Mi querido público invisible, no tienen ni idea del infierno en el que se ha convertido el instituto por estos días. Pero antes de contarles sobre eso —a veces creo que solo lo estoy dilatando, es difícil volver a recordarlo todo—, sigo contándoles lo que hay en la capsula del tiempo.
Luego de las declaraciones de Bruno, vino una bomba de Marta, que minutos más tarde Simón confirma. Creo que no es necesario transcribirles lo que ambos dicen, pues básicamente los dos cuentan algo así:
«—No sé cómo estén funcionando las cosas en el futuro, pero sé cómo funcionan ahora. Y sé que muchos van a creer que estoy loco(a), pero realmente la(o) quiero. Así que le pedí que se casara conmigo...
—Y le dije que sí».
Marta habla después de Bruno y Simón después de Ceci. Pero aun así, dicen lo mismo, lo cual no ha sido muy bueno para ellos. Según lo último que se escucha por los pasillos, la madre de Marta se ha enterado y ahora la lleva y la busca hasta la puerta del instituto. Pero no puedo contarles con detalle cómo está yendo eso, tengo mis propios problemas. Lo que me recuerda a la siguiente persona en hablar en la capsula del tiempo. Es curioso que entre dos personas que desbordan amor y felicidad, esté Ceci, con su terrible discurso.
Cuando aparece en la cámara está cabizbaja y parece que llora. No habla, solo está allí, según lo que se ve, conteniéndose por no romper en llanto. Hasta que finalmente se arma de valor, alza la mirada, una muy triste según se puede notar, y dice.
«—¿Qué tiene que hacer uno para sentirse bien? ¿Qué tiene que hacer uno para que la gente se dé cuenta de que todo está mal? ¿Saben? Los años anteriores las cosas estaban un poco mejor. Tenía a mis amigos, mi música e incluso mis calificaciones estaban bien. Pero este año, todo no ha hecho más que empeorar. Mi mamá se fue —Ceci cierra los ojos y las lágrimas se le escapan de los ojos, lágrimas manchadas de delineador—. Mi papá parece un zombie, desde que se fue ni me atiende. ¿Cómo se pudo ir? Todas las mañanas, cuando me levanto, quiero creer que la veré en la cocina preparando el desayuno, pero sé que no es así. Ya no está y la extraño —Se toma una pausa para secarse el llanto y luego agrega—. Ay joder. No saben lo mal que me siento. Luego todo ese rumor sobre Freddie y yo. Le jodí las cosas a él, ¿saben? Aunque él sea demasiado amable como para decírmelo. Pero sé que se las jodí con la niña esa que le gusta. Ay carajo, cómo la detesto. En serio. Siempre con su aire de seriedad, me recuerda al idiota de Bruno —Ese es el momento en que me doy cuenta de que debo alejarme de Bruno. La cosa ya comienza a asustarme, ¿realmente me parezco a él?—. Sé que Freddie no es idiota y sabe que no le conviene. Pero bueno, es un chico después de todo, ¿no? Ellos solo se dejan llevar por lo que tienen en los pantalones. Ah maldición. ¿Saben lo que es estar enamorada de un chico que solo te mira el busto y que no espera más que el momento de meterse debajo de tu falda? Eso duele, no tienen idea de cuánto —Si hay alguna duda sobre quién habla, ella misma la aclara segundos después—. Damián, cabrón de mierda. Me has convertido en un cliché asqueroso. La chica rompe corazones que se enamoró del Casanova cabeza hueca que todas quieren. ¿Sabes qué? Que te den, maldito».
En ese instante y a pesar de las pocas palabras nada agradables que me ha dedicado, siento empatía por la amiga de Fred. En ciertos aspectos puedo comprenderla con facilidad. Mi mamá también parece un zombie desde que papá se fue y, a diferencia de Ceci, yo sé dónde encontrar a papá, aunque él nunca tenga tiempo para mí ya es un tema distinto. También, de cierto modo, Ceci se parece a Nicole. Hablando de Nicole, sus palabras no solo son las más tristes, sino las que ponen en movimiento un montón de acontecimientos, esto es lo que dice.
«—Hola, han pasado treinta años, ¿eh? Eso quiere decir que hay una persona en este mundo que puede que me conozca muy bien o puede que ni siquiera sepa quién soy. Debes tener treinta años, más o menos, quizás unos cuantos meses menos. Como sea, quiero que sepas que lo siento. Tengo dieciséis años y ni siquiera he podido cuidar bien de mí misma, ¿cómo esperan que cuide de otra persona que dependerá de mí por completo? No estoy preparada para eso y no me estoy justificando. Todo lo contrario, así como no estoy lista para ser madre, tampoco estaba lista para el sexo. Debí esperar, o al menos asegurarme de que yo le importaba. Chicas, el sexo no lo es todo, ¿es agradable? Sí, lo es. ¿Es sumamente importante? No, no lo es. Algo importante es entregar tu corazón, eso es importante. Yo se lo di al equivocado y él lo destrozó, junto con muchos de mis sueños —Nicole no despega los ojos de la cámara y en cierto punto casi deseas que lo haga, sus ojos claros son los más tristes que existen—. Espero que las personas que te hayan adoptado sean buenas contigo, no te odio, ni te amo. Lo siento. Pero no puedo hacerme cargo de ti».
Luego de Nicole siguen los otros chicos que estuvieron en detención. Las amigas de Nicole: Nora y Melisa, tampoco se salvan. La primera confiesa haber hecho trampa en el último examen de química. Y la segunda cuenta en voz muy baja todos los esfuerzos que hace por mantenerse en la línea; las palabras vomitar y laxantes potentes se escuchan entre lo que dice.
Uno de los rockeros de Ceci escoge la peor forma de desahogarse y al escucharlo hablar entiendo por qué tanta rabia en la amiga de Fred, todos dicen cosas terribles, como ellos por ejemplo. Uno habla sobre su homosexualidad, de la que nadie sabe o sospecha hasta ese instante, y el otro confiesa entre risas haber vendido algo de María a Damián y otros jugadores del equipo de baloncesto.