El blog de Zarzamora - De la vida y otras cosas

#40: De la estúpida clase de nombre extraño

—¿Recuerdan esa actividad la semana pasada? —comienza la profesora. Yo me hundo en mi asiento, pues lo que yo recuerdo es la forma en que he salido corriendo después de cantar aquella loca canción de Crystal Castles—. Bien, hoy haremos algo similar. —Escucho algunas quejas en el aula. Al menos es bueno saber que no soy la única que está inconforme con aquello. Aun así, la profesora sigue adelante—. Siempre he pensado que es curioso cómo el mundo adolescente se limita a pocas palabras: deportista, nerd, porrista, popular, rockero, solitario, amistoso. Lo más curioso de todo eso es cómo siempre encajan a una persona en una sola palabra. Yo me pregunto, ¿no se podría ser porrista y rockero al mismo tiempo? ¿O deportista y solitario?

—No lo creo —susurra Nora, una de las amigas de Nicole, no lo suficientemente bajo.

—¿Por qué? —pregunta la profesora. Nora dice:

—No me imagino a Ceci agitando pompones, por ejemplo.

—Ni que fuera la gran cosa —refunfuña Ceci—. Solo hay que gritar tres estupideces y hacer el ridículo. Ahora, sí se podría ser rockero y nerd.

—Claro que no —contesta Nicole y Ceci se ríe para luego decir:

—Cómo se nota que no has visto las notas de Freddie. —Por instinto me vuelvo. Fred tiene los ojos cerrados y los labios arrugados, como si no le gustara que ese detalle de su vida saliera a la luz. Ceci, por otro lado, se lleva las manos a la boca y dice—. Lo siento.

Me sorprendo al darme cuenta de que no sé ese pequeño detalle de Fred. Sí, Frederick y yo no somos amigos de toda la vida. Pero los últimos días, al menos hasta antes de todo el lío con la cápsula, pasamos mucho tiempo juntos. ¿Cómo es que ni siquiera sabía ese pequeño detalle de él? Me siento un poco mal por eso y no estoy segura de si acaso eso es lo que la profesora quiere que todos sintamos, pues ella sigue adelante.

—Bien, nos estamos saliendo un poco de contexto. Veamos, a lo que quiero llegar es que a veces, sin siquiera conocer a una persona, la encasillas en una etiqueta y no creo que eso sea algo justo. Por ejemplo: Simón, ¿sabes cuál es el segundo nombre de Cecilia?

Simón enarca las cejas y luego dice que no, junto con una rápida disculpa. Ceci solo se ríe. La profesora también lo hace porque parece que, por primera vez, una de sus extrañas clases va saliendo como debe de ser. Hasta que sigue con su ejercicio. Ahora pide que digamos con cuál de las palabras que ella ha mencionado identificábamos a la persona que ella señala. Entonces le pide a Damián que señale en qué casilla me pondría, e incluso yo ya estoy preparada para escuchar la palabra solitaria, cuando él solo dice:

—No lo sé, no encaja en ninguna, creo.

—¿Estás seguro? —pregunta la profesora con ceño. No es la única contrariada, claro está—. ¿Tú qué piensas? —me pregunta la profesora y, a diferencia de la ocasión anterior y recordando lo que yo he dicho en la cápsula del tiempo y lo que me ha dicho Amanda, contesto:

—Soy una solitaria. Lydia lo dijo la clase pasada. Todo el mundo lo sabe.

—No —protesta Damián—. Verás, antes lo eras. Pero ahora Freddie-Freds no se te despega. Mucho menos ahora que todos conocemos el claro interés sexual del genio Bruno.

La clase enmudece un segundo. Un segundo en que yo apoyo la frente en mi mano y cierro los ojos. Puedo sentir claramente mis mejillas calientes. La profesora pide orden cuando Damián se ríe de sus propias palabras, por lo que Bruno silencia su bajo reclamo.

—Bien, será mejor que pasemos a la siguiente parte —dice la profesora con una sonrisa nerviosa. Se vuelve hacia su escritorio y toma una taza de café, luego dice—. Nicole, por favor, en una hoja escribe el nombre de todos los que están de esta fila hacia acá. Luego los vamos a meter aquí y los que están de este otro lado van a tomar un papel. ¿De acuerdo?

Nicole se pone a trabajar, ve hacia atrás, anota un nombre y lo mete en la taza. Cuando termina, la profesora va pasando por los asientos para que tomemos un pedazo de papel. Antes de leerlos, nos explica en qué consiste la actividad.

—Van a formar parejas y se van a contestar con sinceridad las preguntas que yo voy a ir anotando en la pizarra. La idea es que se conozcan, que se acepten y ganen confianza entre ustedes. Empecemos; Simón, ¿a quién tienes?

—Lydia. —Comienzo a abrir mi papel y casi estoy a punto de correr como la vez anterior. La profesora me pregunta a quién tengo y yo sentencio con un tono de evidente fastidio.

—Damián.

—Bien, supongo que el karma hará de las suyas hoy. Nicole, ¿a quién tienes?

—Frederick.

Y así la profesora sigue preguntando. Ceci queda con Marta y Bruno con uno de los rockeros de Ceci. La profesora pide de inmediato que nos acomodemos. Termino sentada al final del aula, frente a un Damián sonriente que masca chicle, que por el olor debe ser de menta.

La profesora anota la primera pregunta en la pizarra y es:

«Cuenta a tu compañero, ¿a qué le temes?»

Casi puedo decir: a ti. Pero la verdad es que existen cosas peores a las que temer. Como perder a un ser querido, o las cosas que a veces oigo o veo. Pero no menciono ninguna de esas cosas. No voy a abrir mi mente así de fácil solo por una estúpida clase.




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