La clase es esa que tiene un nombre similar a desarrollo personal. Aunque quizás sea desarrollo de la ética humana o comportamiento ciudadano, no lo sé, nunca logro aprenderme el dichoso nombre de la fulana clase, pero lo que sí sé es que es una lata total.
La profesora es una de esas mujeres que estudia algo que tiene que ver con la ayuda social y la clase se empeña en hacer de sus estudiantes mejores personas, así como en darnos herramientas para vivir en el mundo real, o algo por el estilo.
El incidente con el vídeo de la cápsula del tiempo y nuestras confesiones, consejos o simples acusaciones, no solo es del dominio de los estudiantes del instituto, sino que algunos profesores ya están al tanto, nuestra profesora de esta hora es una de ellos y no puede existir peor suerte.
Al llegar de última al salón me toca tomar asiento en uno de esos lugares que a nadie le gusta. En la primera fila, casi puedo sentir las miradas clavadas en mi espalda.
—Hola, chicos —empieza la profesora su clase, apretando sus manos palma con palma y aspirando una bocanada de aire. Pienso en cómo debe ser estar en su posición, tener que lidiar con un puñado de adolescentes que están pasando por el peor instante de sus vidas estudiantiles—. Debido a los recientes acontecimientos, he pensado que la clase de hoy podemos dedicarla a analizarnos como personas y a hacerlo con los demás. Me explicaré mejor. Hoy no haremos análisis de frases pertenecientes a filósofos, ni conversaremos sobre los mensajes que pudieron transmitirnos tal o cual escritor con su prosa. Hoy, ustedes analizarán sus vidas y las de sus compañeros.
Mala idea, le grito en mi mente a la profesora. Estoy segura de que eso no hará más que empeorar las cosas. Pero los adultos son así, en ocasiones no ven lo que salta a la vista.
—A veces, es fácil para nosotros definir las cosas con una palabra. Por ejemplo, si yo pienso en The Beatles, digo: Grandeza. Si pienso en el director, digo: Autoridad —La profesora hace una pausa, calibrando si estamos siguiendo lo que nos dice—. Veamos. Damián, si yo te dijera que me describieras en una palabra, ¿qué dirías? —No giro el rostro, no quiero ver a nadie de los que están tras de mí. Para mi suerte, a mis costados solo están Nicole y Simón.
—Uh, diría... ¿Mujer? —Hay un pequeño murmullo de risas que casi parece absurdo con todo lo que está pasando.
—Muy gracioso, ¿no? Esa no es la idea. Veamos. Bruno, ¿cómo me describirías en una palabra?
—Educadora.
—Bien, bien. Eso es un inicio. Pasemos a lo que nos concierne. Tenemos que aprender a no juzgar, debemos aprender a aceptarnos y siempre es bueno saber cómo nos ven los otros. Quizás eso puede ayudarlos a reflexionar. Nicole, describe a Marta en una palabra.
—Uh, yo diría: Agradable.
—Excelente, ¿tú qué dirías, Cecilia?
—Superficial.
—Ey —se queja Marta, aunque no parece muy molesta. La profesora pide calma y sigue con la clase y, si todo parece tranquilo, deja de serlo cuando la profesora le pide a Ceci que me describa en una palabra.
—Cobarde —sentencia y no puedo evitar encogerme en mi asiento. La profesora enarca las cejas y me pregunta si tengo que decir algo al respecto, yo me limito a menear la cabeza, lo que provoca que Ceci suelte un bufido—. ¿Lo ve?
—Silencio —exige la profesora y me mira—. ¿Segura de que no tienes nada que decir al respecto? ¿Cómo describirías a Cecilia? —El silencio que existe entre la pregunta de la profesora y mi respuesta casi puede matarme.
—Resentida.
—Maldita —susurra Ceci, no lo suficientemente bajo, y la profesora vuelve a pedir silencio, pero veo en sus ojos que aquello no está resultando como quiere.
—A ver, chicos, la idea es que comiencen a aceptarse entre ustedes. Lydia, ¿cómo describirías a Frederick?
—Gracioso —contesta ella y muchos están de acuerdo. Aquello le da ánimos a la profesora, que le pide que me describa a mí, yo solo quiero que deje de hacerlo, a pesar de que sé que la profesora quiere reivindicarme por lo de Ceci, pero no es una buena idea.
—Solitaria —Arrugo el intervalo de mis cejas como simple reacción para contener mis lágrimas. ¿De verdad me ven así? «¿Y cómo más esperas que te vean si no hablas con nadie?». Me reprendo a mí misma. Entonces la profesora mira tras de mí.
—Sí, dime.
—¿Puedo describirla en una palabra? —es la voz de Frederick, la profesora lo medita un instante y luego asiente, él solo dice—: Hermosa.
—Qué montón de basura, Freddie.
Ceci, siempre tan amable.
Zarzamora.