El cadaver tambien rie

CAPÍTULO 18: El sustituto

CAPÍTULO 18

El sustituto

El sistema no elimina obstáculos.
Los rodea.

Me enteré del sustituto por una nota breve, enterrada en la sección de sociedad: Joven especialista en ética relacional asume rol de asesor externo tras la crisis institucional.

El nombre no decía nada. La foto, menos. Sonrisa neutra. Rostro adaptable. El tipo de persona que parece distinta según quien la mire.

—Ya lo pusieron —dijo Greta cuando le envié el enlace—. Qué rápidos.

—No viene a negar nada —respondí—. Viene a explicarlo mejor.

Investigarlo fue fácil. Demasiado. Currículum impecable. Discurso pulido. Cero sombras visibles.

—Eso es lo que me preocupa —añadí—. No tiene pasado.

—Claro que lo tiene —respondió Greta—. Solo que ya fue limpiado.

El sustituto no atacaba a Glen Miller. Lo homenajeaba. Lo resignificaba. Hablaba de “errores metodológicos”, de “aprendizajes colectivos”, de “una época que nos obligó a revisar prácticas”.

Nunca dijo crimen.
Nunca dijo abuso.
Nunca dijo poder.

Hablaba como quien cambia el marco de un cuadro sin tocar la imagen.

Quinn confirmó lo inevitable.

—El juez lo citó como consultor —dijo—. No como testigo.

—Perfecto —respondí—. Así no puede mentir. Solo interpretar.

El sustituto apareció en televisión esa misma noche. Voz calma. Gestos contenidos. Un lenguaje que parecía humano, pero no lo era del todo.

—No se trata de juzgar deseos —dijo—, sino de acompañarlos responsablemente.

Ahí estaba la trampa.

No negaba la pornografía moral.
La estetizaba.

Convertía el chantaje en “proceso”. La vigilancia en “cuidado”. La grabación en “registro terapéutico responsable”.

—Es mejor que Glen —murmuré—. Mucho mejor.

—Porque no cree en ello —dijo Greta—. Solo lo ejecuta.

Eso lo hacía invulnerable.

El sustituto no necesitaba archivos. Necesitaba confianza pública. Y la estaba ganando. Columnas favorables. Apoyos académicos. Influencers hablando de “debates necesarios”.

El sistema no se defendía.
Se reinventaba.

Recibí un mensaje suyo al día siguiente. Directo. Elegante.

Admiro su compromiso. Me gustaría conversar. Sin tensiones.

—Ya empezó —dije en voz alta.

No era una amenaza. Era una absorción.

El sustituto no quería silenciarme. Quería integrarme. Convertirme en una voz crítica “responsable”. Parte del decorado.

Rechacé la invitación.

Horas después, alguien filtró un rumor menor sobre mí. Nada grave. Algo ambiguo. Lo justo para erosionar.

—Te están desplazando —dijo Quinn—. Sin tocarte.

—Claro —respondí—. Así no dejan marcas.

El sustituto sonrió desde otra pantalla. Hablaba de futuro. De diálogo. De nuevas narrativas.

Y entendí la jugada final del acto:

El monstruo no había muerto.
Había aprendido a parecer razonable.

Y contra eso, la verdad sola no basta.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.