El blog de Zarzamora - De la vida y otras cosas #1

#14: De los rumores de pasillo

Dos semanas luego de la semana especial, está todo muy tranquilo, o al menos para mí. ¿Por dónde puedo empezar? Veamos: mamá está súper atareada; en el canal en donde trabaja están grabando un programa nuevo y ella tiene que trabajar casi todo el día. Con papá y Amanda no he hablado, así que ignoro cómo están esta semana.

En el instituto veo a muchos atareados. Nicole ha adoptado una actitud fría para con todo el mundo y en los baños he escuchado a unas niñas hablar de ella. Dicen que Nicole se ve un poco más rellenita; la otra chica le dice a su amiga que alguien le ha contado no hace mucho que escuchó a Nicole vomitar en el baño. Las niñas llegan a la conclusión de que Nicole es bulímica; yo sé que se equivocan.

Frederick también ha tenido una semana ajetreada, por lo cual no hemos hablado mucho. La razón es que lo han puesto en detención; según se rumora, le alzó la voz a un profesor e intentó golpearlo, pero no estoy tan segura de que esto sea cierto.

Bruno, por otro lado, se le ve más serio que de costumbre. Lo veo alejarse mucho de Damián y de cualquiera que le busque conversación. Ya no interviene en clases como antes y en ocasiones lo he sorprendido con la mirada clavada en Nicole, aunque esta última no lo nota.

Me he topado con él en uno de los pasillos y le veo claras intenciones de acercárseme para hablar, pero luego lo veo titubear, dar media vuelta y devolverse por el pasillo. Me siento agradecida, porque no quiero hablar con él ni con nadie, pues acabo de escuchar otro rumor.

Es un rumor que se ha ido extendiendo por todo el instituto y que me resulta un poco extraño que lo haya hecho; no por el rumor en sí, sino por las personas que están involucradas. El rumor me lo cuenta Lydia. Se acerca a mí en uno de los recesos; yo estoy comiendo un ponqué marmolado sentada en el suelo de uno de los pasillos. Lydia viene corriendo y se deja caer a mi lado mientras dice con picardía:

—No te vas a creer lo que me contaron. —Trago el pedazo de ponqué que tengo en la boca y, en otras circunstancias, quizás no hubiera dicho nada, pero estoy frente a Lydia y sé que se muere de ganas porque yo me interese por su cotilleo, por lo cual pregunto:

—¿Qué te contaron? —Ella sonríe complacida.

—Te va a costar, dame un poco —pide, y con un poco de disgusto que tengo el cuidado de no demostrar, dejo que se lleve la mitad de mi ponqué; ella lo come con una sonrisa y luego dice:

—Parece ser que Frederick y Ceci lo hicieron.

—¿Hicieron el qué? —Mientras escribo la entrada del blog, me doy cuenta de lo inocente que me debo de haber escuchado en ese instante, pero entonces no lo noto e ignoro el porqué, o quizás sí soy inocente después de todo.

—No me acabas de preguntar eso —es la respuesta de una Lydia que me mira con los ojos muy abiertos—. Pues relaciones, ya sabes... sexo —susurra la última palabra y yo siento que hubiera preferido no escuchar ese rumor—. Como sea, es lo que se anda diciendo.

Luego suelta una carcajada y, al darse cuenta de que yo no comparto su interés por el rumor, se despide diciendo que buscará a Cami para hablar; Cami es otra de las extrovertidas, y en el idioma de Lydia ir a hablar con ella significa ir a cotillear sobre el nuevo rumor.

Luego de esto es que me topo con Bruno y más tarde me encuentro evadiendo a Frederick, lo que me molesta y mucho. Me molesta porque Frederick ni siquiera es mi amigo; él es solo un compañero de clases que me ha regalado un par de cigarrillos y me ha contado un par de anécdotas graciosas. Eso es todo.

Cambiando de tema, quiero contarles algo que me ha ocurrido en el centro comercial luego de clases. Sucede el mismo día que escucho el rumor sobre Ceci y Frederick, y ya sea por eso o solo por la necesidad de cambiar de rutina, no voy directo a mi casa, sino que me desvío hacia el centro comercial. Estoy un buen rato vagando por allí, subo las escaleras mecánicas, luego bajo por el ascensor, entro a un par de tiendas de ropa solo para ver e incluso me compro un latte en una cafetería. Es después de beberme el café que un viejo recuerdo se cuela en mi mente.

Luego de deshacerme del vaso en una papelera, paso por enfrente de una de las joyerías del centro comercial. En la vitrina tienen expuesto un hermoso collar de plata en forma de estrella de cinco puntas; en el centro de la estrella brilla un diamante. Lo observo por un momento y unas palabras vienen a mi mente:

—¿Ves ese collar? Lo compraré cuando consiga mi título universitario. Seré una abogada, y una buena. Ya lo verás.

Ladeo una sonrisa nostálgica mientras giro sobre mis talones y me voy a casa, con el recuerdo de una Nicole de doce años que en algún momento fue mi amiga y que en algún momento tuvo grandes sueños. Y eso, eso no es ningún rumor, eso solo es el pasado.

Zarzamora.




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