3
Jaylynn
La red de jarcias debe aprenderse los espacios en los que posiciono las botas, porque siempre son los mismos. Apenas siento que la cuerda se mueve con brusquedad, busco apoyo por temor a que el cáñamo se rompa, cosa imposible en estos casos.
En lo alto del mástil, llego a la plataforma que me espera como todas las mañanas, y observo lo poco que falta para alcanzar tierra firme.
No puedo evitar sonreír, jactada de mi mar, del que conozco perfectamente. Estamos volviendo a Poregrath.
La brisa me da en la cara, y cierro los ojos al apoyarme contra la madera. Cuando estoy aquí, más alto que nadie en el barco, no hay modo de temer a resbalarse, aunque suene imposible.
El ajetreo abajo me hace comenzar el descenso, atenta a donde quiera que llamo mi escalera en estos instantes.
Leonie me recibe una vez que las botas chocan contra la madera, atenta a lo que diga.
—Estamos cada vez más cerca, no hay de qué preocuparse —anuncio algo impasible, pero ella niega.
—Deberíamos preocuparnos por la lluvia, se ve bastante nublado.
Después de todo, mi amiga es el contramaestre, ya que el anterior le cedió el lugar.
No tengo duda de que caerá una lluvia torrencial más tarde, porque si Leonie predice el clima, en este reino no será la excepción.
Se le da perfecto su papel.
Yo, por otra parte, soy la vigía. Los ojos que tiene la tripulación en el mástil.
Aunque casualmente, no temo a las alturas. Tiendo más a dudar en mi habilidad para subir redes, que es distinto.
—Jay, Achard quiere hablar contigo —Dave termina de ajustar las velas junto a otros muchos marineros, divertido con la situación y eso es preocupante.
—¿Qué dijiste esta vez? —susurro, pero a causa del viento esa palabra significa hablar un poco más bajo, nada más.
—La verdad. Que sabes usar espadas, armas, y que no te molestaría acompañarnos —mi amigo se ríe mientras Leonie niega, sorprendida.
—Jay todavía no termina de…
—Sabes que es cierto —replica él con voz algo más suave—. Vamos, Leonie. Es mejor que yo cuando se trata de apretar el gatillo.
—Que sólo ha tocado un par de veces para darle a botellas que ustedes mismos le acomodan —suelta, y yo no podría estar más indignada.
—Ellos nunca me acomodan las botellas, yo les doy al primer tiro.
—Nunca serás tan buena como Sorsha, eso ya deberías digerirlo —replica ella y eso sí me hace pensar un poco.
No digo nada, y Dave suspira con cansancio.
—Deberíamos dejar las comparaciones innecesarias e ir directamente al punto.
Asiento, pasando por el lado de ambos hasta las escaleras que llevan a la parte baja hacia el pasillo de habitaciones. Toco con los nudillos a la puerta de Achard, uno de los mejores soldados del reino antes de convertirse en artillero. Un par de años mayor que yo, he de mencionar.
Sin embargo, la puerta se abre sin mucha espera, y el muchacho me recibe con la habitual confianza de siempre.
—No tardaste demasiado —murmura, sentándose sobre el catre algo desordenado. Se pasa una mano por el cuello, está cansado luego de limpiar las armas la mayor parte del día—. ¿Tienes tantas ganas de ir?
—Tantas como de caminar por la plancha, quizá. No me agrada el concepto de su plan, si soy sincera. Pero de todas formas… He d'anar.
—No te dará gusto saber quién irá con nosotros.
Lo último lo dice con una sonrisa intencional, pero ya me había preparado para esto.
—Ya sé que Sorsha irá con ustedes —juego con una de las pistolas sobre la pequeña mesa de madera que tiene en medio de la habitación—. Y tú sabes quién ganó la última vez cuando hubo una apuesta.
—Ganaste porque se rompió los nudillos, no porque hubieras dado el último…
—Mira, las cosas son así —replico, dejando de lado el arma—. Tengo que demostrarles a todos aquí que esa tonta no me es rival. Cuando el capitán decida quién irá a la siguiente fase de su plan, la parte importante, debo estar ahí.
—¿Por qué con tanta urgencia quieres ir al castillo? —mide mi reacción, expectante—. No es como si fueras a robar una corona o algo así. Tus habilidades en espionaje no llegan a tanto, Jaylynn.
—Quizá ahora, pero pronto voy a mejorar. Qué mejor forma de practicar que ir a un plan de verdad. Y ahora mismo, te doy mi palabra: estaremos de vuelta en el barco antes de las dos, tenlo por seguro.
Él se queda mirándome más tiempo del necesario, pero no replico. Está considerando sugerirme de verdad como parte de esto.
Miro por la habitación, todo menos a Achard. Así no se dará cuenta de lo desesperada que estoy por esto.
Sorsha no puede tener más puntos que yo estando en el plan. Así nunca obtendré lo que quiero, si se impone ante lo que yo misma deseo hacer.
Cuando asiente, no puedo aguantar las ganas de sonreír.
—De acuerdo, Jay. Tienes esta oportunidad. Sólo esta.
—¿De verdad?
—Porque de fallar, me costará el sitio aquí —advierte, pero el brillo de complicidad entre nosotros no falla.
—Te lo agradezco, en serio. No els defraudaré.
Al dirigirme hacia la parte superior del barco, me encuentro con el movimiento a su término, una imagen distinta a la que esperaba hallar.
Y pronto regresa el ajetreo. El capitán ha anunciado que pronto desembarcaremos.
No puedo contener la satisfacción que me causa todo esto.
Y los nervios, aunque ocultarlos es mi actividad favorita. Estamos de vuelta, y el corazón celebra sin importar nada.
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Editado: 13.06.2026