Hartley
—De todos los posibles desenlaces, he de decir que te dieron el mejor —Dave, según me ha dicho un par de veces, me tiende otra pistola de las que hemos estado limpiando. No están cargadas, por supuesto.
Es lo que haré hasta lo que sea que ellos decidan. Y aunque le han dicho al hombre unas buenas veinte veces que deje de hablar conmigo, no para y se deberá yo creo a una necesidad compulsiva de entablar conversaciones.
Yo también soy así. En algún universo muy lejano a este.
—No sabía que limpiar pistolas era una clase de desenlace para mí —murmuro, dejando sobre otra caja de madera el arma, los montones están por todas partes, en este segundo piso del barco.
—Lo es cuando Nerván es el capitán —murmura, algo convencido mientras se pasa una mano por el cuello—. Y cuando Criminal es quien te apunta con una espada.
Me pasa otra pistola, y continuamos con esto.
—¿Por qué le dicen así? Y se lo dicen… —trato de observar si la mancha que veo en el gatillo la estoy imaginando, pero la limpio de todos modos con el pañuelo—, como en un acento.
—Es catalán. Ella habla catalán igual que unas cuatro personas aquí, vienen del mismo sitio o tienen raíces.
—¿Ya terminaste de hablar con la mercancía, Tleshard? —le grita un hombre desde la cubierta—. ¡Las armas son para hoy!
Dave ni siquiera se inmuta. Es raro, pero creo que lo tratan distinto por alguna razón. Incluso dentro de la habitación del capitán, hace un par de horas, noté que se distanciaba del resto a propósito.
No puedo dejar de pensar en todo lo que debía hacer hoy y hace que me maree más de lo que este barco logra conseguir. ¿Ya estarán buscándome? Sólo espero que Leith tenga el sentido común de alejarse en este asunto, porque de algún modo le podrían echar la culpa.
—¿Cosas importantes en casa? —pregunta Dave luego de unos cinco minutos de puro silencio. Comenzaba a preocuparme un poco—. Yo la traigo a todas partes, por eso no lo pienso tanto.
—Supongo… que te acostumbraste.
—Oh, claro. Y ellas también.
Sigo su vista hacia… ¿Leonie?
Escuché cómo la llamó Nerván en la habitación. Contramaestre. Ella es contramaestre.
No tengo idea de qué es eso.
—¿Ella es tu familia? —pregunto porque evidentemente espera que diga algo, así sean dos palabras.
No tardo mucho en apartar la vista para que una vocecilla me haga regresarla hasta ahí. Una pequeña niña se acerca corriendo para abrazarse a las piernas de Leonie, y me recuerda un poco a Irmine. Sólo que el cabello de esta niña es igual que el de su…
¿Qué?
—Es mi hija —asiente Dave, y no puedo creerlo—. ¿Qué? ¿Te parecía muy pronto?
—¿Eh? ¿Qué? No —sigo limpiando, todavía confundido—. No, ¿por qué sería pronto?
La verdad él no parece tan joven, sólo en actitud logra engañarme. Es como si nunca hubiera cambiado, o es el tipo de cosas que alguien más le diría.
—Sé que en tu mundo no les explican del todo que tener familia con quien amas no está mal.
—¿De qué hablas?
—Eso es lo que cuentan.
Las palabras de Dave parecen sinceras, pero poseen un tinte de rencor.
—¿Qué estabas haciendo en la cantina? —baja más la voz, confuso—. ¿Cuántos años tienes, Sherwood?
—Ya casi cumplo veintiuno. Suficiente para tener problemas, ¿no lo crees?
—No, definitivamente no. Los problemas no se…
—¡Tleshard! —vuelven a gritarle y entonces suspira con frustración.
—Debo comportarme bien por estar en la cuerda floja, pero tú termina —murmura más rápido de lo que creía posible antes de pasar por mi lado.
¿Cuerda floja? ¿De qué habla?
El sonido de balas arrojándose me arranca de los pensamientos y es cuando noto que dos botellas rotas caen cerca de unas botas de cuero. Es Sorsha, muchas veces la nombraron.
Se supone que ella debía ir por mi hermana, o eso es lo que logro asumir entre todo esto. ¿Y por qué? No tengo ni la menor idea, todo este alboroto no puede ser solo por dinero.
Una de las pistolas se me resbala de la mano sin previo aviso, pero no es la primera vez que sucede algo parecido. Cuando me cortaron la soga de las muñecas y traté de seguir a Dave para sacar las armas de la bodega, me costó una ridiculez mantener la fuerza en la madera de las cajas.
El arma cae entre los barrotes de madera hasta la primera planta, en la cubierta.
Sorsha la recoje, y me mira con intriga. Poco después, sin apartar la vista de mí, se mete una mano en el bolsillo y carga la pistola.
No puedo creer lo que pasa hasta que, en el barandal de madera, a dos centímetros de mis manos, se nota un agujero hecho por la bala.
No es como si hubiera querido dispararme, pero tampoco le alegra no haber acertado.
—Tu turno, Criminal —Sorsha sonríe hacia las velas, señalando la única botella intacta en un poste de los muchos por todo el barco.
Jaylynn. Así se llama Criminal. Sale detrás de la vela que izaba, desenfundando una pistola mientras otros miembros de la tripulación las observan.
Leonie, que está a una distancia considerable, se lleva a su hija escalones abajo, intencionalmente cubriéndola del alboroto mientras saluda a ambas chicas.
¿Qué se sentirá ver cosas como estas todos los días, como parte de una rutina? ¿Es normal para ellos hacer estas cosas?
Noto que me he quedado observando de más y de nuevo finjo limpiar cuando mi atención está puesta en el primer piso.
Sólo se escucha el presionar del gatillo antes de que la botella vuele en pedazos por la cubierta. Alcanzo a ver cómo se retira la palma de la mano que le cubría la vista.
Esa descarada disparó sin mirar. Y acertó por completo.
El grupo felicita a la chica, aunque con la primera no se hayan molestado.
Yo sé de alguien a quien sí molestará.
Como sea, me parece demasiado interesante que haya podido derribar una botella de un tiro, y no puedo evitarlo.
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Editado: 13.06.2026