Jaylynn
—¡Estás loca! —Alizeh se acerca a mí para abrazarme, ambas empapadas—. ¡Estás loca, estás loca!
Toda la tripulación se acerca, pero me centro en alguien. El capitán me observa todavía con miedo en los ojos, pero al ver mi media sonrisa de nerviosismo deja ver una parecida.
El suelo que pisamos está inundado, y en sacar el agua es en lo que nos centramos la siguiente hora.
Pero desde el momento en que bajé del mástil, he visto una mirada que me sigue casi en todo momento, y justo ahora me giro para comprobarlo.
Hartley aparta la vista de mí, centrándose en lo que le dice Dave mientras sacan todo lo que pueden del tercer piso con las escobas, el que está cerca del timón.
Yo también continúo con mi tarea, pero sigo inquieta. Ese barco quería arruinarnos. Y no alcancé a ver su bandera.
Cuando todo está completamente seco y me dispongo a guardar en su sitio todo lo que hemos estado usando, escucho el sonido de un violín desafinado y eso me indica que Calipso, nuestra otra violinista, trata de reemplazarme. Casi todos están aquí, en la cubierta. Planean celebrar después de lo que pasó ahora que la tormenta ha terminado con un cielo nublado.
Veo a Alizeh bailar con Achard después de claramente obligarlo, porque el chico detesta bailar, y pronto muchos más se les unen. Yo paso de esto y subo la escalera hasta el timón, ahora siendo vigilado por nadie.
Sin importar cuánto el capitán me ha dicho que no es necesario, el recuerdo de una noche no me permite quitarle la mirada de encima. Se podría desviar, no lo sé.
Pensar en aquella vez me recuerda la neblina, los gritos, y a lo lejos… a lo lejos, casi puedo recordar una canción. Una que espero no sea verdad y sea fruto de mi mismo pánico aquella vez, que me haya imaginado a una sirena a lo lejos en medio del miedo.
—¿En qué piensas?
La voz de Hartley hace que casi me resbale por la borda, curioso sería gracias a que hace una hora logré no morir por algo mucho peor.
—¿Qué haces aquí? —murmuro, disimulando la sorpresa.
—Hace rato no temiste a lanzarte de un mástil —dice, cruzándose de brazos con una media sonrisa—. ¿Le temes a un violinista?
Uno que no me conoce en absoluto, porque no le permito a nadie hablarme con tanta confianza. Hay excepciones, sí, pero no está dentro de ellas.
O eso pensaba.
No fue un mástil, es la plataforma, pero se ve bastante seguro así que no lo corregiré. Es muy entretenido.
—Deberías estar abajo, entonces —digo, mirando el alboroto por el festejo a nuestros pies—. Sabes tocar bien, ¿no?
—No, eso no es tocar —señala con la cabeza, ahora igual de intrigado que yo—. Está desafinando demasiadas veces.
—Es porque estamos en un barco, Sherwood. Aquí todos tocan así —aguanto la sonrisa al ver su desconcierto. No me percaté en que dejé de mirarlos a ellos para ver su perfil mientras lo analiza—. Nadie tomó lecciones, lo hacen porque quieren.
—Pues es algo tonto, en parte. Si tocas un instrumento, lo haces porque sabes hacerlo, es una vergüenza lo contrario.
¿Por esa actitud habrá ganado la beca? No lo sé, ni se lo quiero preguntar.
—Hablé con el capitán —empiezo, anticipándome a su respuesta—. Dice que por el momento estás a prueba, así que no te atrevas a decepcionarme.
Entonces se vuelve, y al ver mi entereza sonríe.
—¿Decepcionarte? No lo creo.
Lucho contra el gesto, y gano. No le devuelvo la sonrisa, pero me limito a cruzarme de brazos.
—Más vale entonces, no me quiero meter en problemas.
—Eres interesante, ¿sabes? —dice con descaro, sin apartar la vista del frente—. Y muy valiente.
¿Qué trata de hacer?
No creo que me mire, así que entonces sí me permito sonreír.
…
—Mi madre era una sirena.
Desde que escucho esas palabras sé a quién pertenecen y respaldo el bufido de irritación de Alizeh mientras hacemos los nudos.
—No es verdad, porque no existen —replica Gilly, la hija de Dave y Leonie. Me vuelvo a mirarlos, y sentado en la cubierta con ella está Achard, juegan juntos sus muñecas.
O eso pretendía hasta que saca eso a colación, como desde que éramos niños.
—¿Y entonces por qué nunca la has visto en el barco? —replica él, y Gilly duda.
—Porque no vive aquí.
—Vive en el mar.
Ambos discuten con el mismo tono, y tengo que negar para despejar la tontería de mi cabeza.
—Oye, Achard —lo llama Alizeh, dejando de lado los nudos para sentarse en un banco cerca de ellos—. ¿De qué color eran las escamas de tu madre? ¿Eh?
—Sí, ¿de qué color? —apoya Gilly, soltando su muñeca.
Achard parece pensarlo, y ante la tardanza ya sé que dirá.
—Jay lo recuerda, ella la conoció. ¿No es así, Criminal?
—Deixa d'ensenyar-li coses així, ximple —respondo, sin dejar de pelear con el cáñamo que Dave arruinó en la soga.
—¿Qué dijo? —pregunta Gilly con curiosidad, la única del círculo que no habla catalán todavía.
—Que la recuerda con escamas rosas —se defiende Achard, cruzándose de brazos.
—Mentiroso —lo acusa Alizeh y ella lo secunda.
Dejo el alboroto de lado para dirigirme a la otra parte de la cubierta, en la que mi amiga más personal ha comenzado su entrenamiento. Sorsha pelea con dos chicos a la vez, haciendo resonar su espada.
Nunca he intentado eso, pero no se ve tan complicado.
Muevo la vista cerca de ellos, y noto a Dave mientras vuela la espada de Hartley cerca de ellos, no tuvo la fuerza para repeler el ataque.
Me apoyo en un mástil, cruzándome de brazos para ver el espectáculo.
Pronto Hartley se recupera y ataca a Dave, quien lo intercepta y hace tronar sus espada unas cinco veces hasta tocar al chico con el metal, apenas haciéndole un rasguño en el pecho.
Algo descubierto por la camisa a medio abrochar.
Pregunta que si se vale lo que ha hecho, sobre lastimarlo si era un entrenamiento y discuten ambos. Yo no puedo aguantar la risa, pero sí modular el volumen. Hartley quiere aprender, el problema es que nunca se ha tenido que defender antes, estoy segura.
#888 en Otros
#22 en Aventura
#2981 en Novela romántica
drama y suspenso, aventura accion, amistad aventuras romances y misterios
Editado: 04.07.2026