El Campo De Rosas Rojas

INTRIGA

INTRIGA

 

 

Estaba agotada, el día había sido cansando, como cualquiera en la casa. Siempre terminabas con un peso en la espalda.

Luego de cenar, me despedí de cada uno de los chicos que restaban en el comedor. No había sido la primera en irse a dormir. Comencé a andar por el blanco pasillo, pensando en el día que había vivido, repasando cada momento cada palabra, estaba feliz, feliz de ser tan amada, cada uno de los chicos se dirigía a mí con cariño, y yo a ellos les respondías de la misma manera, incluso Alicia emanaba amor. ¿Podía ser diferente? No, solo nos teníamos los unos a nosotros, y a pesar de toda la intriga... estábamos juntos.

Los muros de la casa crujieron poco más fuerte de lo usual, se lamentaban por algo, porque el mundo cambiaba con rápidez, pero esa vez, no entendí, la casa solo crujió más de lo usual, solo eso significó para mí... Voces apresuradas se colaron por la puerta al final del pasillo, hacia el almacén. Me detuve, y luego de un segundo heché a correr hacía las voces.

Por segunda vez, me acerqué a una puerta, solo que esta no era blanca, esta era café, de madera vieja y desgastada. Sospeché que no era una conversación normal, pues en las voces que salían de ahí se apreciaba cierta agitación, como una clase de discusión, pero raramente, alguien discutía tan acaloradamente en la casa, identifiqué la primera de las dos voces. Era la de Katherine, hablaba con Dylan, bastante exaltada, pero ni idea de porqué podría ser, la puerta era gruesa y no escuchaba bien, entonces escuche como se abría la puerta del lado de la cocina, supe que era de ese lado por el simple hecho de que no fue de este. Me espanté, pensando en que podrían descubrirme, justo cuando festejaba que nadie saliese, volvió abrirse de un tirón, pero esta vez si fue de mi lado. Salió Katherine, mirándome desconcertada, entonces debió de captar que estaba escuchando, porqué una pizca de nerviosismo cruzó por sus ojos. Seguramente Dylan había salido del otro lado.

--¿Todo bien? –le pregunté sin saber que más decir, pensando en que podía haberse enfadado conmigo por haber escuchado, aunque en realidad no había captado ni una palabra.

--Todo está bien –me dijo, sonriendo repentinamente. --tranquila, me molesté con Dylan por la catástrofe en que convirtió la cocina, le he ordenado ir a limpiarla...

Como siempre Katherine me ocultaba cosas, pero si se trataba de Dylan, no era de mi incumbencia, ella mentía, y sin embargo, una parte de mí le creía... a ella le molestaba encontrar la cocina echa un desastre, porque al final ella terminaba haciéndose cargo, pero cuando sabía quien había sido ocurría lo que dijo... le ordenaba a esa persona que lo arreglase inmediatamente. No le hacíamos la vida fácil... pobre...

--Entiendo... --dije asintiendo con la cabeza. Ella sonrió. --Entiendo... oye... lamento lo que pregunté en la comida. --agregué, porque ella mentía y parte de mi le creía, pero la otra... no, nunca.

--¿Cómo? –respondió sorprendida, desapareciendo la sonrisa del rostro, lo que casi confirmaba que me había equivocado al pensar que se trataba de ese asunto.

Ella notó mi reconocimiento en su pregunta, Katherine estaba en aprietos y tenía que repararlo: --Ya se me había olvidado... no hay problema – dijo. Me dio un corto abrazo y después comenzó a retirarse. Dejándome muda. ¿Que demonios había pasado? La casa volvió a crujir. "Te lo dije, tu mundo cambia" dijo la voz de mi consciencia... era verdad, pero me contesté que era mentira. Estúpida.

Es curioso como uno piensa más por la noche, como algunas cosas comienzan a encajar. Mi mundo cambiaba, ella se alejaba por el pasillo, mi mundo cambiaba, alguien abría un grifo, mi mundo cambiaba Peter y Casandro reían en la habitación de Ernesto... Ernesto. Mi mundo cambiaba y yo... yo lo negaba, estaba ahí, parada, sin nada que decir, con un nudo en la garganta. Katherine se alejaba, y yo sol la contemplaba... casi doblando la curva, recordé la sábana roja, por primera vez significó algo más que un objeto, significó protección y amor... Katherine, ella me había protegido... ¿De qué? No lo sé... pero lo había hecho, justo como hace unos segundos, con su mentira, por que sí, cada mentira suya significaba protección. Le tomé cariño a la sábana, eso ya lo sabía, pero no tanto, no con tanta desesperación como en ese momento. No quería que envejeciese, y esa chica a la que había perdido de vista, pero que aún avanzaba por el corredor, me la había dado a mí, para que me cuidase.

Reaccioné, corrí por el pasillo, y cuando estuve detrás de ella dije:

--Me aseguraré de que no le ocurra nada --mi tono fue desesperado.

Katherine se detuvo, luego giró sobre sus talones, me miró extrañada tratando de descifrar que le decía.

–La sábana, la cuidaré –aclaré para no dejar lugar a la duda.

Su rostro se enterneció, y susurró algo que no alcancé a escuchar, se acercó a darme otro abrazo, solo que más fuerte, ese abrazo fue como si me dijese todas las cosas que hasta la fecha no podía decirme, eso es lo que quiso hacer, y yo... yo solo quise entender que lo que sea que me ocultase no tenía importancia, que todo estaba bien, y no había motivos para tener miedo.




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