El canto del mar y la sirena

17

Jaylynn

Esquivo la espada de Dave apenas pensé que apuntar a mi cuello sería lo primero que haría para devolverle el golpe ahora que intenta repeler. Y, claro, le ha costado caro comenzar fuerte el entrenamiento, porque sí logre alcanzarle la clavícula con el metal.

—¿Estás de mal humor hoy o por qué me tratas así? —dice, pero esquiva por poco otro golpe.

—Deberíamos dejarnos de juegos, ¿no crees? —replico sin dejar de moverme por la cubierta—. Y estás bastante oxidado…

Me apunta al costado, pero hago volar su espada hasta el otro lado del barco esquivando a varias personas en el proceso. Eso no fue intencional.

—¡¿Lo viste, Gilly?! —le grita Dave a su hija, que el único error que cometió hoy es jugar cerca del mástil, sin importarle lo más mínimo que su padre pelee conmigo—. ¡Quiere dejarte sin papá!

—No le digas esas cosas —espeto, pasando al lado de la niña para buscar el arma. Gilly incluso me saluda y no puedo evitar el impulso de acariciarle la cabeza cuando noto las pequeñas trenzas rubias que le han hecho hoy—. Se las va a creer cuando crezca.

Esquivo un par de miradas cuando regreso a la proa, entre ellas la de Achard. Hace ya varios días que he estado evitándolo, y nada ha cambiado. Todavía no estoy lista para hablar con él, y tampoco para escucharlo.

—Entonces…, ¿cambiamos de arma? —ofrezco clemencia por Dave, que parece recuperar el aliento al tiempo que golpea el aire con su espada, dando un espectáculo para Gilly.

—No, a ti te gustan estas. O en realidad no lo sé —se toma su tiempo para pensar, rascándose la cabeza—. Eres como la persona más difícil de complacer, te molesta ganar, te molesta perder…

—Me molesta la incompetencia.

—¿Qué más buscas arriba de un barco, Jay? No es como si hubiera mucha opción.

—Oh, la hay —tomo una de las pistolas sobre la mesa de armas que limpiaba antes de encontrarme, apuntando a las botellas que he colocado—. Cuando llegué aquí tenía el mismo objetivo que hoy.

—¿Asesinarnos a todos tarde o temprano?

—Conseguir la vida que merezco —replico con irritación, haciendo volar en pedazos la primera botella—. Dinero y mucho más dinero.

—Cuando eras una niña te escuché decirlo, pero ahora las cosas son preocupantes.

—Dave, tienes una hija —murmuro en voz baja, sin motivo de ofensa—. Tú y Leonie son muy felices, sí, y me alegro, pero no todos tenemos mucho por lo que despreciar las cifras.

Se queda en silencio cuando el romperse del vidrio suena de nuevo, y entonces bajo el arma.

—¿Y qué harás con ese dinero sin nadie con quien compartirlo? —Dave me observa apoyado en el mástil junto a Gilly—. ¿Nadar en él?

—Eh, ¿no? Compraría una casa, un barco, me divertiría cada noche… —empiezo con eso porque sé lo que vendrá. Lo espero aguantando la risa.

—Qué saben los jóvenes —replica como si no me llevara dos años—. Siempre tirando el dinero.

No aguanto las carcajadas esta vez, y él se irrita.

—Sabemos que en la vida nada es gratis, no te preocupes —la presencia de alguien más me hace sonreír—. ¿No es así, Hartley?

—Claro que sí, pero… —empieza este, acercándose con otra caja de armas para dejar sobre la mesa con cuidado—. También divertirse es parte de vivir.

—¿Cuál es tu idea de diversión? —Dave nos mira ahora, intrigado—. ¿Es la misma que la de Jay?

—No sé cuál sea la suya, pero la mía… —comenta el muchacho con cierta nostalgia fingida. Niega aguantando la risa—. Es vida absoluta, se los prometo.

Dave ríe con él cuando entiende el punto que yo no.

—Pues la vida en el mar debería ser algo parecida, ¿no? —empiezo para sorpresa de ambos—. Deberíamos mostrarte esta noche. ¿Qué dices?

Se nota que lleva tiempo sin divertirse, así que quiero hacer esto por él. Hartley asiente, yéndose de nuevo a la bodega para traer más cargamento. Debería terminar con las tareas temprano, porque me genera cierta intriga lo que pasará esta tarde.

Sin embargo, Dave me observa aun cuando me encuentro disparando otra vez.

—¿Qué? —suelto sin poder evitarlo.

—¿Eres amable con quien te da la gana o cómo funciona?

Estoy a punto de responder cuando Hartley vuelve con otro par de cajas, dejándolas en su sitio. No se me escapa la mirada rápida que le da a la venda en mi mano, casi como si la evaluara.

Aguanto la sonrisa cuando al comprobar algo regresa con tranquilidad a la bodega.

—¿Sabes algo sobre el capitán? —pregunta Dave cuando Gilly se aleja más de nosotros—. Escuché que no has hablado con él en absoluto.

—Yo todavía… todavía no sé qué decir —es todo lo que respondo antes de llenar el aire con disparos otra vez.

—¿El plan seguirá en pie?

—Claro que lo está, no creo que…

—Pero ¿y si cree que conseguir eso nos arruinará todavía más? ¿Y si de verdad es peligroso?

—No sé qué es lo que piensa, pero es seguro que continuaremos. Querrá venganza, como debe ser.

Y en lo que se decida, ahí voy a estar yo. No soporto cuando nadie se toma en serio mis planes, y cuando los pisotean me gusta regresar el gesto. Todos deben sentirse así, es un hecho.

—Tengo un par de pistas para encontrar a Caitlyn —miento, y eso llama la atención a Dave.

—¿Qué? ¿Cómo?

—No estoy segura de qué tan verídico sea decirlo, pero creo que le escribió una carta a Hartley. Llegaron dos con el sello de su familia esta mañana, pero una parece más importante que la otra. No se la di, claro, pero…

—¿No se la diste? ¿Por qué no se la diste? Es su hermana, tiene derecho a…

—Creí que los prisioneros no tenían autoridad aquí —replico por puro capricho. Dejo a un lado el arma con irritación—. O eso es lo que no paraban de decir hace unos días, ¿no?

Niega.

—Deberías dársela, ahora que no lo sabe.

—¿Y para qué? No sabe que la tengo.

No necesita leer nada de lo que esa… Ni siquiera sé cómo llamarla, pero ya la odio. Y tampoco quiero que se preocupe por nada, en estos días se ha estado adaptando bastante bien.




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