rededor de su vida y mente; llegar a donde está, es darme cuenta que incluso, si fuera otro escenario, no podría encajar en su mundo. No me habría abierto la puerta de su casa, ni me habría permitido hablarle como la mayor parte del tiempo, lo hacemos.
Y de verdad, creí que la conocía, sin embargo, Maeve es más de lo que pensé, por eso comprendo que me equivoqué al no darle el lugar que siempre le perteneció. Ahora que la afinidad se ha intensificado entre los dos, puedo velar por mantener a flote su burbuja, lo que pudo de pie sola, puesto que no quiero ser alguien a quien le tenga que deber algo, ni deseo sentirme como un idiota un idiota su lado.