Narrado por JULIET
—Neville, renuncio.
No es sencillo en absoluto tener que decirlo, se me hace un nudo en la garganta al soltar esas palabras, pero ya no son solo palabras sino acciones. Tengo la maleta lista, no he podido pegar un ojo en toda la noche y estuve llorando junto a la cuna de Ali por la decisión que tomé, con punzadas horribles de culpa hasta bien decidir que solo soy una empleada para la familia, el niño no me necesita en absoluto, mi labor es perfectamente reemplazable, solo ruego que quienquiera que aparezca nuevamente por su vida le trate con la dignidad y el cariño que se merece.
Él está con un café cargado y su computador en la cocina de casa, acaba de terminar una videoconferencia en nombre de su jefe mientras que me mantuve un largo rato aguardando y dudando hasta que decidí tomar la iniciativa.
Neville me mira a mí y luego a la valija, evaluando que lo que acabo de decirle es completamente cierto.
—Juls, por Dios, ¿qué haces?
—Me voy. Con todo el dolor del mundo me largo de esta familia, si es que se la puede llamar así. Intento no involucrarme en los problemas ya que toda familia tiene problemas, pero tengo suficientes con los míos como para tener que hacerme cargo de estos también que son muy graves.
—Tu no tienes la culpa de nada de lo que ha pasado.
—Lo sé, pero igual he tenido que pagar platos rotos y no es mi deseo. Él ya me echó una vez así que puede quedarse tranquilo al fin.
—Rayos, Juliet. Entiendo que el señor Deniz es alguien que sostiene su propia inestabilidad desde lo de Zara, pero también comprendo que lo sucedido en las últimas horas ha sido algo muy difícil para él y para todos.
—No sé qué clase de persona fue Zara, solo lo lamento muchísimo por Ali ya que él no merece todo esto. Zara pudo haberse equivocado con Kerem, pero con Ali hizo un buen trabajo. Esto no es por la difunta mujer, sino por el señor Deniz. Ese hombre es una bestia, no sabe comportarse como una persona sensata y ya he tolerado muchas faltas de respeto de su parte, no es saludable para nadie.
Él suspira y me sigue evaluando. Quizá piensa en otra alternativa para convencerme, pero me mantengo firme externamente, pese a que por dentro soy una mezcla de lágrimas o de agua a punto de desvanecerme por completo.
—Está bien—conviene y algo hace en su teclado—. Déjame sacarte un billete de regreso, dime si prefieres terrestre o aéreo.
—No será necesario, en verdad.
—Corre por nuestra cuenta, descuida. Es parte de nuestras obligaciones. Y respecto a esto… Bien, ya está.
—¿El qué?
Me llega una notificación al móvil, intento no verla, pero la actitud de Neville me hace caer en la cuenta de que sí, debo verla.
¿Qué es esto?
Leo y reviso mil veces lo que me muestra.
—Neville, ¿qué hiciste?—le pregunto, perpleja.
—Te transferí el total por tus tareas cumplidas.
—¿Veinticinco mil dólares?
—Diez mil por tu labor, un extra de diez mil más por conseguir que el pequeño Ali consiga interpretar palabras en tiempo récord en turco…
—Fue solo una canción, es la didáctica para que un niño lo incorpore tan pronto. No interpreta símbolos, solo el ritmo y algo de la fonética.
—Pero eso ya ha sido muchísimo.
—¿Él te contó?
—El señor Deniz me entrega todos sus reportes.
Por supuesto que él mismo no los va a leer, no tiene tiempo ni cabeza suficiente como para dedicar esfuerzos a su propio hijo.
—¿Y los cinco mil?
—Por los daños morales ocasionados de parte del señor Deniz y tras haberle echado, considéralo una compensación.
—No voy a demandarle por todo lo que ha sucedido, créeme. Si me voy, yo…solo querré olvidarme de todo esto cuanto antes. Y cualquier cosa que dañe al señor Deniz, también le pasará a Ali, es lo que menos deseo en el mundo.
—Ese niño te ha robado el corazón.
—Así es.
Suspiro.
Y aguardo.
Pienso las cosas una vez más, admito que una vocecita en mi cabeza me pregunta en reiteradas ocasiones si no estoy cometiendo una locura.
También está la de mi sentido común que me advierte que debo escapar cuanto antes y que si en algo pudo tener razón el señor Massera fue en el hecho de que esta familia guarda muchos secretos, aún entre ellos mismos.
Por ejemplo, no sé tampoco cuál es la función concreta de Neville, ¿hasta le maneja las cuentas y finanzas personales a Kerem? No me explico otra manera por la cual hizo una transferencia a su nombre en mi propia cuenta bancaria.
Me espabila el sonido de mi móvil. Esta vez no necesito verlo, para que Neville me advierta de qué se trata.
—He conseguido un vuelo que sale en dos horas y media en primera clase. Lamento que no pueda ser un avión privado, suele ser más engorroso ese tipo de trámites.
—Descuida—murmuro—. Pásame el valor y te lo transfiero. Si tienes butaca económica, mejor aún.
—No tienes que devolver nada, es parte de los viáticos de tu trabajo.
Me muerdo el labio inferior, recordando hace largos días aquellos primeros intentos por hacer coincidir las pautas laborales por las cuales comenzaría a trabajar en este lugar con una convivencia tan intensa que ni siquiera parece que apenas han pasado casi dos semanas, es como si hubiesen pasado años.
Asiento y le dedico una sonrisa.
—Gracias, Neville—le digo con un nudo en la garganta.
Él me limpia las lágrimas de mis ojos y me besa la frente en modo paternal.
—Tranquila, estarás bien. Tienes mucho talento—conviene—, no lo desperdicies y persigue tus sueños. Que tu corazón sea tu guía.
—Creo que siempre tienes las palabras justas para cada situación. No sé si esta familia te merece…
—Les debo más de lo que te imaginas.
—¿Te vas, entonces?
Thammy está detrás de mí.
Me vuelvo a ella y la abrazo.