Narrado por JULIET
Rhonda: ¡HÁBLALE!
Yo: No lo sé, me da pena. Viene a mi lado y sus ojos llevan puestos en la ventanilla desde que subimos. Ni siquiera ha mirado su móvil. De hecho, pensaba que los móviles hacían que los aviones se caigan.
Rhonda: Existe algo llamado WiFi que también está en los vuelos y más si se trata de un vuelo privado. Puaj, los vuelos comunes son un fiasco, no tienen WiFi ni servicio a bordo coherente, excepto que pidas primera clase.
Yo: ¿Has tomado un vuelo privado? ¿O primera clase?
Rhonda: No, pero en las películas que veo aparecen así. Y en algunos libros.
Rhonda: En fin, habla con él de una vez.
Yo: Tengo miedo que me ignore.
Rhonda: Pues, ya lo está haciendo.
Yo: ¿Y si me sacude la cara a madrazos?
Rhonda: No lo va a hacer.
Yo: ¿Y cómo sabes?
Rhonda: Mi sentido maternal lo dice.
Yo: Ni siquiera eres madre.
Rhonda: Y tu no eres avión que sabes tanto. ¡Habla con tu jefe! ¡Adiós!
Yo: ¿Estás esperando a alguien o me parece?
Rhonda: Tengo que aprovechar las últimas horas que el apartamento queda para mí sola, ¿o no? Descuida, ya tengo sábanas nuevas para compensarte. ¡Suerteeee! ¡Te veo al regreso, amiga!
Suspiro, guardando el celular una vez que ella ha salido de estar en línea mediante el chat de WhatsApp. Observo a mi izquierda, donde Kerem viene a mi lado.
El vuelo privado tiene los lugares justos para la gente que ha venido, es lo que consiguió Neville de urgencia tras pagar la fianza de Kerem tras haber sido detenido por darle una golpiza a Ian. No sé bien por qué sucedió, al comienzo pensé que podría haber estado ebrio, pero nada de eso fue así. Ahora viene limpio, pero estaba con sangre, más de la de su “amigo” que la de él mismo. Parece ser que Ian no respondió a los golpes, sino que solo trató de pararlo y gritó hasta que intervinieron con seguridad del hotel y lo detuvieron antes de que pueda matarlo, dicen que estaba profundamente ensañado y quería asesinarlo de verdad. Será juzgado, pero pudieron controlar hasta el momento la situación pagando fianza y los daños al hotel porque rompieron una lámpara y un escritorio y ensuciaron la alfombra y una toalla con sangre.
Ya me imaginaba que Kerem estaba con reacciones que últimamente eran en parte atípicas y en parte peligrosas, incluso para sí mismo, pero no creí que llegaría a algo así. Además, tras verles tan cercanos a los tres incluido Elijah, no me imaginé que algo así sucedería. Desearía conocer los motivos, pero más aún que él se atreva a hablar conmigo o con alguien acerca de todos los demonios que rondan en su interior.
Además, tengo dudas con lo que pueda suceder conmigo misma laboralmente, y eso es lo que tengo pendiente conversar con Neville.
Pero con Ali dormido, nadie se atreve a mediar una sola palabra. Neville viene apartado con auriculares puestos, porque parece que tiene mucho trabajo que cumplir que Kerem no está pudiendo responder ahora mismo, mientras que Thammy está en un espacio doble con Ali en brazos, profundamente dormido. Y ella también está dormida. Suerte que ambos están sujetos por las medidas de seguridad del vuelo.
Dios, apenas estaba a punto de cumplir mi primera semana con ellos, no sé qué suceda luego, me quedan ocho días más y apenas he trabajado algo con Ali. Pero he salido de fiesta, me he besado dos veces con mi jefe y le he sacado de quicio otras más porque es un irrespetuoso que me ha faltado en varias ocasiones, pero no he querido mantenerme callada.
Alejo esas ideas de mi cabeza, para finalmente atreverme a abrir el block de notas de mi móvil y se lo paso, para que la vea.
Sus ojos apenas se desplazan a la pantalla y luego vuelve al vidrio.
“¿Le duele algo?”.
Me ignora definitivamente.
Bueno, lo he intentado.
Creo darme por vencida, cuando escucho su voz ronca. Esa que antes me generaba un tanto de molestia y ahora se me hace milagrosa, prácticamente. No pensé que algo así sucedería, pero estoy a gusto.
—Sí.
¿Sí?
—¿Hay algo…que pueda hacer por el dolor?—le pregunto.
Silencio.
Insisto:
—¿Los nudillos?
Los tiene vendados, además se ha cortado la palma de la mano con un pedazo de madera astillada tras haber caído contra una mesa y se afirmó en esta para levantarse, al parecer. Ah, y los nudillos es por los dientes de Ian, con los que se cortó al pegarle.
—Ni los siento.
—¿Duele…la mano?
—No.
—¿El…pecho?—le pregunto, al acertar en lo que hace la angustia.
—No lo sé—declara—. No sé bien dónde, pero algo así se siente, como si una tenaza gigante me tomase desde el pecho y la espalda y apretase con fuerza. Me cuesta tragar, incluso, tengo dolor de garganta… Todo esto es tan nuevo y raro y horrible al mismo tiempo. Pero… No… No es nuevo.
Inspiro profundamente.
Sospecho que lleva mucho tiempo sin hablar con alguien de la manera que lo está haciendo ahora, sospecho que no se atreve a comentar acerca de sus padecimientos y sus dolores o angustias como se atreve a abrirse en este momento.
No la quiero terminar fregando, pero aún así me atrevo.
Acerco mi mano, él me observa como si fuese una amenaza e incorporo mi dedo índice al centro de su pecho, entre la unión de los pectorales. Él me mira con extrañeza a los ojos. Suerte que Neville y Thammy no están prestando atención, o eso me parece, pero no es algo que me importe nuestro alrededor ahora mismo.
—¿Ahí?—le pregunto—. ¿Ahí le duele, señor Deniz?
Él me toma la mano y la lleva hasta la base de la garganta.
—Y ahí—declara.
Traga grueso y siento su nuez de Adán moviéndose a medida que se desplaza hacia arriba y abajo. Su mano sigue sosteniéndome. No me suelta.
—Es…angustia—declara.
—¿No se siente en la cabeza como una enfermedad mental eso?