Hartley
Hace unos días estuve a punto de morir, pero hoy se siente distinto. Es como si mi vida fuera otra, como si cada parte del día fuera importante.
No he dejado de ayudar a Dave en todo lo que necesita, desde atar nudos y limpiar armas hasta hacer recuentos de armas.
Estamos más ocupados que nunca, y se debe a la falta de personas. En el ataque en el barco murieron demasiados.
Algo que no me sorprendió cuando lo noté es que Jaylynn toma el timón hoy, a falta del capitán que no ha visto la luz del día desde ayer. Tampoco es un secreto ahora que la chica que perdió era su hija, hermana de Achard.
Hoy por fin Dave me contó que Jay no es hija del capitán. Y también que para Sorsha ella no era precisamente su persona favorita. Eso no era un secreto, pero no imaginé que el resentimiento proviniera de un lugar tan escabroso como el que parece ser.
Cuando jalo la soga junto a Dave para dejar libre la vela más grande, recuerdo las cosas que dijeron de ella. Todos creen que Jaylynn tuvo algo que ver con lo que le sucedió a la hija del capitán. Y eso no puede molestarme más.
Ella me salvó, me sacó de ese lugar sin importar cuánto estuviera dispuesta a darse por vencida por el dolor. No es en absoluto una mala persona.
Sé que Dave ha estado disuadiendo a todos los que creen eso, porque Criminal no soportaría escucharlo. También noto lo mucho que esto la afecta, sin importar cuánto trate de ocultarlo.
Cuando termino y el atardecer se hace presente, decido subir hasta la tercera planta para ver qué tal está todo por ahí. En especial con ella.
—Hola —empiezo, y al escucharme Jay deja el ensimismamiento en el que estaba mientras sostenía el timón.
—Hola, Hartley —dice, forzando una media sonrisa—. ¿Terminaste por hoy?
—Casi todo. Me faltaba ver cómo estabas.
Se ríe apenas, y entonces noto una venda que le cubre casi todo el nudillo izquierdo como un mitón. Ayer no se lo vi.
—No deberías estar haciendo esto si te lastimaste —digo, adelantándome hasta ella para mirarlo mejor—. ¿Qué te pasó?
—Una bala —murmura, y por eso ato cabos. En la cubierta comentaban que alguien se sacó una bala con los propios dedos, no sé por qué me sorprendo de que se trate de ella—. Nada grave, ya no duele mucho.
—Pero te duele. ¿Quieres que lo haga por ti?
—¿Sabes cómo? —replica, divertida con la idea.
No puede ser tan difícil. La idea de que ella sólo está aquí para mantener bien la mente no se aparta de la mía, porque he visto ocasiones en que nadie atiende el timón y el barco continúa como si nada.
Así que, no respondo, adelantándome para tomar el mando. Jay me juzga un poco antes de apartarse.
—Todo un experto —la escucho burlarse a mi espalda, cuando apenas toco la madera.
—Aprendo rápido, así que no me subestimes.
Hablamos un rato más sobre el clima y lo malo que es para el oleaje en estos días, todavía más a causa de la poca ayuda con la que contamos ahora para arreglar asuntos de velas y mástiles.
—Hace días que no subes —señalo hacia el mástil más alto—. Tiene mucho, ¿no?
—Sí. Necesito hacerlo hoy, es verdad…
—¿Qué? No. No puedes sostenerte bien de la red, déjame hacerlo.
—¿Hacerlo tú, Hartley? —se ríe, cruzándose de brazos—. No es lo mismo que dirigir el barco, vas a subir hasta la plataforma.
—¿Y qué, Jaylynn? —replico, igual de divertido—. Yo bajé hasta tocar el fondo del mar, no será problema subir hasta ahí.
—Es porque yo te ayudé.
—Es porque tú me ayudaste —coincido, girándome para mirarla apenas—. Te gusta mucho mi nombre, ¿no?
Me observa con desconcierto hasta que continúo.
—Lo dices mucho cada vez que hablamos.
—Creo que es un empate —murmura, y su tono cambia un poco.
—Lo es.
De nuevo, silencio. Uno que no es para nada incómodo, y yo sí que sé de silencios.
Por fin me vuelvo hacia ella y descubro que ya me esperaba.
Sonrío, sin poder evitarlo.
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Editado: 04.07.2026