El blog de Zarzamora - De la vida y otras cosas

#49: De las mentiras y la maldad

Ceci me tiende una emboscada en el baño, aunque sospecho que en realidad no es más que pura casualidad que quiero ver como parte de un maquiavélico plan maestro de Cecilia. Ella lleva una boina negra y el cabello suelto. Los destellos rojizos de cabello se ven más opacos, lo que demuestra que el tinte que usó para colorear su cabello no es de gran calidad, pues no hace mucho que se las ha hecho. Lleva también una cosa muy extraña cruzándole la cara: una sonrisa.

—Qué bien, ahí estás. Ahora no tendré que buscarte por todo este cuchitril. Aquí —Revuelve en su bolsa y extrae un sobre de plástico muy pequeño, me lo extiende aun ostentando su rara sonrisa amigable y yo lo tomo mirándolo con un poco de miedo.

—¿Qué es esto?

—Ay, relájate, son las pastillas que mi papá usa para dormir. Son las mismas que le doy al profesor Murray, de detención, para dormirlo, así que ya sabes cómo funciona. Lo que pasa es que las hice polvo.

—¿Y para qué me das esto a mí? —Ella levanta una ceja al mismo tiempo que se acomoda su boina.

—Teníamos un trato, ¿recuerdas? Aún no cumples tu parte. Bien, esto es lo que vas a hacer —Se vuelve hacia el espejo y saca de su bolsa un labial rosa, antes de aplicárselo agrega—. La fiesta de Damián es este fin de semana, intenta llegar algo tarde, para ese entonces él ya estará un poco bebido; lo vas a buscar, le vas a sacar conversación y cuando veas una brecha vas a echar ese sobre en su bebida. No lo eches todo porque sería demasiado, solo un poco para sedarlo por un rato.

—No lo sé, yo...

—Ni se te ocurra, mosca muerta —Ha terminado de aplicarse su labial y ahora me ve con aquellos ojos avellana que pueden matar a cualquiera—. Tenemos un trato y yo cumplí mi parte, ahora te toca.

Entonces vuelve a acomodarse la boina y se va. No quiero usar una frase tan ordinaria para explicar mi situación, pero no encuentro otra mejor, y esa es: que estoy bien jodida.

Conseguir el permiso para ir a la fiesta es lo más fácil del mundo, aunque mucha de la información original cambia mientras hablo con mamá. Ella tiene un día particularmente rudo, no es que me lo hubiera dicho, pero yo sé cómo reconocer esos días. Llega con los hombros caídos y el peinado un poco deshecho, a veces trae el delineador corrido y manchas de maquillaje en las mangas de su camisa; y así está esa noche, mientras el televisor muestra a un chef preparando algún platillo con pescado como ingrediente principal y mientras nosotras comemos arroz chino cortesía de una tienda un par de cuadras lejos de nuestra casa.

Empiezo diciendo que el sábado saldría en la noche, cosa que de inmediato la hace colocarse alerta y es cuando me alarmo. Me alarma que diga que no y cambio la información. Así es como la fiesta de Damián se convierte en una pijamada en casa de Nicole y el horario pasa de ser solo parte de la noche a hasta la mañana siguiente.

Mamá no tiene ni idea de que desde hace tiempo Nicole y yo ya no somos unidas, de hecho comenta sobre cómo hace mucho tiempo que no va para la casa y luego accede a darme permiso. Mientras tiro a la basura los envases de comida china, me pregunto qué rayos tengo yo en la cabeza. ¿Qué se supone que haré? ¿Qué le diré cuando llegue tarde a la noche y no al día siguiente? Un montón de ideas comienzan a pasarme por la cabeza, quizás puedo inventar que Nicole y yo peleamos y que por eso regreso antes, o quién sabe. Decido que no es mi mejor momento para inventar mentiras, después de todo la última no sale tan bien como debe.

Antes de irme a dormir miro la bolsa que Ceci me ha dado. Yo no estoy hecha para eso, yo soy la mayor parte del tiempo un manojo de nervios inseguro y asocial. ¿Cómo diablos voy a corromper la bebida de Damián? Pero más importante aún, ¿por qué tengo tantas ganas de hacerlo? No es como si me sintiera obligada por el trato que hice con Ceci, es como si muy en el fondo de mí tuviera esas ganas profundas de hacer una maldad, una en la que tuviera verdadera participación y no solo como lo que inicié para Bruno. ¿Desde cuándo yo dejo que la chica de alas y abundante delineador negro me domine? ¿Y quién es ella? ¿Por qué comienzo a creer que es más real que cualquier cosa?

Como lo he dicho antes: estoy completamente jodida.

Zarzamora.




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