Hartley
Bajo la rampa en último lugar, por primera vez quizá en semanas tocando tierra firme.
No entiendo qué estamos haciendo, pero tal parece que el resto sí.
Avanzamos por las calles de una ciudad que no reconozco en absoluto. Las calles para nada impolutas me indican que no estamos en Ciudad Carta, y los colores vibrantes y cierto descuido en el empedrado indican que no estamos en Poregrath más.
—Este es el plan —Dave se acerca a mí mientras los otros tres chicos se adelantan—. Llevarás a Eve Johnson a nuestro carruaje y desaparecemos todos de aquí.
Se esperaba mi sorpresa, porque asiente.
—Es amiga de tu hermana, ¿no es así? Tranquilo, buscamos a tu hermana, pero no es para dañarla.
—¿Para qué más secuestran a otros? —replico, mirando un faro fallar en medio del camino.
—Para sacar información, ¿qué otra cosa?
Un carruaje se adelanta hasta nosotros, y el conductor incluso lleva una capucha que nos impide verlo. No puedo creer que esté a punto de subir con ellos, ni siquiera parece seguro.
El interior está bastante decente como para ser provisional. Planearon esto con tiempo.
—¿Le contaste su parte? —Jaylynn habla desde el asiento frente al mío, lo único bueno en este plan—. Lo harás, ¿no es así?
—Todavía no entiendo muy bien qué debería hacer —empiezo, y Alizeh suspira, divertida.
—¿Le oyes el acento, Jay? —dice, sin dejar de sonreír—. Por supuesto que servirá, caerán a sus pies, viene de Poregrath.
—Nunca he visitado Poregrath —me sincero, no sé qué clase de privacidad podría seguir teniendo con los captores—. Soy de Ciudad Carta, aunque algunas veces sí he salido para otros sitios.
—¿Otros sitios? —Achard añade algo de fastidio a la conversación—. ¿Con más clase, eso quieres decir?
Estoy a punto de responder algo de lo más amable, pero Jaylynn le dedica una mirada que ordena silencio.
Creo que le he estado prestando atención en estos días. No estoy muy seguro de haberlo hecho, pero debí si estoy aprendiendo un poco sobre ella.
Primero, casi todo el tiempo está con una actitud extraña, casi sobria. Otras veces es intrépida, casi demente.
Nunca había visto nada parecido en ninguna mujer que haya conocido antes, y es que puedo hablar de varias personalidades.
—Es simple —Jaylynn me observa con cierta altivez—. Hablarás con ella, la invitarás a bailar, tú deberías saber cómo funciona esto. O al menos eso dijeron.
—¿Quién y qué dice exactamente?
—Casi todo el mundo, y no sé muy bien cómo responder a lo otro.
Los cuatro se quedan en silencio unos segundos, hasta que ella parece dar con la palabra.
—Tienes una reputación, Sherwood. Una muy marcada —murmura Jay, pensativa—. Tienes demasiada… experiencia.
—Es decir, que soy un mujeriego —deduzco con irritación, y no dice nada, sólo asiente—. Lamento diferir, pero hay una diferencia muy marcada entre que te agrade la buena vida, y…
—Y ser un cualquiera —Jay sonríe, quizá la primera vez que la veo hacerlo. Aunque no parece sincera—. Lo segundo te queda más, si me permites opinar.
—¿Por qué?
Quizá no debería estar hablando tanto con ella, porque Dave me ha dado unos tres golpes en las costillas, y ni hablar de cómo Achard no deja de fulminarme.
Sin embargo, no me responde. Pasamos el resto del trayecto entre conversaciones de Alizeh con Dave sobre lo bueno que es un restaurante cerca de aquí y me pregunto si de verdad son piratas. Es decir, lo son, pero parece más una fachada que su verdadera vida.
Todavía no estoy muy seguro de eso.
Cuando la puerta del carruaje se abre y quedamos a varios metros de una puerta de servicio, a juzgar por la madera desgastada, bajamos por fin. Achard va al frente de nuevo, y noto que Jay se rezaga a propósito cuando nota que me quedo atrás por ajustar las mangas de mi camisa.
Hoy siento que retrocedí en el tiempo, porque de nuevo llevo puesta una gabardina y pantalón oscuro. Estamos a punto de entrar a un sitio importante.
Criminal está espectacular esta noche, aunque su ropa es mucho más sencilla. El vestido coral no se ve demasiado como su estilo, pero los tirantes delgados que se lo sostienen le lucen la clavícula, sobre la que cae su cabello ébano. No creo ponerlo en palabras ni hoy ni mañana…
—Porque tienes dinero.
Me vuelvo hacia ella cuando pronuncia las palabras con satisfacción, y sin más vuelve a caminar.
—¿Qué dijiste? —replico, alcanzándola después de haber tenido que correr un poco.
—Preguntaste por qué —dice, mirándome apenas—. Te respondo, es porque tienes dinero.
—¿Tener dinero me hace un cualquiera?
—No. No saber usarlo, claro que lo hace.
—¿Tienes una idea de mí o simplemente decides juzgarme?
—Estás haciéndome muchas preguntas, Hartley —suelta, y me sorprendo un poco cuando usa mi nombre. Esta vez suspira—. Mira, todavía eres un niño y tratas de comportarte como un adulto jugando con cada mujer con la que te cruzas.
—Se llama tener amigos. Y no te hace mujeriego tener muchas amigas. La diferencia está en que tengo dinero, según dices. Pues quizá sí, tengo dinero. Y te molesta un poco que yo sí pueda usarlo a mi antojo.
Se ríe. Se ríe como nunca antes, pero de nuevo es hiriente. Los demás no nos escuchan, o eso creo. Achard habla con alguien en la puerta mientras Dave y Alizeh conversan en voz baja. Ni siquiera nos notan.
—¿Crees que si tuviera dinero lo iría tirando con cada hombre que encontrara? —Jay se cruza de brazos, mirándome de pies a cabeza—. Es la diferencia entre nosotros, tú eres un superficial. Además, cualquier persona estaría molesta viendo como el salario de dos meses es usado para la diversión de un niño arrogante.
—¿Arrogante yo? —replico con molestia, pero me interrumpe.
—Deja de presumir, porque entendí el punto. Tienes dinero, yo no tengo bastante, tú ganas.
Y por fin se acerca a sus amigos.
#888 en Otros
#22 en Aventura
#2981 en Novela romántica
drama y suspenso, aventura accion, amistad aventuras romances y misterios
Editado: 04.07.2026