Frederick me ha dedicado una canción.
Admito que no he sabido cómo comenzar esta entrada y pienso que esta es una bonita forma. Bien, verán, sé que ha pasado mucho desde la última vez que he actualizado el blog, pero es que han ocurrido muchas cosas que no me dejaron chance para nada más.
Necesito empezar por contarles cómo están las cosas en mi familia. Pues no están tan bien como deberían. Amanda está embarazada y mamá aún no lo sabe. Me he enterado hace unos días cuando les he ido a visitar. Papá no está, y como me parece muy grosero el irme de inmediato, me quedo un rato. Amanda me ofrece un poco de pastel de piña del que ella hace; mientras lo comemos le dan náuseas. Dice que últimamente no se está sintiendo nada bien y he aquí uno de los motivos por los que no suelo hablar muy seguido, porque cuando lo hago digo cosas que no debo. En esta ocasión le pregunto de frente si no estaría embarazada. Ella abre mucho los ojos y le entra un acceso de tos.
—¿De dónde sacas eso? —pregunta con la cara roja y congestionada. Yo me encojo de hombros.
—Conozco a alguien que le está pasando todo eso que dices y creo que lo está.
Ella se me queda mirando con los ojos muy abiertos y me pregunta si soy yo la que está embarazada; le digo que no y ella me cree. Cinco minutos después me confiesa que está encinta. Le pregunto si papá lo sabe y dice que sí, luego dice que no le cuente nada a mamá. No me gusta esa sugerencia hasta que menciona que es idea de mi papá. Al parecer él piensa contárselo en persona, lo cual no me parece tan buena idea, pero no lo digo.
Por otro lado está el instituto; ahí todo marcha bien, refiriéndome a la parte académica. Los profesores se han mostrado muy comprensivos últimamente y sospecho que es porque me han visto interactuar con Lydia y Frederick, aunque admito que me sorprende que no me hayan llamado la atención por este último, a quien muchos consideran una mala influencia.
Hablando de Lydia, creo que ya está sospechando la verdad sobre Nicole y les confieso que eso me preocupa. A pesar de que ella siempre ha sido amable conmigo, no es secreto para nadie lo que le gustan los cotilleos y, si llega a caer en su boca la verdad sobre el estado de Nicole, es fácil suponer que todo el instituto se va a enterar en cuestión de minutos.
Regresando con Frederick, que es con quien he comenzado esta entrada, pues no sé cómo contarlo porque es algo que me ha tomado desprevenida. Bien, recordarán que todos estos días me he dedicado a evadirlo; al principio pienso que eso a él le pasa desapercibido, pero resulta que estoy equivocada.
Hace dos días, saliendo del instituto, él se me atraviesa en el camino. Ignoro si me estuvo esperando o si la suerte le sonríe. Lo único que sé es que mientras me alejo del instituto lo escucho gritar mi nombre a mis espaldas. Intento apretar el paso, pero él me alcanza.
—Me revienta que no me hablen —espeta apenas estuvo caminando a mi lado. Yo no lo miro, pero sí le respondo.
—Pues hablas con la persona equivocada.
—No te hagas la tonta. —Suelta un suspiro de molestia y luego dice—: Dime ya qué te pasa.
—No me pasa nada.
—Porque es la verdad, no me pasa nada, solo quiero que todos me dejen en paz, ¿es mucho pedir?
—Cada vez que me ves te das la vuelta y te vas; cuando te llamo me ignoras. Si no te pasa nada, entonces yo soy un maldito cisne.
—¿Por qué tienes que maldecir todo el tiempo?
—Porque es mi maldita boca. —Me detengo en la acera. Él se frena dos pasos más adelante y se vuelve; aprovecho la ocasión para mostrarle mi mejor atributo: mi mirada, esa que hace a todos callar más que cualquier palabra—. Bien, lo siento. Dime ya qué te pasa. —Su enfado inicial está mermando; el mío no.
—Podrías preguntarle a Ceci, quizás ella sepa algo. —Retomo mi caminar por la banqueta arrepintiéndome de haber dicho eso. «¿En serio?», me digo cuando lo escucho soltar una risa. ¿Por qué tuve que decir semejante estupidez?.
—Ah, eso. —Me alcanza y camina a mi lado en silencio. Siento una pequeña ira creciendo en mi interior, ¿por qué se queda callado? ¿No piensa decir nada? Luego recuerdo que solo somos amigos y me siento más idiota que nunca—. Fue una sola vez, no es nada de importancia —dice él.
—¿Qué te hace pensar que eso suena bien? —Se encoge de hombros.
—No lo pienso, pero es la verdad. Incluso Ceci lo piensa.
—¿La quieres? —me escucho preguntar. El viento comienza a copiar en ese instante y me encuentro ansiando uno de los cigarrillos de Frederick; su respuesta, en cambio, no tanto.
—No de la forma en que preguntas, es mi amiga, nada más. —Me vuelvo a detener y ante eso él dice—: No suena tan mal como parece, ella también lo piensa. —No digo nada, no hay necesidad; él suelta una risa y dice—: Solo... es complicado de explicar.
—No, no lo es. No es como si no comprendiera esas cosas.
—¿Las comprendes?
—¿Tienes un cigarrillo? —Él saca una cajetilla de su mochila y me da uno mientras una sonrisa le baila en los labios. Lo fumo mientras veo a los autos deslizarse por la carretera.
—Me gustaría dejar de darle tanta importancia a algo que no lo tiene —expresa al tiempo que guarda sus cigarros en la mochila.