El blog de Zarzamora - De la vida y otras cosas

#31: De lo que había en la cápsula del tiempo (Parte I)

He tenido la semana más difícil de toda mi vida y es posible que nunca vuelva a tener otra igual. Como recordaran, la capsula del tiempo que los alborotadores de último curso hacen en detención, es publicada en internet. Es muy probable que a estas alturas no haya persona viva en la tierra que no nos haya visto.

Quizás esto parezca cruel, pero para que ustedes, mi público invisible, puedan entender un poco de lo que les he contado en la entrada anterior y para que puedan comprender todo lo que estoy por contarles, creo necesario hacerles partícipes de lo que se dijo en aquel video. Así que transcribo para ustedes algunas de las cosas que se han dicho en la maldita capsula del tiempo.

Como recordaran, Frederick es el primero en hablar, lo cual, en sus propias palabras, «Fue una completa estupidez, nadie ve el video hasta el final, pero todos ven al primero. Soy un idiota».

Palabras más, palabras menos, esto es lo que Frederick deditos de mantequilla ha dicho:

«—Ey gente del futuro. Díganme por favor que ya nos invadieron los extraterrestres, pero que son gente pacífica que vienen a regalarnos muchos malvaviscos. Ah, eso sería genial.

»Hablando de otras cosas, me gustaría decirles cómo son las cosas por estos años. Veamos, la música no es tan buena como la de antes, espero que mejore con el tiempo. Las chicas están bien, aunque me preocupa seriamente que ahora todas parezcan clones. Mismos peinados, misma ropa, mismo maquillaje. No me malinterpreten, se ven bonitas, pero ¿dónde está la originalidad en eso?

»Por eso creo que es conveniente que les hable de alguien que es especial para mí. Es la chica más rara que conozco y lo digo como halago. Me gusta la forma en que se maquilla los ojos y me gusta cuando se pierde en sí misma. Son esas veces en las que me pregunto qué estará pensando. ¿Pensará en mí? Porque yo sí pienso en ella, todo el tiempo. Me acuerdo de cuando me la topaba de camino a la consejera escolar. Siempre me rehuía la mirada, lo cual era adorable. Aunque entonces nunca pensé en hablarle, no fue sino hasta que me partió la nariz con la puerta del baño de chicas. ¿Lo ven? No es una chica usual —Aquí él hace una pausa y ríe. Luego desvía la mirada de la cámara y expresa en lo que me parece una voz que habla muy en serio—. Me encanta, la adoro, Dios, realmente quiero a esa niña, pero eso es algo que nunca le diría. Ella no es el tipo de chica que andaría conmigo, yo la veo más con un imbécil estilo Bruno. La veo con alguien como él porque me los imagino teniendo orgasmos pensativos juntos. Aunque no sé si eso siquiera exista —Aquí vuelve a reír. Luego menea la cabeza y mira de nuevo a la cámara. Con la sonrisa más encantadora que le he visto, no solo dice mi nombre, sino que agrega—. Han pasado treinta años y esto ya no importa, pero ahora sí lo hace, te quiero y siento no tener el valor para decírtelo —Luego hace una pausa y agrega con una sonrisa divertida—. Por favor no salgas con Bruno ni con nadie similar, los de su tipo son unos imbéciles arrogantes. Y tú eres muy lista para eso».

La imagen en la cámara cambia y ahora, sentado en el banquito de madera frente a la cámara, está Damián.

«—Maldita secundaria. Me parecieron las palabras más adecuadas para comenzar a hablarles a los chicos del futuro de cómo son las cosas por estos tiempos. Me gustaría pensar que eso ha cambiado, pero la verdad es que lo dudo. Aquí todos son unos hipócritas. Todos tienen relaciones con todos, nadie ama a nadie. Estoy, literalmente, día con día, encerrado con un montón de víboras. Los chicos del equipo de baloncesto solo esperan el momento en que haga una falta y el entrenador me mande al banquillo. ¿Lo ven? Y las chicas, con un demonio, la mitad de ellas son unas putas, un tercio de ellas unas mojigatas sin remedio y las que quedan son las peores. Son las típicas calientabraguetas —Aquí Damián hace una pausa, su ceño se frunce y su mirada adquiere un matiz de rabia desmedida que da miedo—. Verán, está esta chica, todos la llaman Ceci, es la mayor calientabraguetas que conozco. Hay un rumor sobre ella, según el cual tuvo relaciones con alguno de los idiotas de sus amigos, nunca me logré aprender el nombre de ese tipo. Es una cosa graciosísima, algo como Erickson o yo qué sé. Bueno, el punto es que dicen que lo hicieron, pero no lo creo. Ceci nunca ha querido hacerlo conmigo, ni siquiera le he visto las malditas bragas. No sé cuál es su jodido problema, ni el de nadie de este instituto. Si les soy sincero, no veo la hora de que esta mierda se acabe y de que empiece la universidad. Mi hermano me cuenta que allí sí hay verdaderas fiestas. Con tipas que te lo harían como quieras».

Este es el hermoso recuerdo que Damián deja para las generaciones futuras. Como verán, es un completo idiota, en toda la extensión de la palabra. Un jugador de baloncesto que solo piensa en sexo y que está por completo seguro de que todas las chicas del instituto quieren con él. Así que no solo es idiota, sino ególatra. Lo cual me recuerda a algo que Bruno ya me ha comentado hace mucho tiempo atrás y, hablando de él, he aquí lo que dice en la capsula. Lo cual no lo hace mejor persona que su amigo Damián.

«—Les soy honesto, no sé por qué estoy haciendo esto. A lo mejor solo estoy aburrido, o quizás tengo la esperanza de que quede un registro de cómo era a esta edad. Qué sé yo. Otra cosa que no sé, o mejor dicho, no entiendo, es lo que les voy a contar de mí. A ver, tengo un promedio excelente y es bastante probable que consiga una beca en la universidad. Aún estoy entre estudiar ciencias políticas o economía.

Chicas... —Aquí hace una pausa para sonreír—. Antes de mí pasó Damián, así que imagino que debió detallarles sus encuentros sexuales. Sinceramente, no sé qué tiene ese chico en la mente, no piensa en otra cosa. Aunque últimamente no tengo moral para criticarlo, quiero decir, vamos, tenemos dieciséis años, las hormonas hacen lo suyo y las chicas su otra parte. Les confieso, gente futuresca, tengo mis debilidades, no son muchas pero las tengo. Y una de ellas son las chicas, pero no cualquier tipo de chicas, sino un tipo de chicas en especial. No entiendo por qué, pero no puedo ver a una niña frágil. Me pueden, lo digo en serio. Por ejemplo, Nicole. Nunca había conocido a una niña tan necesitada de amor, estaba tan desesperada porque la quisieran que accedió a tirarse al primero que se lo ofreció, o sea, que fui yo. No me malentiendan, no estoy orgulloso de eso. Pero no pensaba que ella fuera a aceptar.




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