El Bebé del Millonario

CAPÍTULO 65

Narrado por KEREM

 

—¡¿Cómo que te olvidaste?! ¡No puedes olvidarte de esto, Kerem!

Tras haber llegado a Nueva York, está Elijah esperándome en casa, vuelto una fiera a punto de saltarme encima como si fuese una bestia salvaje que estuvo enjaulada durante mucho tiempo. Me quedo un poco preocupado al caer en la realidad de lo que sucede, pero ya vengo más que destrozado luego de mi cruce de palabras con Juliet.

Solo espero que acepte el apartamento que le ofrecí, que ayude a su amiga con problemas de adicciones a salir adelante y que se ocupe de su trabajo sin despreciar la oferta que le hizo Massera en su momento.

Es lo mejor para ambos.

Sin embargo, la presencia de Elijah me deja plenamente preocupado. Thammy sostiene a Ali, quien empieza a llorar en cuanto llego, o creo que ya estaba llorando.

—Maravillosa manera de darme la bienvenida—le digo, en cuanto dejo en el suelo el bolso de mano con las cosas esenciales que tuve que comprarme para el viaje de las últimas horas de ida y de regreso.

—No estoy para bromas, Kerem—. Elijah está que hierve.

Ali llora.

Thammy intenta apartarse, pero le señalo:

—¿Por qué no llevas al bebé a la habitación?

—Sí, señor. De inmediato.

Los ojos de Elijah están puestos en mí. Avanzo un paso e insisto:

—¿Por qué no me pones al día?

—Por qué mejor no miras tu agenda y caes en la cuenta de lo importante que es que debes ocuparte de tu parte de inversión en Bolsa.

De pronto mi cabeza parece emitir un chispazo que consigue hacerme caer en la cuenta de que gran parte de mis responsabilidades diarias consisten en estar alerta a los mercados bursátiles para sostener nuestras inversiones arriba y en buen puerto.

Sin embargo, esto sí que me pone las cosas complicadas, porque tenemos responsabilidades divididas y esto es de mi exclusiva pertinencia.

—No está bien que vengas a mi casa a hablarme en ese tono—le advierto.

—No encuentro otro tono. ¡Llevas DOS días sin hacerlo! ¡Las pérdidas son inmensas y tu gente debía montarlo como corresponde!

—Dios santo. Me encargaré.

—¿Viste el alza en el litio y la caída del petróleo?

—C-cómo que…si estuvo igual durante los últimos…no sé, días.

—¿Acaso no sabes que hay una guerra que parte al mundo por el medio?

—No tienes que enseñarme de geopolítica.

—Entonces ponte a trabajar ¡y recupera ese dinero! ¡Porque nuestras cuentas ahora mismo son una balsa que deja entrar agua y está al borde de hundirse!

—No puede ser tan grave.

Él saca el móvil, busca algo y me enseña la pantalla.

Sé lo importante que puede llegar a ser el estar alerta a este tipo de movimientos, por ello es que tengo quién se encargue.

Pero lo evado.

No miro.

—¡Hazlo! ¡Revisa con tus propios ojos!

Bajo su móvil con una mano encima de la pantalla.

—Por qué mejor no te ocupaste tú. Te recuerdo que quien cerró el negocio con Massera cuando el otro estaba de prostitutas y tragos era yo y tu el de la vida loca.

—¡¡No se compara en absoluto con esto, Kerem!! ¡¡Detente por un minuto a mirar los números, son alarmantes!!

—Puedo ocupar. Créeme. Ahora—me vuelvo a la puerta y la abro—. Será mejor que te retires por tus propios medios y piénsalo bien la próxima vez que quieras venir a hacerme un planteo como este.

Él está al borde de darme un puñetazo, pero confío en que no se atrevería. No le tengo miedo, solo no quiero que las cosas se compliquen aún más.

Toda esta situación angustia a Ali.

Pero antes de retirarse, se detiene en la puerta y me dice a la cara:

—Me dijo Thammy que, además, echaste a Juliet. Supongo que tiene que ver con las dudas respecto a Zara. ¿En serio vas a seguir tomando pésimas decisiones?

Me mira de arriba a abajo con asco y finalmente se va.

Me quedo unos segundos procesando lo que me acaba de decir y, definitivamente, Elijah es una de las personas que mejor me conoce en el mundo entero.

Tiene su lógica que me lo diga.

Pero mi situación es algo que jamás comprendería, que incluso a mí mismo me cuesta hacer cuadrar.

Pero temo que todo signifique la gravedad con la que ha llegado hasta mi casa en Nueva York. Elijah nunca se ha mostrado así y, de hecho, ha de haber volado desde Silicon Valley, porque estaba muy bien allá con las mujeres esporádicas que se encontraba.

Cómo se atreve a decirme las cosas que me dijo.

Acto seguido busco el móvil y le marco a Neville.

Tengo pensado cantarle las cuarenta.

Pero no me atiende.

¿Cómo se atreve?

Acto seguido le marco a su contacto personal, uno que hace años deduzco que no usa, así que me temo que probablemente no atenderá.

Para mi sorpresa, tras el segundo timbrazo, contesta al otro lado.

—Señor Deniz.

—¡Neville! ¡¿Por qué diantres no contestas a tu móvil del trabajo?! ¡¿Qué se supone que estás haciendo?!

—Mmmm.

—¡No contestes! ¡No quiero saberlo! Solo dime cómo diantres permitiste perder de vista las alzas y bajas en la bolsa de valores en el día de hoy.

—¿En serio lo pregunta, señor?

—¡¿Tengo pinta de estar jugando?!

—Usted me dijo que me tome unas vacaciones inmediatas y con fecha indeterminada.

Caray.

El corazón me va a mil.

Claro que hice eso.

Aunque no lo recuerdo.

Solo…solo fue en un momento que estaba muy obnubilado con todo lo de Zara y él solo buscaba ser la voz de mi moral intentando decirme lo que tengo que hacer, algo que últimamente parece ser la atracción del momento.

—¡Por…supuesto que no hablaba en serio!—intento excusarme.

—Lo siento, señor. Pero el tono que empleó en aquel momento y el que está usando ahora conmigo, no me hace dar ganas de usar las vacaciones que llevo acumuladas. Si me permite, seguiré con mi cena tranquila de esta noche.




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