El Bebé del Millonario

CAPÍTULO 67

Narrado por KEREM

Cinco días después

 

Mi vuelo de regreso de Canadá me tiene plagado de decepciones. La idea fue de noche, pero el regreso, me deja devastado al ver de día lo que la localidad de Montañas Rocosas significa en mi vida. Todos siguieron su curso, todos tomaron las decisiones que tenían que tomar, siguieron adelante como si nada.

Porque no se puede detener el mundo.

No puedes detener la vida misma.

Tengo los ojos empañados en lágrimas, observando un mail que me tiene devastado, aunque mi abogado ya me lo había notificado.

Cerrarán la investigación tras haber podido identificar material genético de todos los pasajeros que no sobrevivieron al vuelo.

La aerolínea realizará una ceremonia en Nueva York con un monumento levantado con el apoyo del gobierno de Estados Unidos en Alianza con asociaciones de paz canadienses. No estoy listo para verlo. No he querido ir en persona a la reunión donde me dan las cenizas de Zara, sus padres viajaron desde Turquía para recibirlo en persona y ya han de haberse regresado. Todo lo ha mediado mi abogado, ya que tampoco he podido conversar con Neville debido al orgullo y a la tensión de estos días.

Usando la conectividad WiFi de este vuelo privado, me voy a una ventana de meeting con una alerta para Neville.

Le pregunto si tiene un momento. Él nunca tarda en responder, pero esta vez pasando unos largos minutos hasta que veo su respuesta en pantalla.

“Sí, señor.”

“¿Supiste lo del vuelo?”

“Su familia ya tiene los restos y lo que se pudo identificar en cuanto cenizas. Lo arrojarán al río donde ella solía ir a pescar con sus padres.”

“Soy una persona horrible por no haber ido, ¿verdad, Neville?”

“Es usted un marido viudo que está aún tratando de superar el shock que ha implicado una vida oscura de parte de su difunta esposa y es padre de un bebé pequeño.”

“Queda poco para el primer añito de Ali y no he pensado en qué le puedo regalar.”

“Estar a su lado creo que sería algo muy valioso para el pequeño. Ya es hora de que su padre se acerque al pequeño.”

“Lo sé. Tengo que dedicarle tiempo a él, ahora que no habrá otra persona que lo haga. No su madre. Lo descubrí. Lo del mensaje.”

“Ian lo vino a buscar, señor. Él quería hablar sobre eso.”

“Tuvimos una conversación con Ian. No quiere hacerse la prueba de paternidad, se lo propuse, pero no. Insiste en que el padre de Ali soy yo, aunque tarde o temprano tendrá que saberse acorde a lo que la genética y la identidad de mi hijo merece.”

“Creo que es cien por ciento lo correcto, señor. ¿Y qué hay del mensaje de texto?”

“Zara tenía replicado un número de contacto paralelo con otro móvil cuando estaba lejos de mí para poder comunicarse con Ian, pudiendo cambiar de dispositivo sin cambiar de número ni despertarme sospecha alguna.”

“Vaya. ¿Realmente hizo todo eso?”

“De hecho, es más sencillo de lo que creemos y mucho más frecuente de lo que cualquier mortal se puede imaginar.”

“Señor, en verdad, lo siento mucho.”

“¿Te puedo llamar?”

“Adelante.”

Inicio la videollamada y él no tarda en aparecer. Cada tanto se tilda su imagen, pero su voz es audible.

Por lo poco que distingo desde lo visual, detecto algo inconfundible.

—Reconozco esa biblioteca—advierto.

—Sí, señor. Perdone por no haber cumplido con las vacaciones indefinidas.

—Neville, gracias.

De pronto caigo en la cuenta de todo lo que hice, abandonando a mi hijo bebé para ir a otro país a cargo de una sola chica, dejando de lado a mi mano derecha que es Neville tras haber discutido con él, por haberme advertido lo que descubrí finalmente.

Más de lo mismo, sólo profundizar un dolor agudo que aún me cuesta muchísimo procesar, quizá porque mi vida estuvo signada por una venda horrible a lo que implicaba reconocer y aceptar las emociones.

—Usted lo necesitaba, señor. Y es parte de mi vida cumplir con mi trabajo.

—¡Buuummmmaaaa!

Suelto una risita al escuchar a esa persona que se entromete en el chat mediante el audio.

—Están ahí contigo, ¿verdad?

—Sí, señor.

—Quiero verles.

—¡Holaaaa!

Thammy se aparece, alegre como siempre. Ubica una silla junto a Kerem y Ali está en sus brazos.

—¡Waaaaa!—grita Ali al verme.

—¿Lo ves, pequeño? ¡Es papá!—brama Thammy.

—Hola, hijo. Gracias, Thammy—dice él.

—Yo… Tengo que decirle…

—Lo sé. Lo supe desde el comienzo viendo las cámaras.

La esposa de Thammy, Neville y Elijah estuvieron frecuentando la casa para ayudar a Thammy con sus cosas y a mí con la empresa mientras estaba con visión de túnel puesta en buscar respuestas en relación a Zara.

Ahora sé la verdad.

Estoy devastado, pero con cierta paz.

Una paz que ha dejado un agujero en mi pecho.

—Lo siento, señor.

—Descuida, yo te agradezco a ti. A ustedes. A todos, Thammy. Sobre todo a ti por cuidar lo más valioso que tengo en mi vida que es a mi hijo. A Ali.

—¡Mmmmmamá!

Parpadeo, asombrado frente a lo que acabo de escuchar.

—¿P-perdona?

Todos nos volvemos a Ali de golpe.

Ali me está mirando y estira sus manitos en dirección a la pantalla.

A mí.

—¡Maaaammmmaaaa!—insiste.

—¿Acaba de decirme “mamá”?—pregunto, atiborrado de la risa y de una emoción naciente que ni siquiera sabía que podía suceder.

—¡Santo cielo, sí, señor! ¡Le juro que es la primera vez que lo hace!—asegura Thammy.

Neville ríe.

—Creo que es usted alguien muy valioso para su hijo, señor.

—¡Mamamamamammmaa!—insiste Ali.

—Sí, hijo. Sí—le digo con la voz quebrada y sin saber cómo continuar con esto, ante el mar de lágrimas que me inunda—. Te… Te quiero... Estaré pronto contigo. Y no me volveré a apartar de tu lado. Lo prometo.




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