Si la vida de los estudiantes de último curso de mi instituto fuera una película, el soundtrack sería este:
Crystal Castles, Alice Practice.
The Ting Tings, That's Not My Name.
MGMT, Time to Pretend.
Avril Lavigne, Losing Grip.
Ryam Adams, Pik Me Up.
Incubus, Anna Molly.
Snow Patrol, Chasing Cars.
¿Cómo llego a esta conclusión? Fácil. Nuestra profesora de aquella clase con el nombre extraño, al fin reconoce que lo de describirnos con palabras no funciona. Después de concederse a sí misma unos segundos para pensar, dice:
—Creo que una de las cosas más maravillosas de la vida, es la música —Ceci vocifera su aprobación y de reojo veo a Nicole sonreír—. Siempre me ha parecido curiosa la forma en que una canción se ajusta a determinado momento de nuestra vida. Por ejemplo, recuerdo mucho como siempre estaba escuchando esta canción de John Lennon, Imagine. En ese entonces era tan joven como ustedes y quería creer que el mundo podía ser mejor si todos colaborábamos a ello. Quiero que todos piensen en una canción, se pongan de pie aquí al lado mío y la canten para sus compañeros.
—Ni hablar —dice una de las amigas de Nicole con una sonrisa y otros tantos están de acuerdo.
—Bueno, bueno, si no quieren cantarla, pueden solo decir un fragmento de la canción. Uno que se ajuste a la forma en que se sienten en este instante. ¿Qué les parece? ¿Estamos de acuerdo? —No parece que todo el mundo quiera hacerlo, pero la profesora da por sentado que sí—. Maravilloso, ¿quién viene primero?
Silencio absoluto. Es como si en vez de pedirnos cantar una canción, la profesora estuviera pidiéndonos que pasemos al pizarrón a resolver una ecuación matemática súper difícil. Pero nunca falta el valiente que se lanza al blanco de tiro. En esta ocasión, es Damián.
—Esta es una canción de Ryan Adams que me gusta mucho y creo que nunca la sentí tan mía como hasta ahora —La profesora está apoyada en su escritorio y Damián mira hacia los puestos traseros, sé que mira a Ceci:
«Ven a recogerme, sácame por ahí, follame, roba mis discos. Tírate a mis amigos a mi espalda, con una sonrisa en la cara y hazlo otra vez.
Desearía que lo hicieras. Desearía que pudieras reconciliarte con mi cama, para que yo pudiera decidirme. Inténtalo en vez de dormir, quizás así descansarás alguna vez. Me gustaría poder».
—Una canción interesante —comenta la profesora mientras que Damián regresa a su asiento y con lo que me parece es un ligero rubor en las mejillas de nuestra educadora—. Bien, ¿alguien más?
—Yo —dice Ceci, se ve calmada, al menos muchos más calmada que cuando la tenía encima de mí arañándome los brazos y jaloneándome el cabello—. Esto es de MGMT y es una especie de código entre mis amigos y yo —confiesa con una sonrisa—. Dice algo así:
«Extrañaré el confort de tener a mi madre y el peso del mundo. Extrañaré a mi hermana, extrañaré a mi padre, extrañaré a mi perro y a mi casa. Si, extrañaré el aburrimiento, la libertad y el tiempo desperdiciado estando solo. Pero realmente no hay nada, nada que hacer. El amor debería olvidarse, la vida siempre puede empezar de nuevo.
Las modelos tendrán niños, los conseguiremos con el divorcio. Encontraremos a otras modelos y todo seguirá su rumbo. Nos ahogaremos en nuestro vómito, y ese será el fin. Nosotros estamos destinados a fingir».
Ceci sonríe y les dirige un guiño a sus amigos. Me pregunto entonces si de verdad eso de cantar una canción con la que te identificas está funcionando. Supongo que la profesora lo juzga así, pues pregunta si alguien más se quiere animar. En este caso Nicole alza la mano. La profesora sonríe y la insta a que pase al frente. Ella así lo hace. A pesar de que acabo de verla de pie cuando Ceci me ha atacado, aun no me acostumbro del todo a como su barriga está creciendo.
—La canción se llama Losing Grip —dice con un hilo de voz. Nicole no canta, solo recita una estrofa de la canción—. «¿Eres consciente de lo que me haces sentir, cariño? En este momento me siento invisible ante ti, como si yo no fuera real. ¿No me sentiste cerrar mis brazos alrededor tuyo? ¿Por qué te fuiste? Esto es lo que tengo que decir: fui abandonada para llorar allí, esperando afuera haciendo muecas con la mirada fija, perdida. Ahí es cuando decidí: ¿Por qué me debe importar? Porque tú no estabas allí cuando yo estaba asustada, estaba tan sola. Tú, tú necesitas escuchar. Estoy comenzando a caer, estoy perdiendo el control y estoy en esta cosa sola».
Nicole está todo el tiempo mirando hacia el suelo, pero no se precisa ser un adivino para entender por qué canta aquella canción. Me siento mal por ella y también por mí. En el momento en que la veo regresar a su asiento, ante la mirada de sorpresa de la profesora, me cuestiono a mí misma. ¿Por qué todos me comparan con Bruno? ¿Por qué Frederick dice en la cápsula que yo no saldría con él? ¿Por qué Ceci dice que yo no le convengo? ¿Acaso todo este tiempo he sabido muy en el fondo de mí que no soy una buena persona? ¿Acaso me he estado escondiendo de la gente porque a un nivel no consciente sé que no estoy bien? ¿No estoy bien? ¿Qué está fallando conmigo?
—Me gustaría intentarlo, profe —dice Lydia mientras yo me percato de algo más. Mi blusa, es blanca y dice: «Me, Myself and I» ¿Cómo es que ni siquiera recuerdo habérmela colocado? ¿Qué me está pasando?