El Beso

Capítulo 5 - Lo Que No Debía Importar

Nathalie no volvió a ver a Harvy durante varios días.

Al principio aquello le pareció conveniente.

Después del teatro, de Eleanor Gray y de la conversación en el carruaje con Brantain, pensó que cierta distancia sería buena para todos.

Para Brantain, porque necesitaba recuperar la confianza.

Para Harvy, porque debía aprender a respetar los límites que ella misma había establecido.

Y para ella, porque tenía demasiadas cosas que preparar.

La boda se acercaba.

Había vestidos que elegir, invitados que confirmar, flores que decidir y conversaciones interminables acerca de mesas, carruajes, música y horarios.

Su madre parecía poseída por una energía inagotable.

Cada mañana aparecía con una nueva lista.

-Necesitamos resolver lo de las invitaciones de la familia Marchand.
-Ya está resuelto.
-No.

La señora Vannier dejó varios papeles sobre la mesa.

-Tu padre invitó a cuatro y yo contaba con seis.

Nathalie levantó los ojos.

-Entonces invita a seis.
-Eso modifica una mesa.
-Cambia una silla.
-Una silla cambia una mesa.
-Madre.
-Lo comprenderás algún día.

Nathalie dejó la pluma.

-Espero que no.

Su madre ignoró el comentario.

-También debemos decidir si quieres azahar en el cabello.
-No.
-Todavía no te lo he mostrado.
-No.
-Nathalie.
-Pareceré una muchacha de diecisiete años.
-Las novias deben parecer jóvenes.
-Soy joven.
-Entonces no tendrás problema.

Nathalie soltó una risa y se dejó caer contra el respaldo.

Aquellas discusiones, aunque agotadoras, le daban una estructura a los días.

Todo parecía avanzar.

Cada decisión hacía que el matrimonio dejara de ser una idea abstracta y se transformara en algo real.

Una fecha.

Un vestido.

Una casa.

Un apellido.

Una vida.

Brantain acudía casi todas las tardes.

A veces permanecía una hora.

Otras veces dos.

Nathalie comenzaba a acostumbrarse a su presencia de una manera que no había previsto.

Ya no necesitaban llenar cada silencio.

Él podía sentarse a leer mientras ella escribía cartas.

Podían pasar varios minutos sin hablar y aquello no resultaba incómodo.

En ocasiones Nathalie levantaba la vista y descubría que Brantain la observaba.

-Otra vez.

Decía.

-¿Qué?
-Mirándome.
-No sabía que estuviera prohibido.
-Depende de cuánto tiempo.
-Entonces necesito conocer el límite exacto.
-Treinta segundos.

Brantain fingía consultar su reloj.

-Eso es muy poco.
-Adminístrelos bien.

Él sonreía.

Y Nathalie volvía a sus cartas.

Había momentos en los que aquello le gustaba más de lo que estaba dispuesta a admitir.

La tranquilidad.

La sensación de que alguien podía estar presente sin exigirle una actuación constante.

Con Harvy todo había sido movimiento.

Provocaciones.

Risas.

Retos.

Con Brantain había silencio.

Y el silencio, descubría Nathalie, también podía ser una forma de intimidad.

Sin embargo, en cuanto pensaba eso, aparecía la otra idea.

Harvy.

No quería que apareciera.

Pero aparecía.

Especialmente cuando alguien mencionaba a Eleanor.

La primera vez fue durante una visita de la señora Mortimer.

Nathalie estaba sentada con su madre cuando la mujer llegó acompañada de una amiga.

Hablaron durante veinte minutos sobre la boda.

Después sobre otras bodas.

Después sobre personas que probablemente jamás se casarían.

Finalmente, como ocurría casi siempre, la conversación llegó a quienes no estaban presentes.

-¿Han visto últimamente a Eleanor Gray?

Preguntó la señora Mortimer.

Nathalie continuó sirviendo té.

-La vi hace algunos días.
-Está preciosa.
-Siempre lo ha sido.

Respondió la señora Vannier.

-Sí, pero hay algo distinto.

La amiga de la señora Mortimer sonrió.

-Tal vez sea Harvy.

La mano de Nathalie se detuvo apenas.

Solo un instante.

Luego continuó sirviendo.

-¿Harvy?

Preguntó su madre con perfecta naturalidad.

-Los han visto juntos constantemente.
-Eso no significa nada.

Dijo Nathalie.

Las tres mujeres la miraron.

Ella sintió inmediatamente que había respondido demasiado rápido.

La señora Mortimer sonrió.

-No necesariamente.
-Harvy siempre ha tenido muchas amigas.
-Es verdad.
-Y Eleanor también conoce a muchas personas.
-Por supuesto.

Nathalie colocó la tetera sobre la mesa.

Su madre le dirigió una breve mirada.

Una advertencia.

No hables más.

Nathalie obedeció.

La amiga de la señora Mortimer continuó:

-Aunque dicen que él ha cenado dos veces con la familia Gray esta semana.

Esta vez Nathalie no reaccionó.

-Eso sí parece más serio.

Comentó su madre.

-Exactamente.

La señora Mortimer tomó un pequeño pastel.

-Y el padre de Eleanor parece encantado con él.
-Harvy puede ser encantador cuando quiere.

Dijo Nathalie.

Otra vez.

Demasiado rápido.

Su madre cerró los ojos apenas.

La señora Mortimer rió.

-Tú lo conoces mejor que nadie.

Aquella frase produjo un pequeño silencio.

Nathalie sonrió.

-Conozco sus defectos mejor que nadie.
-Eso también puede ser peligroso.

Las mujeres rieron.

Nathalie también.

Pero durante el resto de la visita apenas escuchó lo que decían.

Harvy había cenado con los Gray.

Dos veces.

No significaba nada.

Naturalmente.

Nada.

-Estás celosa.

Su madre pronunció la frase apenas se cerró la puerta detrás de las visitas.

Nathalie se volvió.

-No.
-Sí.
-No.
-Has respondido tres veces antes de que alguien te preguntara algo.
-Porque estaban diciendo tonterías.
-La gente dice tonterías todos los días y normalmente las encuentras entretenidas.




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